Julio Cortázar, escritor: "Andábamos sin buscarnos, pero sabiendo que andábamos para encontrarnos"

Se trata de una de las frases más icónicas del escritor que invita a aceptar la incertidumbre en los vínculos. Por qué sigue vigente.

06 de mayo, 2026 | 08.18

Julio Cortázar escribió en 1963 una de sus frases más recordadas que todavía hoy tiene vigencia: "Andábamos sin buscarnos, pero sabiendo que andábamos para encontrarnos". Se trata de un fragmento de Rayuna, una de sus obras más conocidas que hoy funciona como una gran forma de describir las relaciones amorosas. 

En concreto, la frase pertenece al capítulo 7 de Rayuela, uno de los pasajes más citados y emotivos de toda la novela. En esas pocas líneas, Cortázar describe la relación entre Horacio Oliveira y La Maga, dos argentinos que se mueven por el París de los años 50 sin un rumbo demasiado preciso, atrapados en conversaciones filosóficas, en la música de jazz, en la pobreza elegida como forma de vida.

En solo algunas palabras, Cortázar logra capturar el amor que surge de la casualidad y termina siendo un proyecto planificado. Oliveira y La Maga no se buscan de manera deliberada: simplemente están en movimiento, y ese movimiento los conduce el uno hacia el otro.

La frase "Andábamos sin buscarnos, pero sabiendo que andábamos para encontrarnos" es de 1963

En medio de vínculos marcados por la inmediatez y las redes sociales,  la frase de Cortázar funciona casi como una interrupción necesaria. Propone que algunos de los encuentros más significativos de una vida no responden a ningún protocolo. No ocurren porque alguien tomó la decisión correcta en el momento adecuado, sino porque dos personas estaban en movimiento —cada una por sus propias razones— y sus trayectorias convergieron.

La frase también invita a revisar la relación con la incertidumbre. En un contexto social que penaliza el "no saber", donde la duda se percibe como señal de debilidad o de falta de dirección, Cortázar ofrece otra lectura: la incertidumbre puede ser productiva, puede ser el espacio en el que ocurren las cosas que valen la pena. No como consuelo fácil, sino como constatación honesta de cómo funciona la experiencia humana.

Cortázar escribió sobre el amor entre dos personas, pero la dimensión de su frase excede ese marco. Habla de cualquier cosa que valga la pena y que no pueda forzarse: la vocación, la amistad verdadera, la comprensión de uno mismo. Todo aquello que, cuando llega, llega porque uno estaba andando.

Quién fue Julio Cortázar

Julio Cortázar nació el 26 de agosto de 1914 en Ixelles, Bélgica, aunque se crió en la Argentina y es reconocido como uno de los pilares fundamentales de la literatura latinoamericana del siglo XX. Pasó su infancia en Banfield, provincia de Buenos Aires, y ejerció como docente en distintas ciudades del interior del país antes de radicarse definitivamente en París en 1951, ciudad que se convertiría en su hogar hasta el final de sus días.

Su obra abarca reconocidos cuentos, novelas, poesías y ensayos. Títulos como Bestiario, Las armas secretas y Final del juego definieron un estilo singular: la irrupción de lo fantástico en el tejido de lo cotidiano, la desestabilización de las certezas del lector, la exploración de los bordes entre la realidad y lo inexplicable.

En 1963 Cortázar publicó Rayuela, la novela que terminaría de consagrarlo. Una obra que desafía la propia noción de libro: puede leerse de manera lineal o siguiendo un tablero de instrucciones que el autor propone al comienzo, generando así recorridos distintos según quien la habite. Rayuela es, ante todo, una pregunta abierta sobre el amor, la libertad, la búsqueda de sentido y la posibilidad del encuentro genuino entre dos personas. Cortázar murió en París el 12 de febrero de 1984 a sus 69 años. Está enterrado en el cementerio de Montparnasse, junto a su compañera Carol Dunlop.