Pasó 311 días en el espacio y, al regresar, descubrió que su país había dejado de existir

En 1991, un cosmonauta soviético quedó varado en el espacio tras ser noticiado de la disolución de la URSS.

02 de junio, 2026 | 18.17

No se trata de ciencia ficción, sino de una historia real: Sergei Krikalev, un cosmonauta soviético, quedó varado en el espacio en 1991, justo cuando la Unión Soviética atravesaba sus últimos meses de existencia. Mientras cumplía una misión en la estación espacial Mir, recibió una noticia que cambiaría para siempre su vida y lo convertiría en una figura única de la exploración espacial. "No podemos ocultártelo más… la Unión Soviética se está derrumbando", le comunicaron desde la Tierra.

Desde el centro de control le plantearon dos alternativas: abandonar la estación espacial y regresar cuanto antes o permanecer en órbita para cuidar el último gran símbolo del programa espacial soviético. Krikalev eligió quedarse. La crisis económica y política que atravesaba la URSS dificultaba la organización de nuevas misiones y la llegada de una tripulación de reemplazo.

Sergei Krikalev es considerado por la historia como el último ciudadano soviético.

Su regreso recién se produjo en marzo de 1992, después de permanecer 311 días en el espacio y completar más de 5.000 vueltas alrededor de la Tierra. Cuando despegó era ciudadano soviético, mientras que cuando aterrizó, la Unión Soviética ya no existía y había sido reemplazada por la Federación Rusa. Por ese motivo, la historia lo recuerda como "el último ciudadano de la URSS".

Cómo quedó atrapado en el espacio mientras desaparecía la Unión Soviética

Krikalev había partido hacia la estación espacial Mir en mayo de 1991 como parte de una misión que, en principio, debía durar apenas unos meses. Sin embargo, durante su estadía en órbita se produjo el acelerado colapso político de la Unión Soviética. Las repúblicas que integraban el bloque comenzaron a declarar su independencia, la economía se hundió y el gobierno central perdió capacidad de funcionamiento.

En ese contexto, el programa espacial soviético también sufrió las consecuencias. La falta de recursos y la incertidumbre política retrasaron los planes para traer de regreso al cosmonauta. Mientras observaba la Tierra desde cientos de kilómetros de altura, Krikalev seguía por radio las noticias sobre protestas, cambios de gobierno y el fin de una de las mayores potencias del siglo XX.

Finalmente, logró regresar a bordo de una nave Soyuz en 1992. Su caso quedó registrado como uno de los episodios más extraordinarios de la carrera espacial, ya que fue testigo privilegiado de un acontecimiento histórico sin precedentes: vio desaparecer a su país mientras orbitaba el planeta.