En el sur de la provincia de Buenos Aires se encuentra Estela que, tras resistir 30 años, se convirtió en un pueblo fantasma bonaerense. Durante gran parte del siglo XX esta localidad, ubicada en el partido de Puan, fue un punto vital de la producción agrícola, pero desde el 2023 se convirtió en un rincón desolado donde solo quedan estructuras vacías en pie.
Estela de años de esplendor a ser un rincón abandonado de la Provincia
Muchas personas deciden recorrer la zona de lo que en algún momento fue un pueblo lleno de vida, pero hoy el paisaje estremece: hay una estación de tren desmantelada, vías cubiertas por el pastizal y el eco de lo que alguna vez fue una comunidad activa. Lo más llamativo es que se convirtió en un fantasma recién en 2023, cuando sus últimos residentes decidieron abandonar el pueblo.
Estela fue fundado en 1908 con la estación del Ferrocarril Roca que llevó al asentamiento de los vecinos. Su nombre, cargado de un tinte familiar y afectivo, rinde homenaje a la hija de Ramón López Lecube, un hacendado fundamental para que el tren llegara a estas tierras.
Durante sus años dorados, el pueblo llegó a tener una dinámica envidiable para su escala. Aunque nunca tuvo mucha población, su pico rondó los 90 habitantes, contaba con todo lo necesario para ser autosuficiente: una escuela que recibía a los chicos de los campos cercanos, una comisaría, almacenes de ramos generales y hasta una importante empresa harinera que distribuía su producción por la región pampeana. Su economía se mantenía activa gracias al ramal que unía Villa Iris con Empalme Piedra Echada.
El camino al abandono y el adiós definitivo en 2023
El declive del pueblo fue lento y se debió a factores como la baja rentabilidad de las pequeñas parcelas agrícolas y la falta de futuro para las nuevas generaciones, que iniciaron un éxodo constante. Sin embargo, el mayor golpe fue la pérdida del impulso ferroviario. A medida que el tren dejó de pasar con la frecuencia, Estela fue perdiendo su razón de ser, y los censos empezaron a mostrar una realidad cruda: de los 25 habitantes en 2001, se pasó a solo dos personas en 2010.
Fue el matrimonio de Jorge Fajardo y María Celia Romero, quienes durante más de una década vivieron en el pueblo. Si bien la paz y el campo los mantenían atados a su hogar, la falta de servicios básicos terminó por expulsarlos. Entre el 2022 y 2023, tomaron la decisión de mudarse para estar cerca de sus hijos y contar con la atención médica necesaria.
Así, Estela pasó a quedar deshabitada. Hoy, si pasás por ahí, podés ver las señales oxidadas y las casas que el pasto empieza a reclamar, recordándonos que, cuando el tren se va para siempre, a veces se lleva consigo el alma de todo un pueblo.
