"La economía nunca es libre: o la controla el Estado en beneficio del pueblo o lo hacen las grandes corporaciones en perjuicio de él". Esta célebre frase de Juan Domingo Perón no solo quedó grabada en la historia política argentina, sino que sintetiza el núcleo conceptual de la economía justicialista. Lejos de ser un simple eslogan, la definición funciona como la base doctrinaria que legitimó la intervención regulatoria del Estado en el mercado.
Para desarmar el alcance de esta afirmación del fundador del Partido Justicialista y entender su impacto, es necesario analizarla a través de dos grandes variables: su marco teórico y el contexto histórico en el que se llevó a la práctica.
El marco doctrinario: la caída del "libre mercado"
Para el peronismo, la idea del laissez-faire (dejar hacer) o del "libre mercado" no era más que una ficción teórica. Perón sostenía con pragmatismo que la economía jamás permanece en un estado de neutralidad o libertad absoluta. Si el Estado decide retirarse de su rol regulador, ese vacío de poder no genera una competencia perfecta ni beneficia a los ciudadanos; por el contrario, es ocupado de inmediato por los actores más poderosos del tablero: monopolios, oligopolios y el capital transnacional.
Bajo esta premisa, la encrucijada política y económica no radicaba en elegir entre una economía libre o una regulada, sino en definir quién ejercía el control de esa regulación:
- El Estado: conducido bajo el mandato de la soberanía popular, con el objetivo de garantizar la Justicia Social y una distribución equitativa de la riqueza.
- Las corporaciones: impulsadas exclusivamente por el interés privado y el lucro, lo que inevitablemente derivaba en la explotación de la fuerza laboral y en la consolidación del colonialismo económico.
Esta visión se convirtió en el pilar de la Tercera Posición, la propuesta geopolítica del movimiento que buscaba trazar un camino propio para la Argentina, tomando distancia tanto del capitalismo individualista consolidado por Estados Unidos como del colectivismo estatal de la Unión Soviética.
Del papel a la realidad: el contexto del Primer Peronismo (1946-1955)
La frase cobró fuerza real al calor de las transformaciones estructurales que experimentó el país a mediados del siglo XX. El gobierno peronista sepultó el viejo modelo agroexportador de corte liberal para dar paso a una era de industrialización por sustitución de importaciones (ISI).
Este giro estratégico se tradujo en tres medidas fundamentales que reconfiguraron el mapa nacional:
- La creación del IAPI: a través del Instituto Argentino de Promoción del Intercambio, el Estado nacionalizó el comercio exterior. La institución concentraba la compra de las cosechas a los productores locales y las vendía al mercado internacional. Las ganancias obtenidas se reorientaban para subsidiar el desarrollo de la industria local y asegurar alimentos a precios accesibles en el mercado interno.
- Estatización de los servicios públicos: el patrimonio nacional recuperó sectores estratégicos que estaban en manos extranjeras. Se adquirieron los ferrocarriles (hasta entonces británicos), los teléfonos, el gas y los puertos, bajo la premisa de que los resortes clave de la economía debían ser de propiedad social.
- La Constitución de 1949: el andamiaje jurídico de este modelo quedó sellado en el histórico Artículo 40 de la carta magna de 1949. El texto establecía por ley que la explotación de la riqueza debía tener como fin supremo el bienestar del pueblo, declarando a los servicios públicos y a los minerales como bienes nacionales inalienables.
Invertir la carga de la prueba
En su época, Perón utilizó este argumento para confrontar directamente las críticas de los sectores agropecuarios tradicionales y de los partidos liberales de la oposición, quienes denunciaban un "dirigismo estatal" que supuestamente asfixiaba las libertades individuales.
Con esta definición, el líder justicialista invirtió la carga de la prueba: demostró que la intervención del Estado no era una traba para la libertad, sino la única garantía real para defender la independencia económica de la Nación frente a los intereses corporativos.
