Iñaki Mazza quería volar. El primer recuerdo de una bicicleta fue a sus 3 años, viendo a sus hermanos mayores hacer piruetas a toda velocidad. "Siendo un bebé ya pedía eso, me llamaba la curiosidad y mis hermanos se re coparon con la idea y con su grupo de amigos agarraron piezas recicladas y fabricaron un collage, una bici chiquitita, que me regalaron. Y así empecé. Fue muy loco porque ni siquiera anduve con rueditas, venía con un equilibrio integrado”, sostuvo el campeón olímpico de BMX, ganador del Oro en los Juegos Olímpicos de la Juventud 2018, en un mano a mano con El Destape.
Aunque Iñaki (25) se perfilaba como joven promesa del BMX -deporte extremo de ciclismo que en los últimos tomó resonancia por la popularidad de figuras como José "El Maligno" Torres-, la vida le tenía preparado una crisis que lo alejó de las pistas y lo convirtió en un misterio entre sus seguidores. ¿Qué lleva a un campeón olímpico a querer deshacerse de su medalla de oro en una tienda de tasación?, ¿por qué dejarlo todo cuando se está en la cima?
En las últimas semanas, Iñaki Mazza decidió hablar por primera vez a través del cine y contar su historia en el mundo de las competencias y la hazaña que lo llevó a sanar viejas heridas: 3000KM en bicicleta, documental de Iván Vescovo, sigue al ex atleta desde su salida del deporte a los 20 años y su viaje de autodescubrimiento cuando su compañera Abyss empieza a enviarle mensajes de amor en forma de poemas desde su lugar de rehabilitación en el fin del mundo. Por amor, decidió subirse de nuevo a su bicicleta y atravesar la Patagonia Argentina para reencontrarse con ella, en un viaje que también es una búsqueda sobre su propia identidad.
¿Qué fue lo que te atrapó del BMX?
- La posibilidad de volar y de tener una relación bien cercana y estrecha con la adrenalina y el vértigo. Es algo que también apliqué a mi filosofía personal: mi vida transcurre de esa forma.
Si pienso en deportes extremos, el primer nombre que se me viene a la cabeza es Tony Hawk. Él también volaba.
- Yo crecí mirando los X Games en ESPN, con grandes íconos como Tony Hawk en el skateboarding, y Dave Mirra y Matt Hoffman en el BMX. Eran mis ídolos. Y donde crecí yo, Río Grande, Tierra del Fuego, ya de chico jugaba a armar rampas caseras y saltos de tierra en descampados. En mi infancia, salíamos con mis hermanos y amigos a andar en bici y no lo veíamos como algo atlético o deportivo, era más bien un espacio que nos daba sentido de pertenencia y que podíamos explorar hasta artísticamente.
Hoy el BMX evolucionó deportivamente y se puso mucho más serio y competitivo. Ahí es cuando yo me desprendo.
A los 8 años empezaste a ir a eventos de BMX y para los 10 ya eras un profesional...
- Fue algo que se dio naturalmente. En mi primer evento en el Parque Sarmiento, en Saavedra, tenía 8 años y les pregunté a mis hermanos qué tenía que hacer para juntar más puntos y ellos se enojaron conmigo. Me miraron serios y me dijeron que yo solamente tenía que divertirme y hacer los trucos que quisiera, porque no importaba nada más. Así de corta.
¿Qué pasaba por tu cabeza de niño de 8 años con la fama temprana?, ¿lo sentiste como una carga?
- Nunca tuve la infancia común de un chico de 8 años. Tuve muchos mambos personales y en lo familiar. En toda mi etapa de ir a la escuela primaria pasé por 13 escuelas… fueron años extraños, nunca me terminaba de adaptar en ningún lado y entonces vivía moviéndome de lado a lado. El deporte era mi escuela, porque me permitió viajar por el mundo y educarme en otros aspectos de la vida. Hice esa vida nómada hasta los 19 años.
Cuando me hice profesional me empezaron a fichar de marcas como DC Shoes y Red Bull, y las competencias las usaba como una excusa para poder moverme por el mundo. Es lo que las empresas me exigían, pero nunca me lo tomé seriamente. Creo que me iba muy bien porque era de las personas que más se divertían. La gente siempre se sorprendía mucho de verme sonreír en las competencias.
"Me echaron por ser raro": la hipocresía del mundo deportivo, una realidad que golpea a muchos atletas
En 2017 Iñaki ganó dos fechas de la Copa del Mundo BMX Freestyle FISE realizadas en Budapest, Hungría y en Edmonton, Canadá. En 2018 repitió el primer puesto en Francia y Canadá. El mismo año, le llegó el Oro en BMX Freestyle en dupla con Agustina Roth, en los Juegos Olímpicos de la Juventud 2018. Tenía 18 años y sus días en las competencias profesionales estaban contados.
¿Por qué te alejás del BMX profesional?
- A los 17 años mi mente empezó a ir más allá de lo impuesto, ya que tuve cuestionamientos sobre mi identidad de género. Entonces me pasaba que cada vez que iba al skatepark -punto de encuentro de quienes hacemos BMX- y me rodeaba de todos pibes, porque mayormente ahí no van otros tipos de identidades diversas, chocaba con sus diálogos y palabras, me sentía incómodo y no respetado. Eso me llevó a aislarme y a tener un disgusto constante con ese círculo de masculinidades.
El ambiente de las competencias se me empezó a tornar muy serio y la gente alrededor de esos ámbitos me parecía muy aburrida en todos sentidos, así que empecé a sentirme un bicho extraño, no conectaba socialmente y como no quería tener que convivir con eso, empecé a buscar afuera lo que no encontraba ahí. Así me acerqué al arte y me rodeé de músicos, dibujantes y cineastas, y ahí me quedé.
¿Qué es lo más triste que viviste por ser una persona queer en un ambiente machista?
- Y... yo no quería dejar de crear con la bicicleta y uno de mis apoyos más importantes dejó de hacerlo porque en el ambiente circulaba que yo no era como el resto. Cuando se deshicieron de mí, tuve una reunión con el manager de la marca y terminé llorando. Me echaron solo por eso, por ser raro.
Es malísimo, pero es algo que hacen todas las marcas con quienes somos personas queer. En junio hacen propagandas de blanqueamiento LGBT por el mes del Orgullo, pero el resto del año son un horror. Y muchos atletas diversos lo padecen, aunque no lo dicen.
Partiendo de que, en general, los deportes profesionales son machistas y sexistas, ¿te gustaría hacer algo para revertir eso?
- Lo pienso muy seguido. Me encantaría tener un espacio de enseñanza BMX donde todos sean incluidos. Quiero que sea una fundación artística deportiva. Te puedo adelantar el nombre que pensé: Yanasus, que significa amigues en quechua.
3000KM en bicicleta puede verse en el cine Gaumont (Avenida Rivadavia 1635, CABA) y en Espacios INCAA del país.
