El Ministerio de Economía envió al Congreso un avance del Presupuesto 2027 que, llamativamente, no incluye las proyecciones de las variables macroeconómicas. Pero, en cambio, sí revela un ajuste real o subejecución relativa en algunas partidas clave.
Se trata de un deber del Poder Ejecutivo, que, según la Ley 24.629, debe enviar al Parlamento un avance sobre la elaboración del Presupuesto entrante antes del 30 de junio de cada año.
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Lo curioso es que, a diferencia del avance presentado el año pasado, esta vez Luis Caputo evitó incluir las proyecciones macroeconómicas sobre inflación, tipo de cambio y crecimiento de la economía, tanto para 2026 como para 2027. Al contrario, se limita a afirmaciones vagas e imprecisas, sin ninguna cifra concreta.
Por ejemplo, aclara que para el período 2027-2029 se prevé un "contexto caracterizado por la consolidación de la estabilidad macroeconómica, la reducción de la inflación y la recuperación de los principales agregados de la demanda", y que "el escenario de mediano plazo contempla la consolidación de un proceso de crecimiento económico sostenido".
El informe abusa del potencial al señalar que en los próximos años "el mercado laboral continuaría exhibiendo una evolución favorable con una reducción de la tasa de desempleo" y que "la tasa de la pobreza continuaría reduciéndose, al igual que la indigencia que registraría una disminución gradual".
También, en lo que puede interpretarse como una tibia autocrítica sobre el atraso del poder adquisitivo, el documento aclara que "se prevé una desaceleración significativa de la inflación, lo que contribuirá a fortalecer la recuperación de los salarios reales y del ingreso disponible en los hogares", otra vez, sin precisar números.
De este modo, Caputo evita tener que plasmar lo que seguramente habría sido un deterioro en dos variables clave. Por un lado, en la inflación. A inicios de año, las consultoras (según el REM del Banco Central) estimaban que el IPC sería de un 22% para todo 2026. Pero en el último relevamiento, de hace un mes, esa cifra había trepado al 30% con el proceso de aceleración inflacionaria del primer trimestre a cuestas.
Además, en el REM de enero las consultoras proyectaban un crecimiento del PBI de un 3,2% en 2026, pero en el de mayo ese número bajó a 2,9%, de la mano de magras cifras de actividad en enero, febrero y abril.
Hasta ahora, el Gobierno no admitió oficialmente el empeoramiento en estos indicadores. Al contrario, las proyecciones plasmadas en el Presupuesto 2026 estipulaban una inflación de solo el 10,1% este año y un crecimiento del PBI de un 5%.
Así, reconocer una inflación tres veces mayor y un crecimiento de poco más que la mitad de lo estimado hasta ahora supondría dar una mala señal a los inversores globales. Justo en momentos en los que el Gobierno aspira a aprovechar la estabilidad macro para acelerar el regreso a los mercados internacionales, tal como pide el FMI.
Irónicamente, al omitir las variables macroeconómicas Luis Caputo pierde la oportunidad de mostrar una mejora en la expectativa sobre el precio del dólar, ya que el valor planchado de la divisa hasta inicios de mayo hizo que, para fin de año, ahora el mercado prevea un tipo de cambio a 1.658 pesos y no a 1.750 pesos como seis meses atrás.
Sin embargo, esto combinado con la aceleración inflacionaria sí hubiera mostrado la admisión oficial de un mayor atraso cambiario, cuando otro de los pedidos del FMI fue no depender excesivamente de este mecanismo para bajar la inflación.
El reverso del superávit: subejecución y caída del gasto real en partidas clave
En parlelo, lo que el avance del Presupuesto 2027 sí revela es tanto un atraso en la ejecución como una caída real del gasto en varias partidas clave, que no son otra cosa que el reverso del superávit primario y financiero que exhibe Javier Milei.
La más evidente es el desplome de las transferencias a las provincias. Entre enero y mayo de 2026, estas cayeron un 41% nominal respecto al mismo período de 2025, precisa el documento. También se eivdencia un derrumbe de la inversión real directa, que cayó un 13% nominal en la misma comparación.
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Otras partidas presentan subas nominales en el período, pero, teniendo en cuenta el 33% de inflación acumulada en el período (de mayo de 2025 a mayo de 2026), se convierten en ajustes reales respecto al gasto del año previo. Así, por ejemplo, se evidencia un fuerte ajuste en los salarios públicos (solo crecieron 26% en el período) y en las transferencias a universidades (solo crecieron 22%).
En cuanto a la ejecución, también hay varios rubros clave que se ubican por debajo del promedio general, que es del 39% a mayo pasado. Por caso, hay subejecución en el rubro salud (solo se ejecutió el 32% de lo presupuestado) y en el rubro "agua potable y alcantarillado" (solo se ejecutó el 30%).
El documento también evidencia una notoria subejecución en uno de los sectores más castigados por la política oficial como la industria (32%). Lo mismo ocurre en transporte (29%), tras fuertes subas del boleto de los colectivos nacionales del AMBA en el primer semestre con el propósito de reducir los subsidios al sector.
