Luego de conocerse el flaco nivel de abril pasado, los economistas se dividen entre quienes piensan que en el segundo semestre por fin llegará el momento de una reactivación más clara de la actividad y quienes, al contrario, prefieren mostrar cautela o son incluso pesimistas acerca de la marcha de la economía en los próximos meses.
Esta semana, el Indec reveló que el Estimador Mensual de la Actividad Económica (EMAE) creció un 1,6% interanual en abril, aunque registró una baja desestacionalizada del 1,5% respecto a marzo.
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El escenario no fue muy distinto del de los meses previos. Es decir, una suba de la actividad total, aunque con un menor impulso que el año pasado. Y, además, una continuidad de la economía a dos velocidades.
En este sentido, la actividad volvió a sostenerse gracias al crecimiento de los sectores de poco impacto en el empleo, como el agro, la minería, la intermediación financiera y la energía. Mientras que, al contrario, los sectores de más impacto laboral, como industria, comercio y construcción, volvieron a caer.
A resumidas cuentas, la tendencia de la actividad del primer cuatrimestre fue más bien magra. Con la caída de febrero incluida, el acumulado de enero a abril fue de 2,1% respecto al mismo período de 2025, ya lejos del crecimiento interanual por encima del 4% o 5% que mostraba el EMAE en el segundo semestre del año pasado.
¿Sube, se mantiene o cae? La perspectiva de las consultoras sobre la actividad en el segundo semestre
Por eso, la pregunta de los economistas es qué le espera a la actividad en el segundo semestre de 2026: si el inicio de "los mejores meses" como había pronosticado Luis Caputo, si una prolongación de la merma del primer cuatrimestre, o si el paso directo a una etapa de caída más clara.
Las opiniones de las consultoras son divergentes. Y, en general, atadas a si creen o no que la inflación desacelerará y permitirá una recuperación relativa del salario real, que a su vez habilite a una recuperación del consumo interno.
Así, una de las que presenta una perspectiva optimista es OJF. "Hacia adelante vemos que las condiciones macroeconómicas están mostrando una mejora, lo que debería influir gradualmente en un cambio positivo en la marcha de la actividad. Esperamos que a esto se sume una mejora en los niveles de inversión y una mejora en los ingresos reales de las familias que impulse la demanda interna", señaló la consultora dirigida por Orlando Ferreres en ese sentido.
Por su parte, Outlier, que dirige Gabriel Caamaño Gómez, también remarcó que espera que "se sostenga la recuperación de los salarios del sector privado formal que arrancó en abril, en la medida en que la inflación se sostenga e, incluso, perfore el 2% mensual".
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La visión, a priori, es optimista. Sin embargo, la misma consultora deja entrever su condicionalidad y cautela. Por un lado, aclara que sostiene la proyección de crecimiento de 2,9% para 2026, una baja respecto a la previsión del 3% que sostenía hasta mediados de junio. Si bien la corrección es leve, da cuenta de que la dinámica de aceleración de la actividad ya parece haber alcanzado su techo.
Pero, además, Outlier advierte que este escenario también dependerá de la recuperación del "crédito al sector privado, cuyo stock real aún no muestra signos de reacción", y señala que "todavía está pendiente terminar de normalizar el régimen de encajes". En ese marco, agrega que "sigue vigente un trade-off de corto plazo entre velocidad de desinflación y recuperación de la actividad", lo que "la administración Milei deberá resolver en su foro interno".
Otras consultoras ya directamente son pesimistas de manera abierta. Para LCG, "en el corto plazo el posible derrame de los ganadores hacia el resto (será) limitado", mientras que "los beneficios de una macro menos volátil, en tanto esté apalancada en un tipo de cambio estable, pero ubicado en un nivel que atente contra los márgenes de varios sectores mano de obra intensivos, también serán acotados".
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En el mismo sentido, la consultora añadió que "la demanda interna sigue todavía deteriorada con el consumo cayendo al 3% y la inversión al 12%", y que "un eventual empuje del crédito a partir de la baja del costo difícilmente pueda revertir esta dinámica por sí solo; la tracción de los salarios recuperándose marginalmente por la desaceleración de inflación, tampoco".
Por eso, LCG concluyó: "No vemos drivers sólidos que traccionen un fuerte crecimiento en los próximos meses y mantenemos nuestra proyección de una expansión de la actividad for debajo del 3% anual promedio".
En resumen, la perspectiva para el segundo semestre no luce especialmente alentadora, y parece alejarse de la promesa de Caputo. Incluso el propio Orlando Ferreres, que presentó los informes más optimistas, buscó mostrarse cauto al alertar sobre el bajo nivel de inversión.
“No hay un ambiente inversor como hubo en otras épocas y entonces la gente no está interesada en invertir y arriesgar dinero futuro”, señaló el titular de OJF en diálogo con el periodista Maximiliano Montenegro. Y agregó que la inversión es actualmente del 14% o 15% del PBI, pero "cuando la Argentina anda bien tiene que estar entre 21 y 22%”, una condición clave para un verdadero despegue económico.
