Cómo alejan el redistritaje y la Corte Suprema a votantes en elecciones de noviembre en EEUU

03 de mayo, 2026 | 17.07

El número de circunscripciones competitivas ​para la Cámara de Representantes de Estados Unidos en las elecciones de mitad de legislatura de este otoño boreal ya se encontraba cerca de mínimos históricos antes de que la decisión de la Corte Suprema del miércoles abriera la puerta a iniciativas aún más agresivas para trazar ‌los límites de las circunscripciones con fines políticos.

El fallo del ‌tribunal, que se produce en medio de una lucha nacional sin precedentes sobre la redistribución de distritos del Congreso, podría marcar el comienzo de una nueva era de manipulación descaradamente partidista de los distritos electorales que dé lugar a comicios aún menos reñidos, dejando a los votantes con menos poder que nunca, según los expertos.

La falta de contiendas competitivas significa que es probable que el control de la Cámara de Representantes se decida en noviembre por menos del 10% de los ciudadanos, con los ganadores en la gran mayoría de los distritos prácticamente asegurados antes de que se emita un solo voto, según un análisis de Reuters.

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Según el análisis, sólo 32 de los 435 escaños de la Cámara se consideran actualmente competitivos. Esos distritos fueron calificados como reñidos o con tendencia ​hacia los demócratas o los republicanos por tres ⁠de los principales analistas independientes: Cook Political Report, Crystal Ball de la Universidad de Virginia e Inside Elections.

La mayoría de los demás distritos simplemente ‌están fuera de juego. Cook, por ejemplo, califica 375 escaños, más del 85% de la Cámara, como "firmemente republicanos" o "firmemente demócratas", lo ⁠que significa que sus analistas no esperan que sean objeto de una contienda seria.

Otras 28 ⁠contiendas son "probablemente" republicanas o demócratas, según Cook, lo que significa que no son competitivas en la actualidad, pero podrían llegar a serlo en nuevas circunstancias. Este año cuenta con el menor número de contiendas competitivas por la Cámara en esta fase del ciclo electoral desde al menos 2008, según un archivo de ⁠Cook.

Los demócratas solo necesitan ganar tres escaños para obtener la mayoría en la Cámara, lo que les daría el poder de bloquear la ​agenda legislativa del presidente Donald Trump e iniciar investigaciones sobre su administración.

La reducción del campo de batalla es ‌el resultado de varios factores, entre ellos el aumento de la polarización política. ‌No obstante, la instrumentalización del redistritaje, o "gerrymandering" —que se ha intensificado desde el año pasado, cuando Trump comenzó a presionar a los republicanos para ⁠que trazaran nuevos mapas— es un elemento crítico que solo va a acelerarse tras la sentencia de la Suprema, según los expertos.

"Ahora nos encontramos en un ciclo de guerras de 'gerrymandering'", afirmó Justin Levitt, profesor de la Facultad de Derecho de Loyola y responsable del sitio web All About Redistricting. "Lo que solía ser una guerra fría se ha vuelto muy caliente".

El tribunal vació de contenido una disposición de la Ley Federal de Derechos Electorales que impedía a las legislaturas estatales desmantelar ​distritos con una mayoría ‌de votantes pertenecientes a minorías raciales.

Los observadores políticos esperan que los estados liderados por los republicanos se centren en una docena o más de escaños controlados por los demócratas, con mayoría negra y latina, que antes gozaban de protecciones más sólidas.

"Creo que la situación empeorará antes de mejorar", afirmó Levitt. "Y creo que hay mucho margen para que empeore".

"SIN BARRERAS DE SEGURIDAD"

La falta de distritos competitivos puede tener consecuencias para el Congreso, afirmó Matthew Klein, analista de Cook. Si los candidatos a la Cámara sólo necesitan atraer a su base de votantes ⁠para ganar las elecciones, en lugar de a los moderados o a los miembros del partido contrario, es más probable que se inclinen hacia los extremos en lugar de hacia el centro político.

"Si nos fijamos en el Congreso y en cómo actuaba hace 20 años, hace 30, o incluso más atrás, vemos un Congreso menos enconado y también más productivo", afirmó. "Antes se aprobaban proyectos de ley con amplias mayorías en cuestiones importantes. Ahora ya no vemos eso".

El "gerrymandering" ha sido durante mucho tiempo una característica de la democracia estadounidense, pero esta práctica se ha intensificado en los últimos años a medida que se han derribado las barreras de protección, tanto legales como institucionales.

En 2019, la Suprema dictaminó que, aunque el "gerrymandering" partidista puede ser antidemocrático, los tribunales federales no tienen competencia para regularlo.

El año pasado, Trump presionó con éxito a los republicanos ‌de Texas para que descartaran su mapa y trazaran uno nuevo dirigido contra cinco titulares demócratas, lo que desencadenó una carrera armamentística a nivel nacional que se extendió a casi una docena de estados más.

Esa medida acabó con lo que había sido una norma tradicional que limitaba la mayoría de las redistribuciones de distritos al inicio de cada década, una vez completado el recuento de población del censo de Estados Unidos.

La sentencia de la Suprema ha dado aún más margen a los legisladores para trazar distritos en beneficio de su partido. Y todos estos acontecimientos se han producido en un contexto de avances tecnológicos, en el que los responsables ‌de trazar los mapas son capaces de identificar a los votantes demócratas y republicanos hasta el nivel de bloque censal.

"Si no hay barreras de seguridad, no hay barreras de seguridad", dijo Levitt. "Creo que la limitación ahora es la 'realpolitik' y la imaginación, no un simple 'eso no se hace'".

El "gerrymandering" no es el único culpable de la falta de distritos competitivos. ‌Los votantes se han polarizado geográficamente, ⁠ya que las zonas rurales se han inclinado hacia el conservadurismo, mientras que las regiones suburbanas se han desplazado hacia la izquierda.

Y al igual que los miembros de la Cámara se han polarizado más, también lo han hecho los votantes. El voto dividido, ​en el que los ciudadanos elegían a un candidato de un partido para un cargo superior y a otro para un cargo inferior, solía ser bastante común, pero ya no lo es.

En 2000 hubo 86 miembros de la Cámara de Representantes elegidos cuyos distritos votaron por el candidato presidencial del partido contrario, según una investigación de Kyle Kondik, director editorial de Crystal Ball. En 2024, esa cifra se redujo a 16.

(Reporte adicional de Jason Lange; editado en español por Carlos Serrano)