Detrás de la aparente solidez del programa económico que celebra el Gobierno de Javier Milei, empiezan a asomar cada vez más interrogantes sobre la sustentabilidad del esquema. La acumulación de divisas convive con reservas netas frágiles, un nivel de endeudamiento creciente y una economía que muestra evoluciones muy desiguales. En este sentido, parte de esa estabilidad depende de un factor menos visible: que los dólares comprados por los propios ahorristas permanezcan dentro del sistema financiero.
Según un informe del Centro de Estudios Scalabrini Ortiz (CESO), los depósitos privados en moneda extranjera ya superan los USD 39.000 millones y, a través de distintos mecanismos financieros, esos fondos terminan fortaleciendo la posición externa del Gobierno y alimentando parte del financiamiento en moneda dura. A su vez, no es el único sostén del frente cambiario. Aunque el Banco Central compró USD 10.000 millones en lo que va del año y alcanzó su segundo mejor registro en dos décadas, un informe de la Gerencia de Estudios Económicos del Banco Provincia advirtió que gran parte de esa mejora cambiaria se explica por una fuerte caída de la actividad industrial. La menor producción redujo la necesidad de importar insumos y bienes intermedios, disminuyendo la demanda de dólares por parte del sector productivo.
MÁS INFO
Este proyecto lo hacemos colectivamente. Sostené a El Destape con un click acá. Sigamos haciendo historia.
La contracara es que una parte de la fortaleza externa descansa sobre factores difíciles de sostener en el tiempo: la permanencia de los depósitos privados en dólares, una industria que opera muy por debajo de los niveles previos a la llegada de Milei a la Casa Rosada y un contexto financiero internacional que podría volverse menos favorable. A eso se suma otro elemento que los economistas observan con atención, el calendario electoral.
Especialistas coinciden en que el ciclo político que desembocará en las presidenciales de 2027 introduce un factor adicional de incertidumbre. La experiencia argentina muestra que los períodos preelectorales suelen concentrar presiones sobre el tipo de cambio, mientras que los últimos meses del año combinan una oferta estacionalmente más baja de divisas con una mayor demanda precautoria de dólares. Todo ello en un escenario donde los vencimientos de deuda continúan siendo elevados y donde ni siquiera el salto exportador de Vaca Muerta alcanza para disipar completamente las dudas sobre la sostenibilidad externa del programa económico.
Los dólares que sostienen al Gobierno
El modelo económico libertario atraviesa cierta estabilidad vinculado a la acumulación de reservas y una inflación estabilizada en niveles moderados que parecen darle un momentáneo respiro al Gobierno de La Libertad Avanza (LLA). Sin embargo, los problemas estructurales persisten. De hecho, uno de los eslabones más críticos tiene que ver el frente financiero-externo.
En relación, las reservas brutas muestran una evolución más favorable desde el blanqueo de capitales de 2024, el ingreso de divisas por Obligaciones Negociables del sector energético y el superávit comercial (la venta de divisas del sector agropecuario se mantuvo en línea con su media histórica -USD +10.000 millones-, y el sector energético saltó de poco más de USD 1.000 millones en 2012-2023 a USD 8.000 millones este año).
No obstante, mientras el Gobierno libertario exhibe como uno de sus principales logros la acumulación de reservas y la estabilidad cambiaria, debajo de esos números aparece una dependencia menos visible: los dólares de los propios ahorristas. Según un informe del Centro de Estudios Scalabrini Ortiz (CESO), una parte importante de la fortaleza financiera que muestra hoy el esquema económico descansa en que los argentinos sigan dejando sus divisas dentro del sistema bancario.
MÁS INFO
En los primeros cuatro meses de 2026, los argentinos compraron alrededor de USD 9.000 millones para atesoramiento. Sin embargo, lejos de abandonar el circuito financiero, buena parte de esos dólares permanecieron depositados en bancos locales. De esta manera, los depósitos privados en moneda extranjera ya superan los USD 39.000 millones y se convirtieron en una de las principales fuentes de respaldo para la acumulación de reservas. El mecanismo es indirecto pero central para el funcionamiento del programa económico. Los bancos utilizan esos fondos para expandir el crédito en dólares y para adquirir títulos emitidos por el Estado.
La contracara de ese esquema es su fragilidad. El propio centro de estudios advirtió que las reservas netas continúan siendo reducidas e incluso negativas según la metodología utilizada. Por eso, una parte importante de la estabilidad actual depende de que los depositantes mantengan la confianza y no retiren sus dólares del sistema.
En ese punto aparece uno de los principales riesgos hacia adelante. Si un shock externo, una turbulencia financiera o la incertidumbre electoral generaran dudas sobre la sostenibilidad del programa económico, una salida de depósitos podría presionar simultáneamente sobre las reservas, el sistema bancario y el mercado cambiario. La estabilidad que hoy exhibe el Gobierno, advierten los economistas, no sólo depende de las exportaciones o del acuerdo con el FMI, sino también de que los ahorristas sigan apostando a mantener sus dólares dentro de los bancos.
MÁS INFO
Todo esto en un escenario donde el peso de la deuda es creciente. “El gobierno heredó una deuda pública cuantiosa y, lejos de reducirla, la amplió a través del acuerdo con el FMI de 2025 y la emisión de nuevos compromisos (Bopreales, Letes, AO27 y 28)”, advirtieron desde el CESO. Según detallaron, en lo que resta del 2026 Argentina afronta vencimientos de deuda por USD 10.480 millones, de los cuales USD 5.109 millones son con organismos internacionales, para el año siguientes las cifras son 23.786 millones y USD 11.784 millones, respectivamente.
A su vez, un documento presentado por la Gerencia Estudios Económicos del Banco Provincia sumó otro factor a escena: la menor actividad industrial como socio silencioso de la compra de dólares del Banco Central. “El sector industrial también fue un aliado del Banco Central ya que pasó de demandar USD 4.000 millones en el promedio 2012-2023 a la mitad (USD -2.000 millones) en 2026”, explicaron.
MÁS INFO
El Índice de Producción Industrial (IPI) se redujo 5% entre el primer cuatrimestre de este año y la media de 2020-2023 (-11,5% respecto del primer semestre de 2023), contrayendo así sus necesidades de producción y por tanto su demanda de divisas. Los sectores más afectados no tienen un patrón claro: la industria textil lidera la caída (-22%), seguida de maquinaria y equipo, industria automotriz y caucho y plástico, por lo que “rubros livianos y con alta demanda de empleo por unidad de capital conviven con sectores pesados y más intensivos en maquinaria”.
Un aspecto vinculado tiene que ver con la dinámica dual de las importaciones ya que “mientras que insumos productivos (sin energía) está 20% por debajo de 2023, bienes finales está casi 70% por encima”.
Por qué no derrama
Uno de los argumentos más frecuentes en la narrativa oficial consiste en señalar que el dinamismo de los sectores exportadores -Vaca Muerta, la minería del litio y el cobre, el complejo agroindustrial- tarde o temprano se derramará hacia el conjunto de la economía.
Sobre ello desde el CESO consideraron que “el auge de Vaca Muerta motoriza la demanda de servicios especializados en las provincias petroleras, impulsa la gastronomía y el alojamiento en centros como Neuquén capital y Bariloche, y contribuye al crecimiento del sector financiero vinculado a la colocación de Obligaciones Negociables en moneda dura”. En un sentido más amplio, “los ingresos en dólares de los estratos más altos vinculados a estos sectores sostienen consumos de bienes durables -automóviles premium, electrónica, viajes al exterior- que se reflejan en el crecimiento de rubros específicos del comercio y los servicios”.
MÁS INFO
Sin embargo, también sostuvieron que “estos derrames son geográficamente concentrados en las provincias productoras de recursos mientras las grandes aglomeraciones industriales del litoral -Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe- registran las mayores caídas de empleo registrado". Además consideraron que se trata de segmentos "sectorialmente encapsulados" ya que los encadenamientos productivos de los hidrocarburos no convencionales son limitados en comparación con los de la construcción y otras actividades vinculadas al mercado interno, dado que "una proporción significativa de los insumos y equipos se importa”.
Por último, agregaron que “son socialmente excluyentes" en la medida en que "los beneficios se concentran en trabajadores calificados de sectores capital-intensivos y en los propietarios del capital, sin alcanzar a los segmentos más amplios de la fuerza de trabajo”.
