Hezbolá ha pagado un alto precio por entrar en guerra con Israel el 2 de marzo: Israel ha ocupado una parte del sur del Líbano, ha desplazado a cientos de miles de sus seguidores chiíes y ha matado a varios miles de sus combatientes, según estimaciones de bajas no divulgadas hasta ahora procedentes del propio grupo.
La medida también ha acarreado graves consecuencias políticas. En Beirut, se ha endurecido la oposición a su condición de grupo armado, que sus rivales internos consideran que expone al Líbano a repetidas guerras con Israel.
En abril, el Gobierno del Líbano mantuvo conversaciones cara a cara con Israel por primera vez en décadas, una decisión a la que Hezbolá se opuso firmemente.
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Sin embargo, más de una decena de responsables de Hezbolá declararon a Reuters que ven una oportunidad de revertir su suerte, cada vez más precaria, alineándose con Teherán en su guerra contra Israel y Estados Unidos.
El grupo, fundado por el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán en 1982, abrió fuego dos días después del inicio del conflicto, que comenzó con los ataques estadounidenses e israelíes contra Irán el 28 de febrero.
Los cálculos del grupo se basan en la valoración de que su participación obligaría a incluir al Líbano en la agenda de las negociaciones entre Estados Unidos e Irán, y que la presión iraní puede garantizar un alto el fuego más sólido que el que entró en vigor en noviembre de 2024 tras un conflicto desencadenado por la guerra en Gaza, según afirmaron los responsables.
Hezbolá sufrió un duro revés en la última guerra, en la que murió su líder, Hasan Nasralá, junto con unos 5.000 combatientes, y se debilitó su dominio, durante mucho tiempo incontestable, sobre el Estado libanés.
El diputado de Hezbolá Ibrahim al-Moussawi negó que el grupo actuara en nombre de Irán cuando reanudó las hostilidades, como alegan sus oponentes. Declaró a Reuters que Hezbolá vio una oportunidad para "romper este círculo vicioso (...) en el que los israelíes pueden atacar, asesinar, bombardear y matar sin que haya represalias".
Reconoció las pérdidas y los daños en el sur del Líbano, pero afirmó que "no se entra a hacer cálculos de cuántos van a morir" cuando están en juego "el orgullo, la soberanía y la independencia".
Aunque el alto el fuego mediado por Estados Unidos que entró en vigor el 16 de abril ha supuesto una reducción significativa de las hostilidades, Israel y Hezbolá han seguido intercambiando golpes en el sur, donde Israel mantiene tropas en una "zona de amortiguación" autoproclamada.
Yezid Sayigh, investigador principal del Carnegie Middle East Center de Beirut, afirmó que Hezbolá había "demostrado más resistencia de la que muchos creían posible, pero eso no supuso una ganancia estratégica en sí misma".
"Lo único que frenará a Israel es un acuerdo global entre Estados Unidos e Irán", afirmó. «Sin un acuerdo, habrá mucho sufrimiento para todos. En el mejor de los casos, un doloroso estancamiento".
TUMBAS LLENAS
Más de 2.600 personas han perdido la vida desde el 2 de marzo, de las cuales cerca de una quinta parte son mujeres, niños y personal sanitario, según informó el Ministerio de Salud libanés. Su balance no distingue entre civiles y combatientes.
Tres fuentes, dos de ellas funcionarios de Hezbolá, afirmaron que las cifras del ministerio no incluyen muchas de las bajas del grupo. Según ellos, varios miles de combatientes han perdido la vida, aunque el grupo aún no tiene una visión completa de la situación.
La oficina de prensa de Hezbolá afirmó que la cifra de varios miles es inexacta, pero que el grupo no dispone del recuento completo. Remitió a Reuters a las cifras del Ministerio de Salud.
Una de las fuentes, un comandante de Hezbolá, afirmó que decenas de combatientes se habían desplazado a las localidades del frente de Bint Jbeil y Khiyam con la intención de luchar hasta la muerte. Sus cuerpos aún no han sido recuperados.
En los suburbios del sur de Beirut, controlados por Hezbolá, más de dos docenas de tumbas recién excavadas se llenaron rápidamente con los cuerpos de los combatientes en los días posteriores a la entrada en vigor del alto el fuego. Sencillas lápidas de mármol identifican a algunos como comandantes y a otros como combatientes.
Solo en una aldea del sur, Yater, el consejo registró la muerte de 34 combatientes de Hezbolá.
La comunidad musulmana chií libanesa ha soportado el peso de los ataques de Israel, viéndose obligada a huir a zonas cristianas, drusas y otras, donde muchos culpan a Hezbolá de haber iniciado la guerra.
Israel ha estado afianzando su control sobre una zona de seguridad que se extiende hasta 10 kilómetros dentro del Líbano y demoliendo pueblos, alegando que su objetivo es proteger el norte de Israel de los ataques de los militantes de Hezbolá infiltrados en zonas civiles.
Un funcionario del Gobierno israelí afirmó que Hezbolá había violado el alto el fuego de noviembre de 2024 al disparar contra ciudadanos israelíes el 2 de marzo. La amenaza para el norte de Israel será erradicada, afirmó, añadiendo que miles de militantes de Hezbolá habían sido abatidos y que Israel está destruyendo progresivamente la infraestructura del grupo.
El ejército israelí afirma que Hezbolá ha lanzado cientos de cohetes y drones desde el 2 de marzo. Israel ha anunciado la muerte de 17 soldados en el sur del Líbano, además de dos civiles en el norte de Israel.
Citando los continuos ataques israelíes, Hezbolá ha calificado el alto el fuego de abril de "sin sentido" y ha continuado con sus ataques.
IRÁN "NO VENDERÁ" A SUS AMIGOS
Un diplomático que mantiene contacto con Hezbolá describió su decisión de entrar en la guerra como una gran apuesta y una estrategia de supervivencia, afirmando que consideraba necesario formar parte del problema para poder formar parte de una eventual solución regional. Aún está por ver si la apuesta dará sus frutos.
Teherán ha exigido que la campaña de Israel contra Hezbolá se incluya en cualquier acuerdo sobre la guerra en general. No obstante, Trump dijo el mes pasado que cualquier acuerdo que Washington alcance con Teherán "no está sujeto en modo alguno al Líbano".
Un portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de Pakistán, Tahir Andrabi, remitió a Reuters a una declaración del 16 de abril en la que afirmó que la paz en Líbano era esencial para las conversaciones que está mediando entre Washington y Teherán.
Un funcionario occidental señaló que es posible que ambos lleguen finalmente a un acuerdo que no aborde la guerra en el Líbano. Al ser preguntados al respecto, el Departamento de Estado estadounidense, la misión de Irán ante Naciones Unidas en Ginebra y el Gobierno del Líbano no hicieron comentarios de inmediato.
Moussawi, de Hezbolá, afirmó que un alto el fuego en Líbano sigue siendo una prioridad máxima para Irán, y añadió que Teherán comparte los objetivos libaneses, entre ellos que Israel cese los ataques y se retire de su territorio. Hezbolá tiene "plena confianza en Irán: que los iraníes no traicionarán a sus propios amigos", afirmó.
El Departamento de Estado remitió a Reuters a una entrevista que el secretario de Estado Marco Rubio concedió a Fox News el 27 de abril, en la que afirmó que Israel tiene derecho a defenderse de los ataques de Hezbolá y que no cree que Israel quiera mantener su zona de amortiguación en el Líbano de forma indefinida.
Estados Unidos ha instado a Israel "a asegurarse de que sus respuestas sean proporcionales y selectivas", afirmó.
Cuando se anunció el alto el fuego del 16 de abril, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, afirmó que el desarme de Hezbolá sería una exigencia fundamental en las conversaciones de paz con el Líbano.
Hezbolá ha descartado el desarme, alegando que la cuestión de sus armas debe tratarse en un diálogo nacional. Cualquier intento del Líbano de desarmar al grupo por la fuerza correría el riesgo de desencadenar un conflicto en un país devastado por la guerra civil entre 1975 y 1990.
El presidente del Líbano, Joseph Aoun, y el primer ministro, Nawaf Salam, llevan desde el año pasado buscando el desarme pacífico de Hezbolá. El 2 de marzo, el Gobierno prohibió las actividades militares del grupo. Hezbolá ha exigido al Gobierno que revoque esa decisión y ponga fin a sus conversaciones directas con Israel.
Funcionarios libaneses dijeron a Reuters que consideran que las conversaciones directas con Israel bajo los auspicios de Estados Unidos son la mejor forma de garantizar un alto el fuego duradero y la retirada de las tropas israelíes, ya que solo Washington tiene suficiente influencia sobre Israel para lograr esos objetivos.
(Reporte adicional de Rami Ayyub y Pesha Magid en Jerusalén, Saad Sayeed en Islamabad y Olivia Le Poidevin en Ginebra; escrito por Tom Perry; editado en español por Carlos Serrano)
