A los economistas que “aparecen en la tele” les encanta hacer analogías entre las decisiones de política económica y las decisiones económicas de familias y empresas, como si el agente Estado fuese lo mismo que los agentes privados. Una típica es “no podés gastar más de lo que te ingresa”. Nótese que además siempre hablan de “vos”, porque somos todos amigos, lo que brinda esa entrañable sensación de proximidad, de que todos somos iguales y tenemos los mismos problemas. Efectivamente, una de las funciones sociales del economista profesional es trabajar como ideólogo, por eso el esfuerzo de simplificación, de ejercitar analogías que puedan ser fácilmente comprendidas por el hombre común, por los no iniciados.
Nótese también que la expresión “no podés gastar más de lo que te ingresa”, enfatiza en el gasto. En la afirmación el ingreso parece dado e inmodificable. Es necesario dejar claro que en una economía sin mercado de deuda en moneda propia desarrollado y con una moneda que no funciona como reserva de valor, los gastos no pueden estar escindidos de los ingresos, tanto porque se dificulta financiar el déficit como por la sobredemanda de divisas. Las economías que padecen estas restricciones están compelidas al equilibrio presupuestario. No todo es voluntad, las restricciones son realidades materiales.
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Pero debe notarse también que el fenómeno del déficit no es como “el de una familia”. La ecuación incluye el gasto, pero también los ingresos y, lo que rara vez se pone sobre la mesa, también la dinámica económica, el ciclo. Los ingresos (y por lo tanto el resultado fiscal) siempre sobre reaccionan al ciclo, caen con el freno y se aceleran con el crecimiento. Un ajuste recesivo que perdure en el tiempo es sencillamente insostenible. También puede ocurrir, como en el presente, que el equilibrio conseguido por el exclusivo lado de la reducción del gasto sea espurio. Es lo que sucede cuando no se pagan los gastos esenciales del Estado, se retacean fondos que corresponden a las provincias y no se amortiza la infraestructura. El resultado es que el gobierno no administra, destruye. Es, efectivamente, la acción del topo que destruye al Estado por dentro, lo que lamentablemente continuará ocurriendo hasta que la sociedad advierta cuánto y cuan profundamente la afecta.
Siguiendo el mismo juego de analogías que los economistas “de la tele”, el lector puede imaginar que el Estado es como una empresa. Lo que está sucediendo es que voluntariamente se decidió que la empresa cobre menos por lo que produce. El resultado es que le caen los ingresos y, en consecuencia, tiene recursos productivos excedentes, apaga máquinas, despide personal y achica la administración. Todos los trabajadores de la empresa viven peor, los que quedan adentro y los que quedaron afuera. Luego, como la empresa tiene menos ingresos, no puede hacer frente a sus obligaciones, deja de pagarle a los proveedores, deja de amortizar sus activos y, lo que quizá sea peor y más persistente, comienza a tomar deuda de manera sistemática. El resultado es que no solo se produce menos y sus integrantes están peor, sino que se deterioran progresivamente los activos y el patrimonio neto avanza rápidamente hacia el rojo ¿Qué haría el directorio de esta empresa con su gerente general? ¿Cómo evaluaría su desempeño? Note el lector que todos los problemas de la empresa podrían revertirse, pero existen dos que, aunque no se note en lo inmediato, condicionan especialmente su futuro: el primero es la falta de amortizaciones, el segundo y más grave, el endeudamiento y su interés compuesto.
En un informe reciente, la consultora 1816 calculó que, desde la asunción de Javier Milei hasta marzo pasado inclusive, la deuda bruta en moneda extranjera del Gobierno, Tesoro más Banco Central, se incrementó en 24.800 millones de dólares. El total en moneda dura quedó, al cierre del primer trimestre de 2026 en 211.800 millones de dólares. No nos detendremos aquí en los detalles contables de la composición de esta deuda (garantizada y no garantizada) para no perder lectores en el camino, pero el balance que se hace de este número es que es relativamente bajo en relación al PIB en la comparación internacional. En números, la deuda en divisas sería de menos del 40 por ciento del Producto y, dado que el país está incrementando sus exportaciones basadas en recursos naturales, se trataría de un endeudamiento completamente manejable. Aquí la ortodoxia comete el mismo error que la heterodoxia (boba) cuando habla del déficit, comparar los números locales con los internacionales dejando de lado las dinámicas locales.
Los números destacados por 1816 son verdaderos, pero velan la dinámica, que es el aumento sistemático del endeudamiento y la aceleración de la dolarización de los excedentes. Lo que está ocurriendo, por más que la relación deuda/PIB no sea alarmante en la comparación internacional, es que el modelo demanda más dólares de los que genera y la diferencia se cubre con más deuda.
La consultora santafesina MATE, Mirador de la Actualidad del Trabajo y la Economía, lo sintetizó en números. Los ingresos reales por la vía del superávit comercial acumularon, desde diciembre de 2023 hasta febrero último, 43.395 millones de dólares. En el mismo período se pagaron intereses de deuda, pública y privada, por 25.658 millones, pero también se dolarizaron excedentes por 44.227 millones. Dicho de otra manera, se generaron 43,4 mil millones y se demandaron 69,9 mil millones. La diferencia se financió con nueva deuda por 37,2 mil millones: 9.483 de nueva deuda pública, 17.538 de nueva deuda privada y 16.554 de la suma de, entre otras fuentes, el blanqueo y la ayuda estadounidense. De nuevo, el modelo cerró con deuda.
Vale recordar que el macrismo decía y hacía lo mismo que el actual oficialismo. Tomaba y tomaba deuda afirmando que la relación deuda/PIB era baja mientras su modelo demandaba más dólares que los que generaba. Aquel “no importa” terminó en virtual default y “salvado” por el FMI. El macrismo hablaba de segundo semestre y brotes verdes, el mileísmo de maduración de las inversiones. Las perspectivas del presente, debe reconocerse, son más reales que las de 2018, pero todo ocurrirá en el futuro, mientras la demanda de divisas será más inmediata. Y ya que citamos las analogías de los economistas “de la tele”, como olvidar aquí a un consultor que nos gusta cuando dijo que la deuda era como la droga, “al principio es rica, pero después te mata”.-
