Caetano Veloso, pilar del tropicalismo, un "Divino Maravilhoso" canto de libertad

06 de agosto, 2022 | 11.59

(Por Carolina Santos y Silvia Arcidiacono).- Capaz de recoger la herencia de la bossa nova y combinarla con influencias autóctonas e internacionales para generar un cóctel vigoroso y libertario en tiempos de dictadura militar, el tropicalismo marcó la impronta de sus integrantes, entre ellos, el genial Caetano Veloso que mañana cumple 80 años.

Es una tarde de 1970: en una fiesta familiar de San Pablo alguien pone un disco y comienza a sonar “Yo soy terrible” de Roberto Carlos. Los niños corren al centro de la pista y lo que sigue es una erupción de melenas rebotando y cuerpos sacudiéndose. Pero esa catarsis es interrumpida por el repiqueteo de las herraduras de los caballos de la policía militar contra el empedrado.

Dicha escena de "O ano em que meus pais sairam de ferias" (2006), una película ambientada en aquel 1970, pone de manifiesto, como bien señala el sociólogo venezolano Diego Larrique, uno de los elementos que componían el escenario cultural y social de Brasil que propició el surgimiento del tropicalismo: la tensión entre costumbrismo y las influencias extranjeras en la construcción de su identidad musical.

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Pero no es el único: justamente, el sonido que irrumpe en la escena evoca a la dictadura militar (1964-1986) como otro de los elementos que configuraban el cuadro de situación del país.

Ya en la década del 50 la música brasileña había experimentado una renovación con la bossa nova, fundada por Tom Jobim y Joao Gilberto, que habían incorporado al samba tradicional elementos del jazz norteamericano y la música clásica para crear un género nuevo que viajaría por todas partes del mundo como un gran producto de exportación.

Con la bossa nova ya en retirada a partir de la segunda mitad de la década del 60, se abría paso la segunda generación del género, una nueva camada de jóvenes músicos que se reunían en la casa de Nara Leao y que buscaban incorporar otras sonoridades del interior del Brasil y letras que abordaran la situación social y política del país.

Jóvenes que imitaban la ropa, el baile y la música de artistas del rock'n roll como los Rolling Stones o los Beatles, se integraban, por caso, al movimiento de La Jovem Guardia, que tomó su nombre de un programa musical de TV Récord creado en 1965, y que nucleaba a artistas como Roberto Carlos, Sérgio Reis, Os Vips, Golden Boys, Jerry Adriani Erasmo Carlos, Wanderléa, Ronnie Von, verdaderos ídolos de la juventud.

Ante este panorama, había quienes no se contentaban con la encerrona que presentaba la floreciente industria musical y procuraban echar mano de todos los recursos artísticos, fueran locales o foráneos, y poder usar la masividad de los medios sin tener que entrar en su juego.

Tal era el caso de Caetano Veloso, quien quería encontrar formas de hacer arte brasileño sin perderse de los aportes que otras culturas podían ofrecerle. Quedarse en la comodidad de la bossa nova tampoco lo entusiasmaba. Quería retomar el legado de Joao Gilberto y llevarlo un poco más allá.

Fue su hermana María Bethania (cuatro años menor) la que impulsó esta postura cuando le preguntó por qué se quedaba en ese pequeño mundo aburrido. Y lo mandó a ver el programa de Roberto Carlos porque decía que lo que había ahí era vitalidad.

Caetano también encontró vitalidad en la obra de teatro “O Rei da vela”, del autor Oswald de Andrade que, en 1928, publicó el "Manifiesto Antropófago". Una pieza documental de enorme trascendencia que propuso, a partir de la antropofagia cultural, la apropiación creativa como práctica de reinvención.

Caetano fue quien lideró esta agrupación de rebeldes inconformistas que impulsaron el tropicalismo, un movimiento que planteaba desdibujar las fronteras entre lo clásico y lo moderno, lo sofisticado y lo popular, lo nacional y lo extranjero para generar un arte completamente novedoso.

Mezclaban el folclore nordestino con sonidos del soul y blues norteamericanos y guitarras eléctricas. Todo bien batido y abrasilerado. Estos “bichos raros” de Bahía, Río de Janeiro y San Pablo usaban ropas extravagantes, llamativas, crearon nuevas formas de vestirse, hacer música y comportarse arriba del escenario.

Y lo plasmó desde presentaciones en festivales, como la de Gilberto Gil junto a Os Mutantes y en su programa “Divino Maravilhoso”, que, con solo tres meses en el aire, se ocupó de proclamar y ejercer su mensaje: sean libres.

En su corta existencia, del 67 al 69, el tropicalismo dio discos extraordinarios. El más emblemático es su LP grupal, de 1968, que también fue su manifiesto: “Tropicália ou Panis et Circensis”, que reunió a Caetano Veloso, Tom Zé, Nara Leao, Gilberto Gil, Gal Costa, Os Mutantes y Rogério Duprat.

Con información de Télam

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