Implementaron el primer programa mundial para dejar de fumar diseñado para personas transgénero

Lo lideró la Fundación Huésped en conjunto con la UBA y la Universidad de Rochester; mostró resultados exitosos con una intervención especialmente adaptada para esa comunidad 

30 de marzo, 2026 | 19.26
Las personas transgénero fuman a tasas desproporcionadamente más altas que la población general; se estima que casi el doble (42% vs. 22%). Detrás de esa adicción, están el estigma, la violencia, la exclusión laboral, stress crónico por discriminación y, en muchos casos, trabajo sexual como única salida laboral y trayectorias educativas truncas, todos factores que explican una expectativa de vida que, en esta población, ronda los 40 años; sin embargo, no había estudios que demostraran la eficacia de intervenciones de cesación tabáquica enfocadas en ellos. Raúl Mejía, médico clínico e investigador del Centro de Estudios del Estado y Sociedad (Cedes) desde hace más de tres décadas, lo resume sin rodeos: "La mayoría tiene educación incompleta porque no pudo ir al colegio o terminar de cursar por su identidad de género. Utilizan el tabaco como mecanismo para enfrentar estas inequidades –explica el especialista–. Es una tormenta perfecta".

Esa tormenta fue el punto de partida de TRANSformá tu salud, una intervención de cesación tabáquica adaptada para personas trans y de género diverso que acaba de ser publicada en Nicotine and Tobacco Research. El estudio –firmado por Inés Aristegui, Mejía y colegas de la Fundación Huésped, y las universidades de Buenos Aires y de Rochester– es el primero en el mundo dirigido específicamente a esta población. "Cuando lo presentamos como poster en un congreso de Estados Unidos fue premiado en su categoría”, cuenta el científico. Plantea cómo diseñar, desarrollar y sostener una intervención de cesación tabáquica para personas trans, con altas tasas de retención y resultados preliminares auspiciosos.

Para lograr sus objetivos, los especialistas pusieron en marcha una estrategia basada en tres componentes: mensajería instantánea de tres meses a través de WhatsApp con mensajes bidireccionales de texto, imagen, video y voz; consejería por representantes de la comunidad trans y provisión gratuita de parches de nicotina para reducir síntomas de abstinencia. Se enrolaron 40 personas trans y de género diverso (TGD) y el 92,5% completó el seguimiento.

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Al inicio, el 7% fumaba entre 1 y 10 cigarrillos por día, el 40% entre 11 y 20, y el resto más de 21 cigarrillos diarios. Los resultados de factibilidad superaron las expectativas: el reclutamiento se completó en tiempo récord, el 95% utilizó los parches de nicotina y el 92,5% completó el seguimiento. La tasa de abstinencia reportada a los tres meses fue de casi el 30%, verificada además de forma bioquímica mediante medición de cotinina en orina. "Eso se llama ‘confirmación’, que es lo que exigen los estudios de investigación: no solo que el voluntario diga si fumó o cuánto, sino confirmarlo químicamente", explica Mejía. Y agrega que el resultado es comparable con lo que se obtiene en la población general: “Es una adicción y cuesta mucho controlarla”, comenta.

Originalmente, los científicos se habían planteado completar dos etapas: una de factibilidad (la que acaba de publicarse) y otra con una muestra de 300 personas para evaluar la eficacia en mayor escala. Esa segunda parte nunca llegó a realizarse debido a que el financiamiento provenía de los Institutos Nacionales de Salud de los Estados Unidos (NIH) y fue cancelado con el cambio de gobierno en ese país. "Cuando asume Donald Trump, finaliza el consorcio y se corta la financiación. Ahora estamos buscando fondos para completar el trabajo", afirma.

Una dificultad particular que se presenta con este grupo es la “invisibilidad estadística”: en la mayoría de los censos del mundo, no figura la pregunta por la identidad de género. La Argentina es una excepción y pionera en América Latina, ya que la incorporó en su último relevamiento nacional, del que surge la estimación de que alrededor del 3% de la población es no binaria.

Esa invisibilidad implica que también hay poca evidencia sobre enfermedades relacionadas con el tabaco que puedan aquejarla. "Estudios de cáncer asociado con el tabaquismo en esta población no hay, porque se da en general en individuos de más edad, y las personas transgénero no viven lo suficiente –destaca Mejía, consultor de la Fundación Huésped para esta investigación–. Lo que sí está documentado es mayor enfermedad cardiovascular, agravada por la inflamación crónica por VIH, frecuente en esta comunidad, y por las terapias hormonales de afirmación de género”.

Para el estudio, el equipo formó un comité asesor comunitario en el que se incorporaron personas trans, fumadoras y no fumadoras, con quienes se reunieron mensualmente. "En estos casos, nos guiamos por un principio que dice 'todo lo que sea sobre mí es conmigo' –subraya Mejía–. Si uno quiere trabajar con la comunidad, esta tiene que estar adentro del equipo de investigación. Si no, te parás de afuera y mirás".

Ese concepto se tradujo en decisiones concretas: los mensajes de la intervención fueron discutidos y validados con el comité; los videos explicativos fueron en parte realizados por integrantes de la comunidad trans; y las sesiones grupales fueron conducidas por consejeras trans específicamente entrenadas para el rol, detalla el especialista. El 77,7% de las participantes quedaron satisfechos o muy satisfechos con la intervención. Casi la totalidad (94,4%) la recomendaría a otras personas.

La mayoría de las 40 voluntarias fueron mujeres, todas residentes en Buenos Aires, porque tenían que poder acceder gratuitamente a los parches de nicotina, pero "hay que tener en cuenta que la mitad de la población transgénero no nació aquí –aclara el científico–. Gran parte corresponde a migración interna, sobre todo de las provincias del Norte, donde la ‘transfobia’ es bastante mayor. Es gente que desde muy chica se viene para Buenos Aires, que resulta una ciudad un poco más amigable”.

Mientras acceden al financiamiento, los científicos están concluyendo una nueva investigación con grupos de WhatsApp dirigida a la población LGBT, no solo personas trans, para evaluar cómo escalar la intervención fuera del contexto controlado de un ensayo clínico. "Eso es lo que se llama ‘ciencia de la implementación’: demostrar que una intervención funciona en la vida real. Nosotros pensamos que sí, porque hicimos estudios de contexto", concluye el investigador.

“Estos resultados muestran que involucrar a la comunidad de manera respetuosa y afirmativa en todas las etapas del desarrollo de un estudio permite generar intervenciones más aceptables, y adecuadas a las necesidades y demandas de la comunidad. A partir de estos resultados prometedores, los autores proponen avanzar hacia ensayos clínicos a mayor escala que permitan consolidar este modelo como una herramienta en el control del tabaco a nivel internacional”, afirma la Fundación Huésped en un comunicado.