Cheques rechazados: la cadena de pagos vuelve a niveles de la pandemia

El volumen de documentos sin fondos crece en el inicio de 2026 y refleja tensiones en el financiamiento de corto plazo de las empresas, según la central de análisis de riesgo crediticio Fidelitas.

25 de marzo, 2026 | 17.18

Los cheques rechazados por falta de fondos retomaron niveles comparables a los registrados durante 2020, en plena crisis por la pandemia de Covid-19, según señaló un informe de la central de análisis de riesgo crediticio Fidelitas, que releva el comportamiento de uno de los instrumentos más utilizados por las pymes para sostener la operatoria diaria. De acuerdo con el reporte, en diciembre se alcanzó un máximo histórico de 97.612 cheques rechazados.

La dinámica no se revirtió con el cambio de año: en enero se contabilizaron 89.352 documentos sin fondos y en febrero otros 86.350, todos registros por encima de los promedios habituales. La secuencia configura un primer bimestre con niveles elevados en términos históricos y consolida una tendencia que había comenzado a observarse hacia fines de 2025.

El informe planteó que “la persistencia de estos niveles en los primeros meses de 2026 sugiere que la presión sobre el capital de trabajo de las empresas se mantiene elevada”. En ese sentido, la evolución de los cheques rechazados funciona como un indicador indirecto de las dificultades para sostener la cadena de pagos, especialmente en segmentos donde el acceso al crédito formal es más limitado.

“El ratio de emitidos contra rechazados crece más astronómicamente, ya que el cheque físico va siendo un medio de pago menos utilizado con el paso del tiempo, pero sigue aún muy presente en pymes”, señaló Fidelitas. Esto implica que, aun cuando el volumen total de cheques en circulación pueda estar en descenso, la proporción de rechazos sobre el total emitido muestra un deterioro más marcado. De hecho, en términos monetarios, el estudio consignó que, “mientras la media se mantenía por debajo de los 30 millones de dólares por mes, en el último trimestre se sextuplicó superando los 180 millones de dólares”. 

Se trata de niveles solo comparables con el momento de mayores restricciones a la circulación y actividad frente al arribo del Covid-19. Durante los meses más restrictivos de la pandemia, la interrupción de la actividad económica y la caída de ingresos derivaron en un incremento abrupto de los incumplimientos en la cadena de pagos. 

En el entramado productivo, el cheque diferido continúa siendo una herramienta central para financiar capital de trabajo. Su funcionamiento depende de la posibilidad de encadenar pagos futuros con ingresos esperados. Cuando ese equilibrio se altera, los rechazos comienzan a multiplicarse y afectan a proveedores, clientes y entidades financieras, amplificando el impacto más allá del emisor original. La evolución de las tasas de interés, el acceso al crédito y el ritmo de la actividad económica aparecen como variables que inciden directamente en este indicador.

La combinación de mayor cantidad de documentos sin fondos y montos en alza refleja un deterioro en las condiciones de financiamiento de corto plazo, con impacto directo en la operatoria cotidiana de las empresas, en particular en el segmento pyme, donde el uso de este instrumento sigue siendo extendido.