Mientras se pone en práctica un intento de aniquilar la Comisión Nacional de Energía Atómica, cuyos proyectos más emblemáticos fueron detenidos, su presupuesto diezmado y en estos días está sufriendo la expulsión de agentes altamente capacitados (lo que dio lugar a escenas de militarización que recuerdan épocas oscuras), acaban de publicarse los resultados del llamado a becas posdoctorales 2025. Se otorgaron 505. Dentro de ese número figuran las correspondientes a las modalidades “en centros de investigación y transferencia” (CIT) y Cofinanciadas. “Las becas se iniciarán el 1º de agosto de 2026, sujetas a la disponibilidad presupuestaria del organismo”, se informó. La distribución se realizó asignando el 70% del cupo a proyectos enmarcados en los “temas priorizados” y en las regiones geográficas y áreas temáticas prioritarias. El 30% restante se destinó siguiendo el orden de mérito en cada una de las disciplinas científicas y tecnológicas dividido por 4, igual para cada gran área en las que se divide el sistema.
En cuanto se conocieron las designaciones, una ola de desesperación recorrió la comunidad científica.
“Fue una matanza, mal –comentó un investigador–. No puedo creer que todavía haya gente que se presenta a la ‘posdoc’. Me imagino que deben ser personas que por motivos particulares no pueden salir del país. En algunas carreras quizá se entiende, cuando se da una combinación de altísima vocación con falta de otra oportunidad. Pero más allá de lo personal, interrumpir en ese punto las carreras científicas es lo más caro para el país: el Estado paga la formación de una persona para que termine en el exterior, o en una empresa o universidad privada sin que haya ningún retorno. Pingüe negocio. Además, hay muchísimos postulantes que recibieron resolución de ‘denegada’, la fórmula para aludir a que ‘no cumplen con las condiciones académicas establecidas para acceder a la beca’. Sin embargo, pasaron por comisión, tienen puntaje y tienen dictamen”.
Quinientas es alrededor del 60% de lo que se otorgaba en 2023. Pero más allá del número absoluto (téngase en cuenta que solo el Conicet tiene más de 300 institutos), hay áreas y líneas de investigación consolidadas que en estas condiciones quedan al borde de la extinción.
“El impacto no es igual para todos. Sobrevivirán los grupos más grandes, pero hay áreas que van a desaparecer –comenta una científica en cuyo instituto no se asignó ninguna–. Más allá de los números y de los problemas de evaluación dentro de nuestra comisión, que no son nuevos, hay líneas que, con estos resultados, desaparecen. Es el caso de la de mi becaria. Estamos hablando de personas que durante cinco años se formaron en un tema en el que hay pocos o casi ningún experto en el país. Es una pérdida para todos. En el caso de esta persona, su plan de trabajo fue diseñado para contribuir, a más largo plazo, a la gestión. Así, mi grupo, uno de los pocos que estudian este tema, queda con muy pocas posibilidades de continuar. Todavía no lo puedo creer. Estaba segura de que iba a entrar. Tendría que haber quedado arriba sólo por sus antecedentes, porque tenía tres años más de doctorado que el resto (porque conmigo arrancó cuando ya tenía tres años de un doctorado previo). Nosotros la veníamos remando, como todos. Pero sin personas no hay posibilidad de nada. Los grupos experimentales necesitan mucho financiamiento; nosotros necesitamos formar y sostener personas. Sin eso, las líneas de investigación desaparecen”.
“Es muy notorio cómo se van estrechando año a año las plazas disponibles en cada categoría. En la convocatoria de 2020 (que se resolvió en 2021), la llamada de 2021 (que se resolvió en 2022) y la de 2022 (que se resolvió en 2023), estuvimos en alrededor de 700 con un tope de 800 (en 2022/23) para becas posdoctorales, que son un enlace entre la formación doctoral y el ingreso a carrera –explica Nicolás Lavagnino, coordinador del grupo Economía, Política y Ciencia (EPC)–. Pero todos los ámbitos caen de manera acelerada. Además, el otro problema es que todos los años se doctora gente y vas teniendo un grupo de doctores jóvenes que compiten por la beca posdoctoral y tampoco están pudiendo ingresar; es decir, vas teniendo una brecha cada vez mayor entre aspirantes ya doctorados y las plazas que tenés en la carrera. El sistema tiene cada vez más doctores sin destino, más allá de que se presenten o no a estas becas”.
En la Argentina se están doctorando entre 1600 y 1800 personas por año; de ellos, en la última convocatoria hubo 1320 postulantes a beca posdoctoral. “Este es un indicador para tomar con pinzas –explica Lavagnino–. El ratio postulantes/otorgadas no es malo, pero porque bajó todo. Se postula menos gente para becas peor pagas, y a su vez dan menos becas... En algunos casos el estipendio es tan bajo que disuade, porque queda por debajo del salario de convenio en el sector privado en áreas no formales, como por ejemplo comercio. Históricamente, el sistema le permitía al 40% ingresar al Conicet y a otro 20%, en distintos organismos e instituciones del sistema científico. Pero con el achicamiento generalizado, ese quantum de doctores no tiene dónde ir”.
“El ingreso a la carrera del investigador es un proceso muy largo –detalla el físico Jorge Aliaga, integrante del directorio del Conicet en representación de las universidades–. Primero, se abre la inscripción, luego se evalúa, luego se selecciona a los postulantes (lo hace el Directorio sobre la base de los listados que hacen las 28 comisiones y los criterios que se acuerdan). Las personas seleccionadas tienen 90 días para presentar la documentación que se pide. Si no lo hacen, pierden la plaza. Con los que siguen, se hacen las designaciones. Una vez designada, cada persona tiene seis meses para tomar el alta. Si no lo hace, se da de baja el trámite y debe empezar desde cero”.
Dicho esto, los ingresos a la “carrera del investigador científico” están extremadamente retrasados y reducidos, y obligan a los postulantes a seguir un camino tortuoso e incierto. “Hubo una convocatoria en 2022, cuyos seleccionados se dieron a conocer entre septiembre-noviembre de 2023. Eran unos 850 –explica Aliaga–. De esos, unos 300 fueron designados recién entre octubre y diciembre de 2025. En 2025, además, se designaron unas 100 personas de convocatorias anteriores que por distintas razones habían quedado en el aire, algunos porque estaban en el exterior, otros porque eran extranjeros y todavía no les había salido la ciudadanía, etcétera. De esa convocatoria, quedan unos 550 pendientes. Hubo una convocatoria abierta a fines de 2023 (CIC 2023), que se evaluó entre 2024 y 2025. Salieron los listados de seleccionados en agosto de 2025. Son otros 400. Están en la cola para ser designados después de terminar con los de 2022. También hubo una convocatoria a fines de 2025 (CIC 2025). La inscripción fue a principios de este año y se está empezando la evaluación. La idea es que los resultados estén para julio-agosto de 2027. Es decir, no hubo convocatoria ni ingresos en 2024. Ahora se puso en marcha, con un "cupo anual" de 400 cargos, que es más o menos la cantidad de bajas anuales y entonces con eso la planta ni sube ni baja. Viene todo muy lento y retrasado”.
Lo que reclaman los posdoctorados que finalizan el 31/7/26 y se presentaron a la convocatoria CIC 2025 (el grupo que se manifestó esta semana en la intersección de Godoy Cruz y Santa Fe y fue reprimido por la Policía de la Ciudad), es que se les prorrogue el estipendio hasta que estén los resultados. Hay una norma que dice que los becarios que ya están seleccionados para ingresar a la CIC son prorrogados hasta el alta… pero en 2024 no hubo convocatoria y ahora quedaron en el limbo. “Son cosas que siempre habían sido así, basadas en que se quería fortalecer el sistema. Pero no es la situación hoy”, lamenta Aliaga.
Hay soluciones, pero dependen de la voluntad política de la conducción del sistema científico que, a todas luces, no están interesados en su fortaleza.
“Además, hay una muy baja capacidad de absorción de los doctorados por parte del sistema universitario –agrega Lavagnino–. Y son personas que el país formó durante 15 años. Es una locura todo lo que está pasando”.
“Si el problema fuera solamente de los posdocs, quizá podría sobrellevarse –concluye el virólogo Mario Lozano, exdecano de la Universidad Nacional de Quilmes–. Pero eso, sumado a la falta de financiamiento, a que se ahoga a las universidades, a la reducción de becas en otros niveles, la deslegitimación de la opinión científica…. Es demasiado, ¿no?”
