¿Qué pedimos este 8 de marzo?

10 de marzo, 2026 | 13.44

Se conmemora un nuevo día de la mujer trabajadora, y las consignas que trae la fecha seguramente muchos ya las conocen. Sin embargo, este año, tenemos motivos distintos por los cuales activar. El mundo y, particularmente, la sociedad argentina está discutiendo el futuro de dos temas centrales: de qué vamos a trabajar -ahora que existe la inteligencia artificial- y quien nos va a cuidar -ahora que tendremos una sociedad envejecida-. Paradójicamente, en ambos debates están ausentes las voces de las personas que cuidan -una gran mayoría de mujeres-, las que hacen el único trabajo que no para ni un domingo. En el cuidado, hay llaves para un futuro mejor, si las sabemos utilizar.

La Argentina acaba de aprobar una reforma laboral que el gobierno presentó como un camino para reducir la informalidad y generar más empleo. Sin embargo, la norma fue doblemente ciega: al género (teniendo las mujeres más informalidad y más desempleo) y especialmente al cuidado. Primero, no contempló que quienes trabajan también cuidan: no aumentó licencias de ningún tipo, dejó en un lugar más habilitado al despido post embarazo, derogó el teletrabajo y dejó -más aún- descalzadas a las vacaciones laborales con las de la escuela. Segundo, y acá está la oportunidad perdida, no entendió la centralidad del sector de los cuidados en explicar la informalidad actual (1 de cada 5 trabajadores informales es una trabajadora de casa particular) ni su centralidad en los puestos de trabajo del futuro, donde el 75% de los puestos estarán asociados a él.

En un mundo donde una gran cantidad de tareas se van a automatizar en los próximos años, el cuidado aparece como una tarea difícil de reemplazar por la cantidad de dimensiones que implica. En efecto, la OIT calcula que en Argentina podrían crearse al menos 1,8 millones de puestos de trabajo en el sector. Para que ocurran, hay que desplegar políticas de cuidados: formación y registración para brindar servicios domiciliarios para personas mayores, asistentes para la vida independiente para personas con discapacidad, entre mucha más infraestructura pública que aún falta. Lejos de eso, el gobierno desarmó esa agenda. Según la Cocina de los Cuidados, en los últimos 26 meses se desarmaron 47 de las 50 políticas que existían en el tema.

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Al mismo tiempo, la Argentina discute la caída de la tasa de natalidad. Cuando repasa los por qué, no celebra lo suficiente el éxito de la política pública -hoy recortada- que logró que los embarazos adolescentes bajaran de ser 84.000 en el 2018 a menos de la mitad, 39.000 en el 2023. ¿Hay algo más empobrecedor que no poder planificar la familia?

Por el contrario, son muy pocos los análisis públicos que incorporan el increíble desbalance de género en la tareas de cuidado como un motivo para no ampliar la familia, sobre todo entre quienes sí tienen hijos, pero ahora reducen su cantidad (de 2,5 a 2,4 promedio en 10 años). En esa decisión también hay varones, pero las estadísticas que tenemos para estudiar el fenómeno son sólo de “hijos por mujer” y las preguntas…caen sólo sobre nosotras. Tener hijos implica un alto costo de oportunidad, especialmente para las mujeres porque el tiempo destinado al cuidado compite con el empleo y los ingresos, mientras que los beneficios de esa reproducción —fuerza de trabajo futura, sostenibilidad de los sistemas sociales— son colectivos. Alguien bien cuidado era prácticamente un “bien público”.

La atención de esta transformación poblacional es una excelente fuente de trabajo para el futuro. Un ejemplo concreto se da en la infraestructura educativa de la primera infancia. Lejos de imaginar el cierre de aulas, hoy sólamente el 57% de los chicos de 3 años va al jardín y en el caso de los chicos de 2 años, sólo el 20%. ¿Por qué no reconvertir esos espacios para asegurar educación temprana para todos? No hay indicador mas claro de calidad educativa en los rankings globales que la cantidad de docentes por alumno en un curso. En lugar de despedir docentes porque hay menos chicos ¿Por qué no reforzar cada sala y cada aula con más profesionales? Allí está también el futuro del trabajo -y el de nosotras siendo el 75% de las docentes-.

Mientras tanto, el efecto del repliegue del Estado en todos los sectores donde las mujeres son mayoría hizo crecer la brecha salarial en los últimos 2 años, revirtiendo 6 años precios de caída. La brecha de ingresos por ocupación entre mujeres y varones pasó de 24% a 29%, 5 puntos porcentuales más desde que llegó Milei. Son datos que acompañan un discurso constante anti género. Quizás eso explique por qué las encuestas de imagen del presidente muestran tal marcada diferencia. Entre los hombres lo aprueban el 57,6 % mientras que en el caso de las mujeres baja drásticamente hasta el 33,3 %.

Se reproduce una conversación que parece dicotómica, entre quienes creen que volver a un modelo de varón proveedor y mujeres cuidadoras es el camino, y entre las que vemos y demostramos los efectos de eso en las mujeres y en la pobreza general. ¿Dónde están las voces de los varones que quieren algo distinto? ¿De aquellos que están cuidando al menos más que sus padres? La desigualdad en los cuidados tiene consecuencias para toda la sociedad en las casas y en los trabajos, ocuparnos nos puede dar chance de generar algo distinto, económica y socialmente rentable.

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Lucía Cirmi

Economista y magister en desarrollo económico. Integrante de Futuros Mejores, Paridad en la Macro y la Cocina de los Cuidados. Autora del libro Economía para sostener la vida.