El 20 de mayo de 2025, unos albañiles que trabajaban en una obra en la avenida Congreso al 3700, en el barrio porteño de Coghlan, encontraron restos óseos enterrados bajo una pared lindera. Lo que al principio se vinculó con la casa donde había vivido Gustavo Cerati a principios de los 2000, terminó siendo el punto de partida para esclarecer una desaparición que llevaba cuatro décadas sin respuestas: los huesos pertenecían a Diego Fernández Lima, un adolescente de 16 años visto por última vez en 1984.
Este miércoles 20 de mayo se cumple un año de aquel increíble hallazgo. Para la familia, el aniversario llega con una certeza y una deuda: Diego ya no está desaparecido —sus restos fueron recuperados, identificados y velados en la Chacarita—, pero todavía no saben quién lo mató ni por qué motivo.
“Hace un año que no duermo”
Javier Fernández Lima, hermano del joven hallado en Coghlan, declaró a la prensa en los últimos días: “Dentro de tanto dolor, de tanta tristeza y de tanta espera, lo veo como positivo: Diego salió a la luz para que el mundo lo conozca”. Describe este año como un tiempo de “reencuentro” con su hermano, aunque el costo personal -asegura- fue altísimo.
“Hace un año que no duermo. Hace un año que la peleo con todos: abogados, fiscales... Pero voy a seguir hasta las últimas consecuencias”, manifestó sobre sus últimos meses.
También contó cómo cambió la vida de su madre, Irma Lima, de 88 años. Hasta el hallazgo, ella aún se asomaba a la ventana esperando que Diego apareciera o llamara por teléfono. “Ahora está triste, está apagada. Cuando ve la foto, llora. No puede entender”, relató Javier.
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Los avances judiciales que reactivaron la causa
La investigación puso en el centro del expediente a Cristian Graf, dueño de la propiedad lindera donde realmente estaban los restos (la confusión inicial se debió a un desplazamiento de tierra por el derrumbe de una medianera). Graf, ex compañero de colegio de Diego, había sido imputado por encubrimiento agravado pero, en octubre pasado, fue sobreseído.
Ante la determinación del juez, la fiscalía apeló la resolución y en noviembre la Cámara anuló el sobreseimiento, reorientando la causa hacia el homicidio.
En las últimas semanas, el caso recobró fuerza. El 4 de mayo del 2026, Gendarmería realizó una inspección con georradar en el jardín trasero de la casa de Coghlan. Según pudo saber este medio, el análisis de las imágenes aconsejó revisar un sector puntual del lugar, aunque la medida aún no está definida.
Además, la fiscalía reconstruye el entorno de Graf al momento de la desaparición. Entre los testimonios clave estuvo el de Daniela Barreiro, ex esposa de Graf y madre de sus tres hijos mayores, que vivió más de una década en la casa donde aparecieron los restos. También declararon Miguel Riños y Carlos Elizari, dos amigos de Graf de la época de los scouts, quienes entregaron sus teléfonos para extraer conversaciones de WhatsApp.
La ronda de testimoniales continúa este miércoles y se extenderá los primeros días de junio, con nuevos citados vinculados al círculo de amistades de Graf.
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“No hubo un solo día que no me acordara de Diego”
Para Javier, saber cómo murió su hermano fue un golpe terrible. “Diego tenía un golpe en la cabeza y signos de que se defendió. Lo acuchillaron por la espalda, después lo descuartizaron y lo enterraron. Saber todo eso es terrible”, dijo.
A pesar del dolor, encuentra consuelo en el apoyo de la comunidad. “Mi Facebook está explotado. Me escribe gente de todos lados, me apoyan y comparten mis publicaciones. Estoy solo con mis abogados, pero atrás tengo un ejército de gente de bien”, concluyó.
La familia Fernández Lima espera que este nuevo aniversario no pase en vano y que la Justicia finalmente determine quién fue el responsable del crimen que durante 41 años mantuvo a Diego en el limbo de los desaparecidos.
