Perú elegirá el domingo a su próximo presidente entre la derechista Keiko Fujimori y el izquierdista Roberto Sánchez, con la expectativa de cerrar una década de profunda inestabilidad política en la que ningún gobernante logró terminar su mandato.
Quien gane la presidencia recibirá una nación golpeada por escándalos de corrupción y el avance de la criminalidad, además de un Congreso fragmentado donde la concertación será vital para frenar la constante pugna de poderes que, desde 2018, ha provocado la caída o renuncia de ocho mandatarios.
En la primera vuelta del 12 de abril, afectada por enormes fallos logísticos, Fujimori y Sánchez pasaron a un balotaje con una votación conjunta de solo casi 30%, mientras que más dos tercios apoyaron otras opciones, según datos oficiales.
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Para la segunda ronda, los dos postulantes aparecen prácticamente empatados en la intención de voto, según las encuestas, mientras que un 27% de los votantes aún se mantiene indeciso.
"Este alto porcentaje de gente que vota en blanco y viciado (...) va a decidir por quien considere el menos malo. Lo que puedo decir es que no hay un panorama definido para ninguno", dijo Urpi Torrado, CEO de Datum Internacional.
Fujimori, que postula por cuarta vez a la presidencia y es considerada pro libre mercado, ha prometido mano dura contra la delincuencia evocando la figura de su fallecido padre y exmandatario Alberto Fujimori, que estuvo 16 años preso por abusos a los derechos humanos en su gobierno hace tres décadas.
El tema de seguridad ha dominado las elecciones en Perú, reflejando una tendencia más amplia en América Latina que ha visto elevar el atractivo de candidatos de línea dura como Nayib Bukele de El Salvador y José Antonio Kast de Chile.
Sánchez, legislador y heredero político del expresidente izquierdista Pedro Castillo, ha moderado por su parte sus planes de reforma económica a última hora en busca de votos del centro y con la intención de calmar a los inversionistas preocupados por un modelo radical.
Ser presidente en Perú se ha convertido en un cargo de alto riesgo. Su permanencia ha pendido de un hilo en los últimos años porque han sido expulsados por el Congreso o dimitieron acorralados por investigaciones de presunta corrupción.
FIGURA DEBILITADA
Cuatro exmandatarios están actualmente en prisión por corrupción o rebelión, entre ellos Castillo -condenado por intentar disolver el Congreso-. El expresidente Fujimori murió en 2024 tras recuperar su libertad por un indulto.
Analistas se preguntan hasta cuándo duraría el escenario de incertidumbre en Perú, el tercer productor mundial de cobre y cuya economía se mantiene, pese a todo, estable y con baja inflación.
Para el politólogo y abogado Jeffrey Radzinsky, el liderazgo presidencial se ha debilitado en Perú, especialmente por el hecho de que los candidatos que pasaron al balotaje en las dos ultimas elecciones lo hicieron con poco respaldo.
"En el imaginario colectivo la figura del presidente de la República ha perdido peso", afirmó. "Debimos tener dos presidentes en una década y tuvimos ocho, y vamos a elegir al noveno. Comprenderá que para millones de peruanos el cambio de un presidente no supone una fractura ni para bien ni para mal".
Casi la mitad de los peruanos cree que quien gane la presidencia tampoco completará su mandato de cinco años, mientras que un 31% dijo que sí lo logrará, según el sondeo del Instituto de Estudios Peruanos (IEP) difundido en abril.
Para expulsar a un presidente se requiere el voto de dos tercios en el Congreso, que luego de tres décadas volverá a tener una cámara de senadores y otra de diputados.
El cuerpo de senadores será ahora el filtro final para definir el futuro de un presidente, que puede ser destituido bajo la figura de "incapacidad moral", según la Constitución.
Fujimori sería menos vulnerable a una expulsión porque contaría con el apoyo de partidos de derecha en el Senado, mientras Sánchez estaría a merced de los conservadores, sostienen analistas.
Un resultado electoral muy estrecho, como ha ocurrido en los dos últimos comicios presidenciales, podría ser puesto en duda por el perdedor y provocar agitación política en las calles, algo que se traduciría en un lastre para el nuevo gobernante.
A fines del 2022, tras el arresto y destitución de Castillo, estalló una protesta que se prolongó por varios meses y dejó más de 50 muertos por choques entre la policía y pobladores, principalmente de zonas andinas del país.
Unos 27,3 millones de peruanos están habilitados para votar desde 0700 hora local (1200 GMT) hasta las 1700 horas.
Con información de Reuters
