Sexo, drogas e internet: el fenómeno del chemsex que inquieta a la salud pública en Argentina

El avance del chemsex en Argentina, impulsado por apps y consumo de drogas, enciende alertas por el aumento de riesgos para la salud sexual.

07 de abril, 2026 | 09.45

La combinación entre encuentros sexuales facilitados por aplicaciones, consumo de drogas y prácticas de riesgo dejó de ser un fenómeno marginal para convertirse en un tema de creciente preocupación sanitaria. El fenómeno, conocido como chemsex, describe el uso de sustancias psicoactivas para potenciar, desinhibir y prolongar las relaciones sexuales, en un contexto atravesado por la inmediatez que habilita internet.

Según el médico sexólogo Walter Ghedin, esta práctica configura “una tormenta perfecta”, el acceso inmediato a contactos a través de apps, sumado al consumo de drogas estimulantes, dispara escenarios donde aumentan tanto las adicciones como los riesgos de contraer infecciones de transmisión sexual (ITS).

Las sustancias más frecuentes en el chemsex incluyen metanfetamina (conocida como “tina”), mefedrona, GHB (ácido gamma hidroxibutírico), MDMA (éxtasis) y poppers, muchas veces combinadas con alcohol, cocaína o fármacos como el sildenafil. El efecto buscado es intensificar las sensaciones y extender el encuentro sexual durante horas, incluso días. Pero ese mismo efecto conlleva una contracara peligrosa, con pérdida de control, menor percepción del riesgo y prácticas sin protección.

Aunque el uso de drogas ligado al sexo no es nuevo, ya desde la contracultura del siglo XX con el lema “sexo, drogas y rock and roll”, el diferencial actual está en la tecnología. Las aplicaciones de citas y mensajería permiten organizar encuentros o fiestas sexuales de forma casi instantánea, multiplicando las oportunidades de consumo y exposición.

Qué ocurre con el chemsex en Argentina

En Argentina, distintos informes oficiales reflejan un escenario que enciende alarmas. De acuerdo con datos del Ministerio de Salud, cada año se notifican alrededor de 5.000 nuevos diagnósticos de VIH, mientras que otras ITS como la sífilis vienen en aumento sostenido, especialmente en jóvenes adultos. En paralelo, estudios del Observatorio Argentino de Drogas indican que el consumo de sustancias psicoactivas en contextos recreativos sigue creciendo, con mayor prevalencia en ámbitos urbanos.

El chemsex aparece con más frecuencia en varones de entre 25 y 40 años, especialmente dentro de la comunidad de hombres que tienen sexo con hombres (HSH), aunque no se limita exclusivamente a ese grupo. En muchos casos, se trata de personas que ya consumían drogas, pero también hay quienes se inician en este contexto, impulsados por la curiosidad, la presión social o la necesidad de vencer inhibiciones.

El chemsex es el uso de sustancias psicoactivas para potenciar, desinhibir y prolongar las relaciones sexuales.

“El problema no es solo el consumo, sino la pérdida de registro”, advierte Ghedin. Bajo los efectos de estas sustancias, se reduce la capacidad de tomar decisiones seguras: desde el no uso del preservativo hasta prácticas sexuales de mayor riesgo o el uso incorrecto de métodos de protección.

Además, la combinación de drogas depresoras del sistema nervioso central, como el GHB, el alcohol o los poppers, puede provocar efectos adversos graves, como hipotensión, pérdida de conciencia e incluso situaciones de sobredosis. Frente a este panorama, especialistas insisten en la necesidad de reforzar las campañas de prevención, adaptándolas a los nuevos códigos digitales y sexuales. Esto incluye promover el uso de preservativo, testeo regular de ITS, acceso a profilaxis como la PrEP (profilaxis preexposición al VIH) y, sobre todo, información clara sobre los riesgos del consumo combinado de sustancias.