El embajador brasileño en Buenos Aires, Júlio Bitelli, no regresará por el momento a su sede en la capital argentina tras haber sido convocado a consultas por el gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva. La decisión se adoptó luego de las evaluaciones llevadas a cabo en Brasilia entre el diplomático, el presidente brasileño y el canciller Mauro Vieira, en respuesta a los exabruptos lanzados por el mandatario argentino Javier Milei durante un acto político del bolsonarismo el pasado fin de semana.
A partir de este escenario, la conducción operativa de la embajada brasileña en Buenos Aires quedará temporalmente a cargo del encargado de negocios de la misión. Fuentes del Ministerio de Relaciones Exteriores de Brasil indicaron que Bitelli permanecerá en su país de forma indefinida a la espera de gestos o respuestas de la administración argentina, descartando por ahora medidas diplomáticas de mayor severidad, como el cierre formal de la representación. "Mi relación es una de jefe de Estado con el Estado. Me cae bien el pueblo argentino y no voy a entrar en un intercambio verbal; si el presidente argentino demuestra odio, responderemos con diplomacia", remarcó el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva.
El conflicto se originó tras la participación de Javier Milei en un encuentro partidario en San Pablo organizado para respaldar la candidatura de Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro. Durante su discurso, el presidente argentino arremetió contra las principales autoridades del país anfitrión, tildando de "presidiario" a Lula da Silva y descalificando al magistrado del Tribunal Supremo, Alexandre de Moraes, instructor de las causas judiciales por intento de golpe de Estado contra la gestión anterior.
Pese a la gravedad institucional de los descalificativos, Lula da Silva optó por evitar una escalada directa en el terreno dialéctico. Durante una presentación pública en la que ratificó que el vicepresidente Geraldo Alckmin volverá a integrar su fórmula ejecutiva para las elecciones presidenciales de octubre de 2026, el mandatario definió las descalificaciones como una "payasada", pero aseguró que no romperá el eje de convivencia pacífica con la Argentina. La estrategia trazada por el Palacio de Itamaraty apunta a encapsular el conflicto en el plano político personal y proteger los vínculos comerciales y estratégicos entre ambas naciones.
Con información de EuropaPress.
