Un grupo de científicos descubrió un detalle inesperado sobre el nacimiento de los cachalotes que cambió todo lo que se sabía hasta el momento sobre esta especie.
Tras años de arduo trabajo, los investigadores (de Bélgica, Canadá, Dinamarca, Dominica, Israel, Italia, Polonia, España, Suiza, Reino Unido y Estados Unidos), lograron algo sin precedentes: filmar por primera vez en detalle el nacimiento de un cachalote en libertad.
Lo más sorprendente no fue solo el registro, sino que las ballenas adultas participaron activamente en el nacimiento, levantando y sosteniendo al recién nacido, incluso entre individuos no emparentados.
Además, ajustaron sus vocalizaciones según cada etapa del parto, mostrando una comunicación compleja y coordinada. El trabajo fue liderado por Shane Gero y David Gruber junto a investigadores de múltiples instituciones, entre ellas el MIT, Universidad de Harvard y Google Research.
Los resultados fueron publicados en las revistas Science y Scientific Reports y sorprendieron a científicos de todo el mundo.
El insólito descubrimiento sobre cómo nacen los cachalotes
Cómo son estos animales
El cachalote, uno de los animales con el cerebro más grande del planeta, habita en todos los océanos y suele moverse en aguas profundas, bien lejos de la costa.
Su vida social está organizada en grupos llamados “unidades”, formados principalmente por hembras y crías, mientras que los machos adultos viven solos o en pequeños grupos.
Cómo se registró el nacimiento
El evento ocurrió frente a la costa oeste de Dominica, donde los investigadores trabajaban a bordo de dos embarcaciones del Proyecto CETI. Utilizaron drones, micrófonos submarinos (hidrófonos) y cámaras de alta resolución para seguir el parto sin interferir, manteniendo los motores apagados.
El parto duró aproximadamente 34 minutos desde que aparecieron las aletas caudales de la cría hasta su nacimiento completo. Durante ese tiempo, prácticamente todos los adultos del grupo participaron en la asistencia.
Lo impactante fue que durante el nacimiento, las ballenas adultas no se limitaron a observar, sino que participaron activamente en el proceso: levantaron, empujaron y sostuvieron al recién nacido sobre sus cuerpos apenas salió, ayudándolo a llegar a la superficie para respirar.
Ese nivel de cooperación, incluso entre individuos que no estaban emparentados, fue uno de los hallazgos más llamativos. Además, los científicos detectaron cambios en las vocalizaciones del grupo durante cada etapa del parto, lo que sugiere una comunicación compleja y coordinada.
También registraron vocalizaciones llamadas “codas”, que variaban según el momento del proceso y podían escucharse a cientos de metros de distancia.
Las conclusiones del estudio
Los científicos desarrollaron un sistema automatizado para medir la cohesión del grupo, el contacto físico y la sincronía de movimientos. Así, notaron que la cooperación no dependía solo del parentesco.
Los individuos se turnaban para asistir a la cría. Además, el contacto físico aumentaba antes y durante el parto, mientras que la atención del grupo se trasladaba rápidamente del madre al recién nacido.
Incluso algunos ejemplares que normalmente interactuaban poco se sumaron en momentos clave, lo que sugiere una estructura social flexible y basada en roles.
“Estos hallazgos transforman de manera fundamental cómo entendemos la sociedad de las ballenas. Lo que estamos viendo es un cuidado social profundamente coordinado durante uno de los momentos más vulnerables de la vida”, analizó Gruber.
Por su parte, Diana Reiss destacó: “Este trabajo demuestra que los estudios de largo plazo son fundamentales. Cuando tienes un conocimiento tan cercano de los animales individuales, como el equipo de CETI lo tiene con esta unidad de ballenas, la confianza que estas ballenas tienen en su equipo es única. No estoy segura de que esta unidad toleraría observadores tan cerca en otra situación”.
