La trama oscura del uso de drogas, particularmente propofol y fentanilo, de clínicas y hospitales para fiestas privadas y uso recreativo que involucra a personal médico y anestesistas de distintos centros de salud se investiga, en principio, en causas separadas pero ya tiene un trágico saldo de dos muertos y un grupo de investigadores trabajando para poder unir los expedientes. Sin embargo, los especialistas coinciden en que con estos casos se revela una estructura delictiva que organiza fiestas y encuentros entre profesionales de la salud a las que llamaron “viajes controlados” y que ocupa para esos encuentros el uso de medicaciones y anestesias que son sacadas de forma ilegal de los hospitales. La duda que permanece es si detrás de esto hay un esquema que vende esa medicación.
El primer caso que sacudió el ambiente y empezó a poner en palabras el esquema de los “viajes controlados” fue la muerte del anestesista Alejandro Zalazar en su departamento de la calle Juncal en el barrio porteño de Palermo. Allí los investigadores encontraron drogas que habían sido robadas del Hospital Italiano, lo que desencadenó la investigación que terminó con la renuncia del anestesista Hernán Boveri y la residente Delfina Lanusse. En este segundo expediente los profesionales fueron imputados por administración fraudulenta de drogas y un audio que se volvió viral fue una de las piezas para conocer cómo robaban la medicación y cómo organizaban las reuniones. Así se supo que el propofol y fentanilo encontrado junto al cuerpo de Zalazar, como así también varios insumos médicos, fueron presumiblemente robados de la misma forma que Boveri y Lanusse lo hacían en el Hospital.
Las causas por la muerte de Zalazar y el robo de drogas del Hospital Italiano se conocieron a mediados de marzo pero se originaron el 20 de febrero pasado tras el hallazgo del cuerpo del anestesista. Boveri y Lanusse fueron indagados por la Justicia y se declararon inocentes aunque no respondieron preguntas y prometieron presentar un escrito. Sin embargo, también declararon como testigos los jefes de los imputados y reconocieron que la joven había manifestado tener problemas de consumo de drogas desde hacía al menos dos años. Al mismo tiempo, se sumó a las investigaciones el testimonio de una amiga de Lanusse, también con vínculos con Boveri, identificada en la causa como Tati Leclerc. En su testimonio, la joven confesó que consume drogas recreativas desde antes de entrar como residente de anestesiología del Hospital Rivadavia y luego empezó a consumir sustancias de uso quirúrgico que habrían sido robadas del Hospital Rivadavia, donde tanto ella como Alejandro Zalazar trabajaban.
Así los investigadores encontraron el nexo que, en principio, permite unir de forma simple a los involucrados. Alejandro Zalazar trabajó en el Hospital Rivadavia donde conoció a Tati Leclerc y ambos consumían drogas de uso quirúrgico. Según el expediente, ese tipo de drogas eran las mismas que Delfina Lanusse, amiga de Tati, y Hernán Boveri robaban del Hospital Italiano. Junto al cuerpo de Zalazar había medicamentos robados del Italiano. De esta forma, las causas se unen pero la Justicia necesita otro tipo de pruebas y allí empieza a analizarse la trazabilidad de esas drogas. En la casa de Zalazar encontraron propofol y fentanilo, las mismas que aseguró Leclerc que consumían en las fiestas a las que asistía con Lanusse.
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En las últimas horas, la trama del robo de medicación hospitalaria sumó dos nuevos capítulos. El primero fue el faltante de 25 ampollas de fentanilo del Hospital Municipal de Bahía Blanca. La sorpresa para los investigadores es que no hay ningún vínculo que permita unir un robo en un Centro Médico a más de 700 kilómetros de Capital Federal, pero señala que el esquema de robo de drogas de farmacias hospitalarias no es único del ámbito porteño. Por otro lado, el hallazgo del cuerpo de otro enfermero rodeado de ampollas y medicamentos robados de hospitales encendió todas las alarmas. Se trata de Eduardo Bentancourt, un enfermero entrerriano que vivía en Palermo y fue encontrado muerto el viernes en su departamento.
La información oficial determinó que murió producto de una “cardiopatía hipertrófica y dilatada con congestión pulmonar”. Sin embargo, los investigadores esperan los resultados finales de la autopsia ya que en la casa del enfermero encontraron varias ampollas de propofol, lidocaína, dfenhidramina, dipirona, hioscina, fentanilo, Diclofenac, Clonazepam, Midazolam, Dexzametazona, adrenalina, Haloperdol, Metoclopramida, Diazepam, Keterolac, cloruro de potasio, Ceftriaxona, penicilina, Succinivolina, junto a guantes de látex y una jeringa. Además, los peritos detectaron una ampolla de medicamento vacía en el tacho de basura y otras dos de las ampollas estaban abiertas y tenían contenido líquido que será peritado a mediados de mayo. Hasta el momento, los investigadores pudieron saber que Bentancourt no estaba trabajando en el circuito de clínicas y hospitales por lo que todavía se desconoce de donde salieron los medicamentos encontrados en su casa.
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Mientras tanto, los investigadores de las tres causas porteñas analizan los expedientes en busca de claves que les permita unir a las víctimas con los acusados y conocer si las fiestas y los “viajes controlados” son parte del mecanismo en el que todos los involucrados podrían ser un eslabón. Así mismo, el trabajo en las comunicaciones de Zalazar, el primer anestesista encontrado muerto, y en los tres celulares encontrados en la casa del enfermero Bentancourt, busca determinar si existen vínculos en donde se conjugue el robo de medicamentos y la posible venta de esas fiestas. Así, también buscan conocer quienes más formaban parte de la organización de las fiestas ya que en los mensajes analizados surge que “había un un encargado de brindar asistencia respiratoria en caso de que algún participante sufriera apnea que podía ocasionar la muerte”.
