"Cada vez hay menos luciérnagas en Argentina": por qué se están apagando en el país y qué hay detrás, según expertos

La sensación es cada vez más recurrente y los especialistas sostienen que hay causas concretas detrás de esa ausencia. El deterioro silencioso de los ecosistemas y la contaminación lumínica.

10 de julio, 2026 | 06.00

La sensación es cada vez más recurrente: "Cuando era chico se veían más". Las luciérnagas, esos insectos que iluminaban las noches de verano en patios y campos, parecen estar desapareciendo. Hay causas concretas detrás de esa ausencia, y los especialistas advierten que la pérdida de estos pequeños escarabajos no es solo un golpe a la infancia de muchos, sino un síntoma de algo más profundo: el deterioro silencioso de los ecosistemas que sostienen la vida.

Las luciérnagas son coleópteros de la familia Lampyridae. Su brillo característico, que proviene de un proceso químico llamado bioluminiscencia, no es un adorno: es su lenguaje. Con esa luz se comunican para encontrar pareja, advertir a los depredadores sobre su toxicidad, o coordinar estrategias de caza en algunas especies. La bioluminiscencia está presente en todas las etapas de su vida: huevo, larva, pupa y adulto, y su intensidad y frecuencia varían según la especie y el mensaje que quieran transmitir.

En Argentina, las luciérnagas se concentran especialmente en el noreste del país, con mayor diversidad en Corrientes y Misiones. También habitan en zonas donde todavía hay grandes extensiones de oscuridad: parques nacionales, reservas naturales y áreas cercanas a humedales. Su presencia es un indicador de la salud del ecosistema: donde hay luciérnagas, hay humedad, plantas nativas y alimento para sus larvas.

Este proyecto lo hacemos colectivamente. Sostené a El Destape con un click acá. Sigamos haciendo historia.

SUSCRIBITE A EL DESTAPE

Sin embargo, en las últimas décadas, las luciérnagas han comenzado a desaparecer de zonas urbanas, periurbanas y áreas agrícolas intensivas. No se trata de una percepción subjetiva: es un desplazamiento forzado, impulsado por la expansión de la frontera agrícola, la urbanización descontrolada, el uso de agroquímicos y, sobre todo, la contaminación lumínica que interfiere con su principal herramienta de reproducción: la luz.

Luz propia, comunicación y supervivencia

Para entender qué está pasando con las luciérnagas, primero hay que entender qué son y por qué brillan. Gastón E. Zubarán, entomólogo y técnico del CONICET, perteneciente a la Colección Nacional de Entomología del Museo Argentino de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia, explica que se trata de coleópteros de la familia Lampyridae. Su característica más distintiva, la emisión de luz, no es un adorno, sino un sistema de comunicación sofisticado. "El brillo o luz que producen es su manera de comunicarse. Para conseguir pareja, alimento, o advertir a posibles predadores", detalla.

La intensidad y frecuencia de los destellos varían según la especie y el mensaje, y la bioluminiscencia está presente en todas las etapas de su desarrollo: huevo, larva, pupa y adulto.

Dónde brillan y dónde se apagan

En Argentina, la presencia de luciérnagas no es homogénea. Zubarán señala que se concentran en zonas con grandes extensiones de oscuridad y humedad: esteros, parques nacionales y reservas naturales. "Dentro de la distribución de la familia en el país, la mayor diversidad se da hacia el noreste, en Corrientes y Misiones", precisa. Pero la expansión de la frontera agrícola, el avance de la urbanización y el uso de agroquímicos están fragmentando esos hábitats. "Las luciérnagas sufren desplazamientos obligatorios de sus lugares naturales. Afectadas directamente por el accionar humano", advierte.

La desaparición de las luciérnagas no responde a una sola causa, sino a un cóctel de factores que actúan sobre todas las etapas de su ciclo de vida. Zubarán enumera algunas de ellas: "Los adultos necesitan estar en espacios donde sus destellos sean visibles para encontrar pareja. Sin este primer paso no hay descendencia. La contaminación lumínica es un gran problema, junto con el avance de la urbanización". A ello se suman el relleno de humedales para construir barrios y el uso de pesticidas que, según explica, "terminan matando a mucho más de lo que dicen".

El ciclo de vida de las luciérnagas agrega otra capa de vulnerabilidad. "En la etapa como larva son voraces depredadores. Se alimentan de otros invertebrados de cuerpo blando como caracoles, babosas, lombrices", detalla. Si su fuente de alimento desaparece, la larva muere y no completa el ciclo. "Sin larvas no hay adultos", resume.

La caída de las poblaciones de luciérnagas no es un problema aislado, sino una señal de alarma. Zubarán sostiene que "siempre que se habla de luciérnagas está el comentario de 'cuando era chico se veían más'. Pero no se piensa sobre el por qué". Y agrega: "Las luciérnagas forman parte de los ecosistemas, tomando roles muy importantes como predadores de especies que, si tienen un gran crecimiento, podrían transformarse en plaga". Su desaparición rompería el equilibrio con otros artrópodos que dependen de ellas, como arañas, mantis e incluso otras luciérnagas.

Qué podemos hacer (y por dónde empezar)

Frente a este panorama, Zubarán no se limita a diagnosticar. Propone acciones concretas: "La contaminación lumínica y la pérdida de hábitat son las principales razones. Buscar maneras de poder avanzar sin afectar tanto los ecosistemas. Idear métodos de iluminación que no afecten tanto, ni que a su vez, sean desperdicio de luz". También sugiere generar espacios urbanos con zonas oscuras, humedad, plantas nativas y alimento para sus crías. "Construir o generar lugares urbanos como reservas, o dentro de patios o jardines en casas, donde las zonas oscuras sean un atrayente para las luciérnagas".

Zubarán define su trabajo como una herramienta para frenar el estigma hacia los insectos y fomentar una conciencia ambiental necesaria para proteger la biodiversidad. "Al educar sobre su importancia, se combate el estigma que traen consigo", afirma. Y concluye: "Sin el conocimiento adecuado sobre el rol de los insectos, es imposible valorar la conservación de hábitats vitales o únicos".

El iceberg y la paradoja

Ana Julia Pereira, Dra. en Biología Entomóloga, Investigadora de CONICET, docente en la Universidad Nacional de Río negro y en la Universidad Nacional del Comahue, profundiza en el fenómeno y explica por qué las luciérnagas se han convertido en el símbolo del declive de los insectos. "Es real que en aquellos lugares donde la gente percibe que hay menos luciérnagas existe realmente una disminución, que puede ser en su abundancia o en su diversidad", confirma. Pero señala que también puede suceder que su distribución geográfica se esté modificando, desplazándose a otros lugares donde las condiciones son menos hostiles. "No ocurre que la percepción no sea real, sino que puede no estar disminuyendo porque no están estos factores que afectan sus poblaciones".

Pereira agrega que las luciérnagas son un indicador visible de un problema mucho más amplio. "Hay muchas especies que están desapareciendo que ni siquiera tenemos idea porque no llegamos a conocerlas". Según datos de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, ya hay cerca de 50 especies de insectos consideradas extintas y alrededor de 200 en peligro crítico. "Los insectos son el grupo más abundante y diverso del planeta, y solamente se conoce un pequeño porcentaje de esas especies", enfatiza.

Sobre las causas, Pereira coincide con Zubarán: pérdida y fragmentación del hábitat, uso de pesticidas, contaminación lumínica y cambio climático. Y agrega un factor clave: las especies invasoras. "Ante la pérdida de especies más sensibles, estas especies invasoras van aprovechando y van aumentando sus poblaciones". Pone el ejemplo de la chaqueta amarilla, que se beneficia del aumento de la urbanización porque se alimenta de residuos y tiene una reproducción muy eficiente.

Para dimensionar el impacto de la desaparición de los insectos, Pereira introduce el concepto de servicios ecosistémicos: "Todos aquellos beneficios que nosotros como sociedad obtenemos de la naturaleza de manera directa o indirecta y que no pagamos por ellos". Los insectos ofrecen varios de estos servicios: polinización de cultivos, control biológico de plagas, descomposición de materia orgánica y reciclaje de nutrientes, y son la base alimentaria de muchos otros animales. "Si hay menos insectos, entonces hay menos alimento para los animales que ocupan un lugar más alto en la cadena trófica", resume.

La especialista menciona un ejemplo concreto que ilustra la contradicción del modelo productivo: "En el Alto Valle de Río Negro, los productores usan insecticidas para controlar plagas, pero después necesitan alquilar colmenas de abejas para polinizar sus cultivos y mejorar la calidad de la fruta para exportar. Es una paradoja: matan insectos pero después necesitan insectos".

La desaparición de las luciérnagas no es solo una pérdida estética. Es la advertencia de un ecosistema que se está quedando mudo y oscuro, y del que dependemos mucho más de lo que imaginamos.