El Mundial 2026 ha entrado en su etapa más vibrante y los emparejamientos de cuartos de final prometen paralizar al mundo futbolístico. Uno de los duelos más atractivos y con mucha riqueza cultural e histórica será el que enfrente Argentina con su par de Suiza. Mientras el conjunto albiceleste busca ratificar su mística y jerarquía internacional, los helvéticos asoman como un rival sumamente ordenado, disciplinado y orgulloso de sus raíces.
Este choque no solo se disputará con la pelota en el terreno, sino que comenzará a vivirse desde los parlantes del estadio durante la tradicional ceremonia inicial, momento en que los europeos expondrán ante los ojos del mundo una de sus joyas culturales más solemnes y protegidas: su himno nacional.
Dios, los Alpes y el origen del "Salmo Suizo"
La melodía que resonará en la antesala del partido frente a la Scaloneta es conocida formalmente como el "Salmo Suizo". Su historia se remonta al año 1841 en la abadía de Wettingen, donde el monje cisterciense Alberik Zwyssig compuso la música utilizando un poema patriótico escrito originalmente en alemán por Leonhard Widmer. Curiosamente, a pesar de su rápida popularidad, el camino hacia la oficialidad fue largo.
Antes de su adopción, Suiza utilizaba el himno "Rufst du mein Vaterland", el cual compartía la misma música del "God Save the Queen" británico. Esta similitud musical generaba cierta vergüenza entre los ciudadanos durante el siglo XX, quienes sentían que carecían de una identidad sonora propia en eventos políticos y militares. Tras décadas de debates y un período de prueba provisional iniciado en 1961, el Salmo Suizo fue declarado oficialmente como el único himno nacional el 1 de abril de 1981.
En cuanto a su significado profundo, la letra es un reflejo de la devoción religiosa y la geografía del país: describe con fervor la presencia de Dios en la naturaleza, haciendo alusión directa a los amaneceres, las densas nieblas y el imponente resplandor de los Alpes nevados cuando se enrojecen por el sol.
Suiza en unos cuartos de final del Mundial
Para inscribir su nombre en esta privilegiada instancia del Mundial 2026 y ganarse el derecho a hacer sonar sus estrofas en los cuartos de final, Suiza tuvo que protagonizar una campaña de enorme resiliencia. Su última gran hazaña ocurrió en los octavos de final, donde disputó un durísimo encuentro táctico frente a una de las mejores selecciones: Colombia. Tras empatar sin goles en la prórroga, los europeos sellaron su clasificación en una agónica tanda de penales por un ajustado marcador de 4-3.
