Aunque la inflación bajó en abril, los economistas advierten que el piso del 2% será difícil de perforar y anticipan que eso difícilmente ocurrirá en mayo. En buena medida, porque todavía se sigue viendo el impacto de la suba del combustible, producto de la guerra en Medio Oriente, en los demás sectores de la economía, algo similar a lo que ocurre con los servicios.
El Gobierno salió masivamente a celebrar el descenso de la inflación del mes pasado, la primera en once meses, luego que el Indec confirmara un IPC del 2,6% tras del pico de 3,4% de marzo.
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Javier Milei destacó estar por fin "retornando a la normalidad" en materia de precios. Ciertamente, las consultoras predicen una nueva desaceleración de la inflación en mayo, que según las proyecciones, sería de entre un 2,2% y un 2,3%. Sin embargo, al mismo tiempo advierten, precisamente, que el 2% será muy difícil de perforar durante los próximos meses, lejos de iniciar en segundo semestre con un cero adelante como pregonaba el Presidente hasta hace poco tiempo.
En buena medida, esto se debe al peso de la inercia inflacionaria. Es decir, a que las propias expectativas de inflación hacen que sea mucho más difícil desacelerarla del 3% al 1,5% que del 20% al 10%.
Esto quedó reflejado en la inflación núcleo (que excluye a los precios estacionales y a los regulados) de abril, la cual, aunque logró una fuerte baja respecto al 3,2% de marzo, fue del 2,3%, también superando cómodamente la barrera del 2%.
La suba de la nafta sigue impactando en mayo
Pero, más allá de este factor, hay otro que las consultoras señalan como clave a la hora de entender por qué la inflación de mayo seguirá estando por encima del 2%. Se trata de que el efecto de la guerra en Medio Oriente sobre los precios locales todavía no terminó, ya que aún se está viendo el impacto indirecto de la suba de los combustibles.
En efecto, tras el estallido del conflicto bélico el 28 de febrero pasado, el segundo bimestre del año vio una fuerte suba de la nafta y el gasoil. En marzo, el propio Indec midió un aumento del 7% en el precio de los combustibles para uso en vehículos particulares (es decir, no para transporte público).
Parte de esos aumentos se trasladaron a abril, mes en el que el organismo estadístico relevó una suba todavía mayor de la nafta y el gasoil para vehículos particulares, del 11,7%. Esto, pese a que a inicios de abril entró en vigencia el congelamiento o "buffer" de precios de 45 días anunciado por YPF.
La semana pasada, la petrolera estatal aumentó sus precios en surtidor un 1% y extendió el congelamiento por 45 días más. Pero las consecuencias de la guerra van mucho más allá.
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"Como ya venimos señalando previamente, esperamos que la inflación siga desacelerando en mayo, aunque se sostenga por encima del 2% mensual", señaló un informe de la consultora Outlier, y agregó, en ese sentido, que "el shock de precios de los energéticos ya entregó la mayor parte de su impacto directo".
Sin embargo, la presentación advirtió que "entre las razones para que se sostenga por encima de 2% mensual están los efectos de segunda ronda del shock de precios de la energía y aumentos de precios regulados", es decir, la suba de todos los demás precios de la economía movidos por la suba del combustible previa.
Buena parte de ese efecto se ve en el transporte, que este mismo lunes volvió a subir extraordinariamente, desde un 2% para los colectivos nacionales del AMBA y un 18% para los trenes metropolitanos.
Aun así, el "efecto multiplicador" de la suba de la energía alcanza a todos los sectores. Al respecto, Martín Kalos, director de la consultora EPyCA, explicó a El Destape que en Argentina "siempre pasa que el aumento del precio de la energía lleva a un aumento de precios de todo lo demás", especialmente porque "el transporte de mercancías se hace mayoritariamente en camiones".
El otro elemento que durante mayo todavía genera una suba de segunda vuelta que marca Outlier es el aumento previo de los regulados, entre ellos los servicios públicos. "Aproximadamente, el gas sube casi un 6%, las prepagas 4%, los peajes 3,5%, las telecomunicaciones 3,5%, el agua 3% y la electricidad un 2,5%", enumeró Kalos.
"El propio Gobierno reconoce que en varios de estos de estos rubros tenemos precios muy alejados del precio de equilibrio que ellos estiman", alertó el economista de EPyCA, tal como se ve en la política de quita de subsidios. Esta última no es casualidad, sino que se da en el contexto de una necesidad de baja del gasto público por la caída en la recaudación, generada a su vez por la baja actividad y consumo.
Para Kalos, "esto marca la necesidad de seguir aumentando estos precios regulados. Todo lo que no aumentes hoy es aumento a futuro, y esto le pone un corset al proceso de desinflación. El Gobierno debería ser cauto, dejar de prometer una desinflación rápida para pensar en una desinflación sostenida y sostenible".
