Emoción en el folklore por la noche que Horacio Guarany hizo vibrar los jardines de ATC

Fue en 1988, bajo el cielo de Figueroa Alcorta, cuando Horacio Guarany montó un escenario imponente en el edificio de la televisión pública para un recital histórico.

18 de marzo, 2026 | 18.01

Hay momentos en la cultura popular argentina que se transforman en postales indelebles. Corría el año 1988 y la democracia argentina, todavía joven, encontraba en las voces del folklore un refugio de identidad. En ese contexto, Horacio Guarany, el "Cantor del Pueblo", aterrizó en los jardines de la entonces ATC (Argentina Televisora Color) para registrar un concierto que, décadas después, sigue erizando la piel de quienes lo descubren en archivos digitales.

Alta Data | ¿Alberto mete más cambios en el Gabinete?

El edificio de Canal 7, una joya arquitectónica inaugurada para el Mundial 78, cambió su fisonomía habitual. Los senderos de cemento y el césped que rodea el canal se llenaron de familias que llegaron desde el conurbano y el interior profundo para ver al hombre que le cantaba a las "viejas alegrías" y a las "nuevas rebeldías". No era un set de televisión frío; era una peña gigante al aire libre, con la impronta de un artista que venía de sufrir el exilio y la prohibición.

Horacio Guarany subió al escenario con su característico atuendo: camisa impecable, el poncho al hombro y esa mirada que mezclaba picardía con una profundidad social insobornable. El repertorio fue una ráfaga de clásicos que el público coreaba como himnos de guerra y de amor. Sonaron "Si se calla el cantor", "Caballo que no galopa" y, por supuesto, la infaltable "Zamba de Alberdi".

Lo que hizo especial a este registro de 1988 fue la calidad técnica de la época puesta al servicio de la espontaneidad del folklore. Las cámaras de ATC captaron no solo el sudor del intérprete, sino el diálogo constante con la gente. Horacio no solo cantaba: hablaba, brindaba (aunque fuera de manera simbólica ante las cámaras) y reivindicaba la cultura del trabajador. Era el auge de su ciclo "De pueblo en pueblo", y esa noche en Buenos Aires, el pueblo fue al canal.

La producción de ATC buscó mostrar a Horacio Guarany en su esencia y con el público como protagonista.

El retorno de Horacio Guarany

El recital quedó plasmado como un documento audiovisual de altísimo valor. En aquel entonces, la televisión buscaba sacar la música de los estudios cerrados hacia el exterior, integrando el paisaje urbano. Los jardines de ATC, con su estructura de vanguardia, sirvieron de contraste perfecto para el sonido telúrico de las guitarras y el bombo legüero.

Para Guarany, ese concierto fue una consagración de su retorno definitivo al corazón de las masas tras los años oscuros. La potencia de su voz, que en 1988 conservaba toda la furia y el matiz, se entrelazaba con el viento de la noche porteña, creando una atmósfera mística que las cintas magnéticas lograron preservar para la posteridad.