La economía más loca del mundo. Según el Indec la pobreza no hace más que bajar, los economistas del ditellazo de 2015-19, los que iban a conseguir la “pobreza cero”, viven su revancha tardía y ayudan a los más nuevos a explicar que todo se debe a la inconfundible magia de la baja inflación. El arte de dar buenas noticias se expande sin parar. Además de sacar a millones de la pobreza, el PIB no deja de crecer. Y encima, según el Presidente, hasta “vamos ganando la guerra”, guerra en la que nadie sabía que se participaba ni por qué. Mientras tanto, los empresarios vinculados a actividades exportadoras rebozan de optimismo. Se bajan impuestos a los consumos de alta gama, se eliminan regulaciones, desde las sanitarias hasta las laborales, y los costos del trabajo se pulverizan. Todo Marcha Acorde al Plan. A pesar de la monetización de la institución presidencial, de los Adornis enriquecidos y de los créditos exprés del Banco Nación para funcionarios top, los trolls oficiales no pierden la fe y se acalambran tecleando “es exactamente lo que voté”. Las redes rusas de desprestigio, descubiertas gracias a la orden y generosidad de la Embajada, no pudieron con la realidad. Dato “doma” relato.
Pero contra la ficción del Palacio, la inflación no solo dejó de bajar desde mediados de 2025 sino que volvió a acelerarse. Y gracias a la guerra que “estamos ganando”, a partir de marzo se le sumará entre 0,7 y 0,9 punto más. La razón es que el petróleo es el principal precio básico de la economía mundial. Además, a mediano plazo, también operará el contagio vía inflación internacional y, si Estados Unidos profundiza la escalada destructiva, es esperable el freno o la recesión global. Esta dinámica no afectará solo a la inflación local, sino también a las cuentas externas. La previsión es que se profundizará la estanflación en curso. El EMAE, el estimador mensual de la actividad económica, ya comenzó a mostrar el freno, pero el punto más problemático es que una recesión global, a pesar de la compensación por efecto precio de los hidrocarburos, podría frenar también los ingresos de los sectores dinámicos.
En el corto plazo, la alarma principal surge del mercado de trabajo, del que depende el consumo que tracciona la demanda y, por extensión, el bienestar o malestar de la mayoría de la población. De acuerdo al último informe de la consultora Audemus, sobre datos de la Secretaría de Trabajo, en diciembre pasado el empleo privado registrado se contrajo por séptimo mes consecutivo. Se registró una destrucción neta de empleos de alrededor de 91.900 puestos. Si solo se recorta el empleo industrial, desde el cambio de gobierno se tiene una caída de 21 sobre los primeros 25 meses. En la Administración Pública Nacional se recortaron, hasta febrero inclusive, más de 66.000 puestos. A ello se agrega que, según datos del SIPA, también cayeron los ingresos reales de quienes conservan su trabajo en blanco. En enero último la caída fue del 0,3 por ciento.
Este contenido se hizo gracias al apoyo de la comunidad de El Destape. Sumate. Sigamos haciendo historia.
Otro dato que refleja el estancamiento de la economía surge de la recaudación tributaria. De acuerdo al informe mensual de marzo de la consultora SudAmericana, desde noviembre los ingresos públicos se contrajeron en términos reales. En febrero la caída fue del 10 por ciento interanual. Vale recordar que, si bien la recaudación es un indicador proxi del nivel de actividad, también sobrerreacciona, tanto al alza como a la baja, pero 10 puntos de caída es muchísimo, en particular para un gobierno que enfatiza el ajuste fiscal al mismo tiempo que reduce impuestos para los sectores de más altos ingresos. A pesar de la caída de ingresos, el gobierno mantuvo en febrero el superávit primario, lo que significa que bajó proporcionalmente el Gasto, lo que supuso el ajuste de otro de los componentes centrales de la demanda agregada.
Otra política que el oficialismo vive como un éxito es la capacidad de seguir pisando la cotización del dólar. En marzo el tipo de cambio cayó 1,9 por ciento contra febrero y, por primera vez en la última década, acumuló un trimestre de bajas consecutivas. Todo un hito. Ello posibilitó que el BCRA compre divisas por 4.385 millones en el primer trimestre. Sin embargo, a pesar de estas compras, las reservas internacionales continuaron a la baja. Cerraron marzo en 42.091 millones, lo que significó una caída en el mes de 3.475 millones, la mayor desde octubre de 2023. Las compras de divisas del mes, 1.670 millones, no compensaron las pérdidas por la baja en la cotización del oro (-11 por ciento para la onza troy), un fenómeno de la guerra y de la contabilidad nacional.
Pero el problema real está en otra parte: hasta el presente el sostenimiento de la cotización del dólar, que dicho sea de paso es una de las anclas antiinflacionarias, no se basó solo en el buen desempeño exportador, sino en la toma de deuda. Y esa deuda generó como contrapartida el aumento del pago de intereses. Dicho de otra manera, los dólares generados por la economía real son insuficientes para atender la demanda de la economía financiera, lo que determina que el modelo solo cierre con deuda.
Siguiendo las cuentas del observatorio santafecino MATE, desde noviembre de 2023 hasta febrero pasado la economía real generó 43.395 millones de dólares, calculados como la diferencia entre exportaciones de bienes y servicios cobradas e importaciones pagadas, pero a la vez la economía financiara consumió 69.885 millones, de los que 25.658 se destinaron al pago de intereses de deuda pública y privada y 44.227 a la formación de activos externos (dolarización de excedentes). Para sostener este desequilibrio fue necesaria la toma de nueva deuda pública y privada, los blanqueos y la ayuda estadounidense.
La síntesis provisoria, más allá del contraste entre relato y datos, es que el problema de fondo es la consistencia del modelo. Una economía que depende de manera creciente del endeudamiento, mientras el empleo y los ingresos se deterioran, difícilmente pueda consolidar la estabilidad y el crecimiento prometido. La tensión entre estabilidad nominal y debilidad estructural demanda algo más que discursos optimistas.
