"El proceso que derivó en la crisis argentina del 2001 tiene muchas similitudes con el momento actual del país", sentencia Julián Zícari, autor del ensayo periodístico Camino al colapso: cómo llegamos los argentinos al 2001. "El retorno a las políticas de endeudamiento sistemático salvajes del FMI, reformas de flexibilización laboral, reducción del Estado, caída salarial, concentración de la riqueza, déficil comercial y fiscal, todo ello conjugado con mecanismos de apertura económica y liberalización financiera", agrega en diálogo con El Destape.

-¿Cuáles son las claves del pasado reciente que hace falta saber para poder entender el presente político y económico?

-En principio, creo que uno de los factores más importantes me parece que es también uno de los más olvidados. Me refiero a las consecuencias de la crisis internacional de 2008, ya el impacto de lo ocurrido hace 10 años atrás está todavía presente, quizás a más niveles de lo que pensamos, y amenaza con transformar el mundo. Porque si bien la crisis explotó en 2008 sobre todo en Europa y en Estados Unidos, los efectos en la economía real comenzaron a afectar a la Argentina desde 2012, dado que los países centrales pasaron a acentuar cada vez más sus políticas proteccionistas como respuesta a esa crisis. Así, Argentina ininterrumpidamente viene perdiendo mercados desde entonces y sus exportaciones cayendo todos los años, como además a sufrir precios externos en declive. Eso forzó al kirchnerismo a cerrar cada vez más la economía para protegerse de los impactos externos pero al costo de tener un estancamiento crónico, el cual en gran medida habilitó a que la oposición pueda acceder al poder. A su vez, si se piensa la llegada de Trump a la presidencia de Estados Unidos en 2016 o su actual guerra comercial con China, Europa o incluso con Turquía son todos efectos directos del mismo fenómeno. Las disputas comerciales no sabemos dónde pueden terminar.

-¿Cuáles considerás que fueron/son las principales consecuencias que dejó la crisis de 2001?

-Me parece que a nivel general se podría decir que es la pérdida del miedo a salir a la calle a movilizarse y reclamar. Si bien eso nunca desapareció en la Argentina y estuvo presente aún durante la dictadura, se consolidó una lógica política en la sociedad que instauró un tipo de politización mucho más callejera, movilizada y comprometida, donde la idea de participar, expresarse y organizarse por diversas causas pasó a ocupar un lugar muy importante. Nosotros en el país por ahí no lo percibimos, pero prácticamente en la Argentina se movilizan todos y por todo tipo de cuestiones. En muy pocos países del mundo ocurre algo así. Con eso, la idea de recuperar a la política como proyecto de transformación es una de las mejores herencias de lo que implicó el 2001.

-¿Encontrás similitudes entre lo sucedido en el gobierno de De la Rúa y el de Mauricio Macri?

-Te diría que tristemente sí, que lamentablemente encuentro muchas similitudes. Ojo, también hay diferencias, las cuales son muy importantes también. Pero a nivel económico, el programa es similar: una decidida política de endeudamiento sistemático por parte del Estado, favorecer al sistema financiero por sobre el productivo, descuidar el mercado interno, concentrar ingresos, ampliar las desigualdades, aumentar el desempleo, buscar flexibilizar el trabajo y todas las demás recetas típicas del neoliberalismo son las mismas. Además, con el retorno al Fondo parece cartón lleno: Blindaje, megacanje, ajustes permanentes, un superministro, castigar a los jubilados, quererle darle un rol a las Fuerzas Armadas en la seguridad interna para reprimir la conflictividad social son lógicas y etapas casi idénticas. En cuanto a lo político, te diría que también hay coincidencias: Cambiemos como la Alianza es una coalición no peronista en la cual un intendente porteño la encabeza y la UCR aporta la estructura política nacional, repitiendo elencos de gobierno centrales (desde Patricia Bullrich, Carrió, Larreta y Sturzenegger, hasta Aguad, Dujovne, Lombardi y Loperfido –por nombrar algunos- que fueron y son parte del mismo programa neoliberal).

-¿Por qué crees que la Argentina vive tan presa del dólar?

-Es una pregunta difícil para la cual no hay un consenso unánime. Muchos rastrean los orígenes a las consecuencias del Rodrigazo de 1975, que prácticamente licuó los ahorros bancarios de millones de personas de un solo golpe. Otros lo complementan con la reforma financiera de Martínez de Hoz de abril de 1977, ya que a 3 meses de eso se empezaron a publicar los primeros departamentos en dólares como estrategia defensiva frente a la inflación. Por supuesto, también hay un efecto aprendizaje histórico: en la Argentina las crisis siempre se daban por la falta de dólares, por lo cual comprarlos resultaba el mejor modo de proteger el ahorro y/o especular. Además, existen otros dos elementos centrales. Por un lado, existe una amplia franja de la población con una buena capacidad de ahorro (con un poder adquisitivo no muy lejano al que existe en Europa), donde dicha franja tiene un alto nivel cultural, es cosmopolita, puede viajar al exterior y cuenta con cierto acceso a bienes importados. La existencia de esta importante masa crítica de la población se liga con otro factor y a todo lo que mencioné antes: las que verdaderamente perfeccionaron su forma de proteger su capital y ahorro a través de la compra de dólares son las clases altas, las cuales han logrado mecanismos cada vez más eficientes y aceitados para girar esos dólares al exterior. Y las clases medias acomodadas con el tiempo han aprendido a imitar y copiar a las altas, replicando sus comportamientos. Por último, el comportamiento de las clases altas demuestra que estas –a diferencia de lo que ocurre en otras naciones- no tienen un proyecto de país que sientan como propio y que sólo practican una estrategia del tipo “sálvese quien pueda”. Por eso compran dólares, los fugan y el resto de la población las imitan. Así el país no tiene futuro.

-¿Qué consecuencias puede llegar a tener para la economía argentina el regreso al FMI? ¿Qué consecuencias podrían traer sus políticas de ajuste?

-Lo que demuestran todas las experiencias históricas es que la única consecuencia que puede generar el programa acordado con el fondo es profundizar las políticas de ajuste y concentración económica. No se puede esperar más que hambre, desempleo y ajuste. Van a seguir endeudando al país para salvar una política económica destinada al fracaso. El dólar, la inflación y la recesión solo van a empeorar de acá al futuro. El único enigma es cuánto esté dispuesta a aguantar la población, si va a reaccionar o va a seguir siendo pasiva.

-En poco más de un año se vota a presidente ¿Pensás en una definición entre Macri y Cristina? ¿Puede algún otro candidato disputar el máximo poder en 2019?

-Por ahora el escenario está todo revuelto. Honestamente, dudo mucho que Macri pueda llegar competitivo a 2019. Sin ser exagerado o tremendista, me parece que es muy difícil que llegue a completar su mandato. Creo que lo más factible es que tengan que adelantar las elecciones. Por el lado de Cristina, su alto nivel de rechazo en algunas franjas sociales por ahora hace imposible de que ella vuelva a ser presidenta. Habría que ver si su espacio logra presentar una formula competitiva, lo cual no habría que descartarlo. Por eso, me parece que el 2019 va a ser indefectiblemente peronista, el tema es si el que va a coronar eso es el peronismo filo-kirchnerista o el peronismo filo-massista. Aunque también habría que ver cómo se reconfigura el macrismo tras su fracaso, ya que Vidal, Larreta o algunos sectores del radicalismo van a seguir siendo candidatos de fuste y no creo que se hundan con Macri.

-¿Crees que no existen más opciones que el ajuste, cómo se dice desde el Gobierno?

-No, para nada. El ajuste es sólo un camino posible. Pero solo uno. Siempre existen alternativas. El tema es que por el carácter del macrismo va a intentar descargar los costos de la crisis sobre los sectores asalariados presentando al ajuste como inevitable. Pero eso lo hace porque no quiere descargar dicho costos sobre otros sectores sociales que son a los que verdaderamente representa y que son las bases efectivas de su poder. Antes de ir contra el campo, el sector financiero, los bancos u otros sectores del capital concentrado va a preferir cortarse una mano. Si en medio de esta crisis decidió no reinstaurar las retenciones o los controles de capital como mecanismos para amortiguar los impactos más duros de la “tormenta” y seguir como si nada, es una señal de que el gobierno prefiere morir con la botas puestas y en su ley, antes de intentar su supervivencia política o moderar el desastre al costo de traicionar su identidad o a su clase social. Lo mismo hizo De la Rúa con Cavallo y así terminaron.

-Cómo te parás, desde tu lugar de docente, frente a la llamada grieta?

-Es todo un tema. Tal cual se suele presentar trato de desarmarla o de cuestionar cómo está estructurada. Intento que el odio hacía el peronismo no sea el principal operador político. Me parece bien que existan antagonismos, disputas y conflictos. Los cuales además son inevitables, siempre existieron y siempre van a existir. El conflicto es un motor social y un motor de la historia. El tema es que los puntos de disputa puedan ser otros y no simplemente el odio a Cristina, porque eso ciega y obtura el pensamiento. Trato de que las disputas se centren en programas, ideas, objetivos y reivindicaciones, cualquiera sean estos. Además, el desafío es que las diferencias sean dialéctizables, que puedan ser pensadas, cuestionadas y que se realice algún tipo de esfuerzo por entender al otro y la legitimidad de tener una posición diferente a la de uno. Si se logra eso, ya es todo un logro para el aprendizaje, para el pensamiento e incluso para la democracia.

-En las últimas semanas el dólar llegó a 40 pesos y marcó una profunda devaluación en el peso argentino, las subas se proyectaron a los precios y la economía argentina transita momentos de incertidumbre ¿Cómo considerás que el FMI leerá este momento de cara al préstamo que se pactó hace poco más de un mes?

En principio, lo obvio: que falló el acuerdo concertado en junio, el cual se había basado en premisas profundamente irreales. Lo que están tratando de acordar ahora no es distinto. Se basa en otro categórico error de diagnóstico que también, indefectiblemente, va a fracasar porque se sostiene en la premisa (muy equivocada por cierto) de que el problema es el déficit fiscal. Por eso suponen que haciendo un superajuste del gasto, tal como hizo la Alianza en 2001, van a tener un presupuesto con “déficit cero” y con ello recuperar la confianza de los mercados. Descuidando el plano externo, los vencimientos de deuda próximos, la fuga de capitales y la falta de dólares que tiene la economía argentina para cubrir todo esto (y que es el verdadero problema). De este modo, la ayuda que pueda venir del FMI sólo va a ser un respirador artificial para mantener con vida al gobierno, aunque es evidente que sin esos recursos excepcionales el país ya estaría en default. En consecuencia, la situación financiera va a seguir deteriorándose, quedando cercana a una explosión económica y ese acuerdo no va a servir para otro cosa que seguir ajustando la economía, que suba la pobreza, caigan los salarios y todo se deteriore a mayor velocidad.

-¿Crees que la sociedad estará dispuesta a movilizarse o se mostrará pasiva en los próximos meses, principalmente a fin de año?

-Me parece que el aumento de la movilización es inevitable. El gobierno creo que también lo piensa: no es casualidad que haya decidido volver a darle un rol en la seguridad interna a las Fuerzas Armadas (un terrible retroceso en 35 años de vida democrática). No es casualidad que lo haga justamente ahora. Lo hace porque sabe que la conflictividad social, las protestas y las movilizaciones van a subir muchísimo, e incluso teme estallidos sociales que se lo lleven puesto. De ahí que, tristemente, sólo tengan a la carta represiva como estrategia para enfrentar la suba de la efervescencia social, la licuación de ingresos y la caída en las encuestas y que las políticas de ajuste no van a hacer más que profundizar.

-¿Estamos más cerca de 2001 o de 1995?

-El camino cada vez es más parecido al 2001. Aunque como ya aclaré, no es igual. Cada crisis tiene sus particularidades. No creo que esto termine, por ejemplo, con otro corralito. Lo que sí, como lo hablábamos antes, el gobierno tiene desafíos que no creo que pueda resolver: o bien va a venir una explosión social o bien va a venir una explosión económica financiera, las cuales lo van a superar, sin que la carta represiva le alcance. Además, el FMI puede cortarles los desembolsos antes y hacer así que el naufragio se acelere. Las verdaderas tormentas, para usar el vocabulario de Macri, no son las que pasaron sino que las que están por venir.

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