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El eje Argentina, Rusia, Kazajstán y China en el dominio de las tierras negras

En la Argentina se encuentra la cuarta reserva global de las llamadas tierras negras, las más ricas en nutrientes para la producción de alimentos. ¿Quiénes son los verdaderos productores de alimentos en el país y quiénes detentan la tierra?

07 de agosto, 2026 | 20.43

La tensión territorial vinculada a la extranjerización de la tierra también se relaciona con la capacidad que tiene el país de producir alimentos de una manera más orgánica y sustentable por fuera del modelo que apunta exclusivamente a la exportación. De eso se trata la protección de las llamadas “tierras negras”.

De acuerdo a un informe elaborado por el Programa de Investigación sobre Comercio de Granos (PROINGRA), que depende de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires (UBA), en el mundo las tierras negras representan cerca del 7% de la superficie cultivable total. Y la Argentina ocupa un lugar privilegiado.

“La Argentina es el cuarto país en relevancia de tierras negras del mundo. Las tierras negras cubren el 14% del territorio nacional. En estas áreas residen más de la mitad de la población del país”, puede leerse en el informe de coyuntura 2026 del PROINGRA.

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La tierra y el agua son fundamentales para la producción de alimentos. Debido al cambio en los usos de la tierra hacia prácticas de gestión insostenibles y al uso excesivo de productos agroquímicos, la mayoría de los suelos negros ya han perdido al menos la mitad de sus reservas de carbono orgánico del suelo y sufren procesos de erosión de moderados a graves, así como desequilibrios de nutrientes, acidificación y pérdida de biodiversidad. El diagnóstico corresponde a la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés).

“El sistema agroalimentario y la biodiversidad se sustentan en estas dos variables que parecen a veces no ser parte del análisis económico o macroeconómico. Los principales países con tierras negras son La Federación Rusa, Kazajstán, China y Argentina. Los cuatro primeros países representan el 77% del total de tierras negras en el mundo”, puede leerse en el informe citado.

De acuerdo a la FAO, cerca del 31% de los suelos negros del mundo ya están cultivados. En cuanto a los vinculados con la Argentina, los procesos de agricultura local se caracterizan por un uso intensivo y la predominancia de cultivos de gran importancia para la “seguridad alimentaria mundial”: soja y cerealeras.

“Siguiendo el mapa de la FAO, se evidencia que los principales productos son de soja y maíz, situación que confirma el rol de granero del mundo todavía asignado a la Argentina”, enfatizaron desde PROINGRA.

En Estados Unidos, aproximadamente entre 20% y 40% de las tierras fértiles del mundo se encuentran degradadas; y esto afecta a más de la mitad de la población mundial. “En estas condiciones, la sustentabilidad no es una ideología ni una doctrina sino la condición de sobrevivencia de la producción agrícola en el mundo”, concluyó el informe de la UBA.

Extranjerización versus chacra mixta

¿Es realmente nacional la producción de alimentos vinculados a la soja y el maíz? Los productores totales dedicados al rubro de la soja ascienden a los 57.780 pero son muy pocos los que mueven los grandes volúmenes de la producción. El 10% de todo este universo maneja el 56% de la producción y el 20% de los productores se quedan con el 72% del mercado en su fase primaria.

Una cosa es la producción de soja como parte de un proceso productivo dentro de una chacra mixta cuyos protagonistas son los chacareros que todavía viven en el campo –como señala Pedro Peretti– y otra el proceso de sojización que esconde a grandes terratenientes o corporaciones financieras, muchas veces integrados verticalmente en sus sociedades con los acopios y los exportadores. Tan solo ocho exportadoras manejan el 80% de las ventas de granos y aceites.

“Al pretender habilitar la venta masiva de tierras rurales a extranjeros, podría ocurrir que quieran avanzar sobre gran parte de las tierras negras de la zona pampeana. Teniendo en cuenta que el Río Paraná se encuentra actualmente privatizado, con el 98% de sus puertos en manos privadas, se da un combo peligroso. Al tener el río, los puertos y las mejores tierras negras podrían dejar afuera a muchos productores”, analizó Ernesto Mattos, investigador de la Universidad Nacional de José C. Paz y la UBA.

En esa línea, también alertó: “No hay que olvidarse que, en la última inauguración de la exposición de la Sociedad Rural (SRA), su presidente Nicolás Pino pidió discutir el dominio originario de las tierras. No solo quieren venderlas sino que subió la apuesta para la entrega de todos los recursos naturales en manos de las provincias”.

Los que pierden

Los rindes de los campos están vinculados al nivel de tecnología que se les vuelca; también a la cuestión climática. Para tener mayores rindes, hay que invertir en insumos cada vez más caros. Este componente del negocio altera los niveles de rentabilidad según el régimen de tenencia de la tierra (dueño o arrendatario).

Los escenarios son muy diferentes según el tipo de tenencia de la tierra. Por ejemplo, en campo propio, todos los cultivos mantienen márgenes netos positivos y la rotación trigo/soja de segunda lidera el ranking de rentabilidad con 531 US$/ha. Le sigue el maíz de primera con 450 US$/ha y la soja de primera le pisa los talones con 436 US$/ha”, destacaron desde la Bolsa de Comercio de Rosario.

Pero en campo alquilado la cuestión es totalmente diferente. La soja de primera y el trigo directamente arrojan números negativos: -14 dólares la hectárea y -82 dólares la hectárea, respectivamente. El 70% de la producción agrícola se realiza bajo esta modalidad en la región núcleo.