La historia de los afroargentinos

¿Sabés la historia oculta de los afroargentinos?

28 de septiembre, 2021 | 15.44

La conformación de Argentina tuvo una influencia importante de inmigración europea durante los siglos XIX y XX. El hambre, consecuencia de la Segunda Guerra Mundial nos aportó sangre italiana y española. Pero somos aún más diversos.

En la base de nuestra sociedad están presentes la ascendencia indígena y la africana. Un hecho que se desconoce o se niega. Por eso es importante conocer cuáles fueron los factores que contribuyeron a este “crisol de razas”. 

Si durante tanto tiempo se restó el valor de los afroargentinos en nuestra cultura, tenemos la posibilidad de revertir ese error. Para luchar contra el racismo y la discriminación, es necesario conocer la verdadera historia. En esta nota, te invitamos a recorrerla. Para conocer del tema, empecemos primero por este video en donde se explica por qué Argentina también es afro. 

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Afroargentinos y la afroargentinidad: historia

Desde los tiempos de la colonia, la ciudad de Córdoba fue un gran centro de comercialización de esclavos. En 1778 un censo arrojó que el 46% de la población en Argentina tenía origen africano. 

La explicación es sencilla: entre 1777 y 1812 habían entrado más de 700 barcos al puerto de Buenos Aires y Montevideo. Eran 72.000 esclavos africanos que cambiaron la configuración de la sociedad. 

Provenían de Angola, Congo y Mozambique, otros del sudeste de África. En 1840 los afrodescendientes constituían un 62 % de la población de esa región. La distribución de negros era usual en el Virreinato. 

Cumplían tareas de servicio doméstico y artesanado. También trabajos en el campo y los que requerían mayor fuerza, ya que se los consideraba más resistentes. Incluso más que los indígenas. 

En gran medida, la disminución de la población se debe a que fueron enviados a las guerras. Primero fueron exterminados en las las guerras de la Independencia, luego en las civiles. También la del Paraguay (1865-1871) que fue una gran masacre.

Las epidemias de cólera (1861) y de fiebre amarilla (1871) provocaron muertes en la población más humilde, entre ellos, muchos afroargentinos. A partir de 1869 se dejó de contabilizarlos en los censos. 

En las siguientes décadas se produjo una baja en la natalidad de la población afro. A eso se sumó la cantidad de mortandad y el mestizaje, el rastro afro perdió visibilidad. Pero nunca dejó de existir. 

Otra migración sucedió después de las guerras mundiales. Inmigrantes de Cabo Verde, que huyeron de la colonización portuguesa y del hambre que los agobiaba. Se establecieron cerca de los puertos, donde podían encontrar trabajo.

La última migración se produjo luego de la década del 90, y todavía continúa en proceso. Llegaron desde Senegal en su mayoría pero también de Mali, Mauritania, Liberia, Nigeria o Sierra Leona. 

Mayoría de hombres jóvenes huyeron de su país en busca de mejorar sus condiciones de vida. En sus países, la extracción de recursos naturales  en manos de transnacionales los dejó sin posibilidad de sustento. 

Los afroargentinos arribaron a los países que les permitían ingresar. Las dificultades para hacerlo en Europa, por el endurecimiento de las leyes migratorias, les dejó pocas opciones. 

Pero aún con dificultades para trabajar y adaptarse al idioma y costumbres, los afroargentinos tienen una participación cultural importante. Su aporte en música, gastronomía, incluso en filosofía y religión, es innegable. 

 

Palabras como mina, milonga, morocha, zamba o marote, son de origen africano. Las mujeres africanas rescataron las achuras. En el siglo XIX, circulaban revistas de la comunidad afro que resultaban influyentes para otros pensadores. 

María Remedios del Valle

Poco se sabe de esta mujer que cumplió un papel relevante en la historia argentina.

Heroína de la independencia, luchó en las guerras junto a su marido e hijos, a partir de 1810. 

María Remedios del Valle era una mujer negra. Su origen no le impidió participar de la Expedición del Alto Perú. No solo acompañó a la tropa para alimentarla, también fue enfermera y empuñó las armas. 

A pesar de perder a su familia en la batalla de Huaqui, continuó al lado de Manuel Belgrano. Peleó en las contiendas de Tucumán y Salta y por su valentía, Belgrano la condecoró como Capitana.  

En Vilcapugio y Ayohuma fue herida de bala por los realistas. Y hasta llegó a ser azotada públicamente. Ya en Buenos Aires, le costó obtener el reconocimiento que merecía y que le pagaran el dinero que le correspondía. 

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Ese reconocimiento militar llegaría después, en 1820 por los servicios prestados a la Patria en las campañas al Alto Perú entre 1810 y 1814. Con el apoyo de generales y coroneles, su papel sería destacado por su patriotismo. 

Durante el siglo XX, su figura volvió a valorarse por su relevante rol. No fue hasta los últimos años, que estudios de género y el revisionismo histórico le dieron la trascendencia que merece. 

Es por ella que cada 8 de noviembre se celebra el Día Nacional de los y la Cultura Afro. Se eligió ese día porque es la fecha de su fallecimiento y es una manera de honrar su origen y su importancia. 

Afroargentinos y el tango

Sabemos que la historia la escriben los que ganan, y que la historia argentina está llena de silencios. Por eso recién en las últimas décadas empezamos a visibilizar la influencia de los afroargentinos en nuestra cultura.

Sin dudas, uno de los géneros más característicos es el tango. Tal vez creas que su origen tiene que ver con la influencia italiana y española que habitaba los conventillos. Pero la verdad es que la palabra “tango” apareció en el siglo XVIII, y se vincula a la cultura afro. 

El género en su origen fue negro. Relacionado con la milonga urbana, el candombe y otros géneros afros que se extendieron en territorio rioplatense. Según el antropólogo Pablo Cirio, el tango antiguo tiene una estructura similar a los candombes.

Con testimonios orales y documentación, reconstruye la historia de la cultura afroargentina. Afirma que si bien durante una época no se la pudo ver en el espacio público, ellos construyeron sus tradiciones. La música fue una de esas expresiones.

¿Sabías que el primer tango fue compuesto por un compositor y pianista afroporteño? Se trata de El entrerriano, de Anselmo Rosendo. Es de 1897, mucho antes de que Carlos Gardel cantara Mi noche triste en 1917.

Existen más de cuarenta compositores afroargentinos registrados. Crearon casi un millón de composiciones, algunas publicadas, la mayoría inéditas. Sería imposible negar la influencia de ellos en el desarrollo del género. 

Nombres como Gabino Ezeiza (1858-1916), Guillermo Barbieri (1884-1935) y José “el Negro” Ricardo (1888-1937), forman parte de nuestra historia musical. Horacio Salgán (1916-2006) compuso A fuego lento (1955) y se hizo leyenda. 

A Enrique Maciel le debemos La pulpera de Santa Lucía (1929), que es uno de los valses argentinos más famosos. Sin dudas, el tango no sería el mismo sin la participación de los afroargentinos en su evolución. 

 

Día Nacional de los/as afroargentinos/as y de la cultura afro

En Argentina, consideramos al 8 de noviembre como el “Día Nacional de los/las Afroargentinos/as y de la cultura afro”. La Ley 26.852 fue sancionada en 2013 en homenaje a María Remedios del Valle. 

Para ello, se recurre a políticas públicas que apoyen la cultura afro en sus distintas disciplinas. La Mesa Interministerial de Políticas Públicas para la Comunidad Afro en la Argentina es un espacio de trabajo. Participan el Ministerio de Cultura, el de las Mujeres, Géneros y Diversidad, el Ministerio de Justicia y Derechos Humanos.

Entre otros organismos están los de la comunidad afro y la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación. Se suman la Coordinación Regional para América Latina del Fondo de Población de Naciones Unidas (UNFPA).

El objetivo de la Mesa es lograr una perspectiva étnico-racial transversal en las políticas públicas. Que las personas afro accedan a mayor igualdad y acceso a oportunidades, que mejoren su calidad de vida.  

Por esa razón, es necesario establecer indicadores y metas que permitan el desarrollo de la comunidad. Y, por sobre todas las cosas, que promuevan la interculturalidad afroargentina.

La fecha es útil, también, para pensar cuál es el espacio de representación de los afrodescendientes. Cómo se configura nuestra historia con el reconocimiento de  afroargentinos y afrodescendientes.

La respuesta tiene que ver con la integración y la aceptación de esa parte de nuestra historia invisibilizada. Es necesario dejar de repetir dinámicas racistas y educar a las infancias sin estereotipos ni prejuicios. 

Racismo

Desde el censo de 2010, no se actualizaban los números que indican que la población afroargentina era de 150.000 personas. Pero según propias estimaciones, ellos creen que supera los dos millones.

La realidad es que nuestra historia tiene una gran influencia afro. Se suele decir que la sociedad argentina no es racista. Pero es la misma sociedad que considera a la palabra “negro” como un insulto. 

Según el historiador Felipe Pigna, el uso peyorativo del término viene de la colonia y continúa en las clases “medias” y “altas”. Pero, además, del tratamiento histórico de la población de origen africano y sus descendientes, hay formas menos explícitas.

El racismo también está presente en la negación o desvalorización de su presencia en la sociedad. Se ocultó la explotación a la que los sometieron y la riqueza que se generó a partir de la esclavitud. 

Los africanos que habían traído en barcos como esclavos perdieron su particularidad y pasaron a ser parte del mismo grupo. Se los negó como individuos, se los trató como animales dedicados solo al trabajo. 

Abolida la esclavitud, la comunidad de afroargentinos aún sufre diferentes formas de discriminación. La falta de oportunidades laborales determina que muchas veces tengan que aceptar menores sueldos o condiciones deplorables. 

Mujeres de la comunidad afroargentina cuentan que a lo largo de varias generaciones el mandato era trabajar. Y siempre terminaban en casas de familia. De esa forma, era imposible terminar el colegio. 

Desde la mirada de los protagonistas, el racismo que sufren es institucional y estructural. Y está naturalizado, por eso cuesta verlo. A los afroargentinos la policía los detiene con más frecuencia, les piden DNI o les pregunta de dónde son. 

Tal vez sea complicado entenderlo desde el punto de vista de un argentino descendiente de europeos. O quienes no sufrieron algún tipo de discriminación. Pero los privilegios dentro de la hegemonía heterocis hacen la diferencia. 

 

La desigualdad social existe y se puede ver. Los inmigrantes y afrodescendientes denuncian prácticas como la apropiación cultural y el blackface. Pintarse como ellos o usar su look con el objetivo de hacer una parodia. 

 

Como te contábamos, la palabra “negro” como insulto se remonta a épocas de la colonia. Su uso, luego, se naturalizó con una connotación negativa. Lo negro se considera feo, sucio, malo. Hay trabajo en negro cuando no está registrado. 

¿Cuántas veces lo usamos sin pensarlo? Una tarde negra es mala. En la corrupción hay “manos negras”. Se crearon eufemismos como “persona de color”, para nombrar a gente negra, cuando en realidad el color no es lo negativo, sino el uso que se le da. 

Pero hay movimientos reivindicatorios que apelan a todo lo contrario. “Black is beautiful” (Negro es hermoso), tiene el fin de mostrar las razones para estar orgullosos de su identidad. 

A nivel global, el movimiento “Black Lives Matter” (Las vidas negras importan), reclama algo que parece impensado en pleno siglo XXI. Todavía es necesario aclarar que los negros tienen el derecho a vivir en paz. 

Conclusión

 

Vimos que nuestro país tiene un origen multicultural negado por cientos de años. Los inmigrantes africanos llegaron al territorio argentino en épocas de la colonia y fueron incorporados a la sociedad como esclavos. 

Hoy tenemos la posibilidad de hacer un revisionismo histórico que contemple aquella parte de la historia que fue negada. Entender que nuestra cultura también tiene un origen afroargentino, con palabras, música y costumbres legadas. 

Para modificar siglos de invisibilización necesitamos aceptar nuestras raíces. El proceso incluye el repaso por las diferentes etapas y la forma en que la sociedad se constituyó. 

Aunque muchos consideramos que somos un país inclusivo, todavía en Argentina hay racismo y discriminación. Es fundamental ampliar la perspectiva y salir del eurocentrismo para formar un país más justo e inclusivo. 

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