El deporte siempre deja historias sorprendentes y llamativas. Más aún cuando una competencia hace cruzar a jugadores antagonistas, principalmente en la realidad diaria de cada uno de los protagonistas. Uno de estos cruces igualadores sucedió el último sábado. Peter Thiel, el megamillonario empresario tecnológico y cofundador de PayPal y Palantir, que se estableció en el país fue a jugar un torneo de ajedrez en un club del barrio de Almagro. Tenía la preclasificación más alta, pero se fue derrotado en un club de barrio, ese lugar que abraza a todos y donde las diferencias no existen.
Thiel arribó al país antes del 6 de abril, tal cual contó Nicolás Lantos en El Destape, lo hizo a bordo de su avión privado modelo Bombardier Global 7500, un jet que tiene un precio de mercado cercano a los 80 millones de dólares y un costo operativo de casi 10 mil dólares la hora. Esta es su tercera visita a la Argentina desde que asumió Milei. Pero como dice el personaje de Guillermo Francella en el Secreto de sus ojos, un hombre puede cambiar de todo. De país, de empresa, de nacionalidad, pero hay algo que no puede cambiar: su pasión. Y la pasión de Peter Thiel, por lo menos en cuanto a los juegos, parece ser el ajedrez.
Así fue como el último sábado, Thiel fue hasta el circuito de Ajedrez Torre Blanca, en la calle Sánchez de Bustamente 587. Llegó temprano y acompañado con su custodia. Se presentó y el dueño de una fortuna de más de 30.000 millones de dólares abrió su billetera y pagó los 3 mil pesos de la inscripción para el torneo en el barrio de Almagro. El alemán que, entre otras cosas, piensa que la democracia y la libertad son incompatibles con la soberanía popular se presnetó con un puntaje Elo de 2.199 (para aquellos que no saben de ajedrez, sería un puntaje de ranking) que lo hacía ser el favorito ya que era el promedio más alto. Sin embargo, los números le dieron mal.
Thiel quedó detrás de Daniel Aguilar (el campeón) y de Rafael Jabie, un Maestro Candidato que, en charla con este medio, reconoció: "La verdad yo no sabía ni quien es, vino un alumno mio de la universidad UTN que se me acercó y me dijo 'che, está tal y tal persona' y eso desató una pequeña conmoción. O sea, ahora me desayuno, pero la verdad ni idea". Enojado, Rafael, cortó un segundo el relato sobre Thiel y se largó: "Igual... no sé si vos entendés algo de ajedrez. Necesito desahogarme, yo estaba jugando con Aguilar y necesitaba hacer tablas para ser campeón y me cuelgo en un final, que tengo un peón de más. Y yo con las tablas quedo campeón, "pero me cuelgo un afil". Encima, se ponen a aplaudirme porque podía quedar primero en la tabla de posiciones, dijeron mi nombre y me aplaudieron. Per yo dijo 'no, loco. no aplaudan ahora, que no hay que festejar primero. Y viste como es, perdí".
Jabie es profe de ajedrez y se llama a si mismo como consultor psicológico. En un posteo de su cuenta de instagram se puede ver que, en algún momento, vendió filtros de agua para ganarse unos mangos extras. Pero principalmente se la pasa dando clases. Trabajó en una ONG en La Cava, San Isidro y en un centro cultural de Villa Urquiza. "Atiendo adictos, gentes con depresión. Doy alguna clase extra, que te puedo decir. La peleo todos los días". El día a día de Jabie es laburarla, pelearla y trabajar. El hombre que, alguna vez hizo tablas con Faustino Oro, aparece en los videos que circularon en redes sociales con una sonrisa de par en par por ese segundo premio que, en el fondo, sabe que tiene porque se equivocó en un alfil. También se puede ver a un nene que jugó con el alemán mientras comian galletitas de cumpleaños. "Vi que estaba jugando con un nene que juega muy bien. Ese nene a mí me ganó no hace mucho tiempo en ese mismo lugar".
Torre Blanca es un club de barrio de ajedrez. Es un lugar de encuentro social donde confluyen laburantes, académicos, pibes, padres, de izquierda, de derecha y de centro también. Si bien se viralizó un video en el cual se escucha un grito de "la patria no se vende" enfrente de la cara de un hombre que la quiere comprar, el tono no fue de denuncia. Fue algo más casual. Un par de hombres gritando no es una multitud. Sin embargo hay algo que si se puso de manifiesto a partir de la búsqueda desesperada de Peter Thiel para mover las blancas, los clubes siempre están e igualan en oportunidades. En este caso, está claro que la fortuna la tiene uno solo, pero en este club: los afortunados son todos.
