Aníbal Silveyra: sus éxitos en el musical, la película que lo rotuló como "el peor" actor y como la muerte de Nisman lo unió a George Clooney

En una entrevista íntima con El Destape el recordado actor de Un buen día, clásico de culto de Nicolás del Boca, repasa éxitos y reinvenciones en su carrera de brillos y penumbras.

23 de marzo, 2026 | 19.18

Un hombre y una mujer se encuentran en una cafetería, él solo quiere llevarla a la cama y ella carga con una peligrosa fragilidad emocional. Lo que sigue después es un día en la vida de estos rotos, en un guión de Enrique Torres que remite a la trilogía Antes del amanecer, de Richard Linklater, y que acá se conoce como Un buen día. La película soñaba con tocar el cielo, pero aterrizó en el asfalto. Aníbal Silveyra, protagonista del filme y estrella del musical argentino, fue uno de los más perjudicados, convirtiéndose en meme automático. ¿Qué pasó con Silveyra, uno de los actores más destacados del musical en los '80 y los '90?

En una entrevista íntima con El Destape, Aníbal Silveyra repasa la película que lo cambió todo en su carrera, el fenómeno de culto que sobrevino una década más tarde y secretos de sus momentos de glorias y penumbras.

 

La película Un buen día te cambió la carrera…

- Y eso que nunca medí lo que podía ocurrir. Lo que pasa con la gente que la sigue viendo me produce mucha felicidad, pero no siempre fue así. Un buen día fue un proyecto entre amigos de hace muchos años, a pulmón. Enrique “Quique” Torres me había ofrecido un protagónico en cine y era imposible decirle que no. Lo que ocurrió después del estreno ya no pudo manejarlo nadie. Fijate que gracias a eso, hoy la película sigue dando vueltas y está muy viva.

Los ‘80 y los ‘90 construyeron cierto prestigio en tu imagen, estuviste en musicales importantísimos y con figuras como Susana Giménez y Valeria Lynch. ¿Qué ocurrió después, cuando tuviste que lidiar con la avalancha de críticas negativas que atrajo Un buen día?

- Yo venía acostumbrado a que podía haber críticas buenas y críticas malas, pero al principio lo viví con una decepción muy grande. Si bien uno no piensa en lo que le va a pasar a la audiencia, porque es algo que no debería importarle al actor, nunca estás preparado para recibir un mal comentario. Las críticas buenas te tocan un poquito el alma, el ego, pero las críticas malas… A mí me sorprendieron. La verdad es esa.

También creo que hay una clave para explicar lo que me pasó a mí con las repercusiones de Un buen día: Instagram, una red social que nació casi con nuestra película, en 2010. La repercusión en las redes fue lo que me sorprendió para mal. Los memes me dolían un montón, salían publicadas cosas tremendas y no me acostumbraba a que mi jeta se hubiese hecho viral justo en la peor de las caras que hago en la película. Pero es similar a lo que le ocurrió a Leonardo Di Caprio el otro día en los Oscars, cuando lo castigaron con un montón de memes hasta que el conductor le pidió que viera a la cámara e hiciera uno en vivo.

Hay memes que comparan tu actuación con la de Tommy Wiseau en The Room...

- Creo que me llegaron algunos de esos memes y opino que están buenos.

La gente opina, pero un crítico marca rumbos… 

- La cantidad de palos que me dieron a lo largo de toda mi carrera… (se ríe). Me acuerdo que en el ‘88 estrené Jesucristo Superstar -la primera vez que se pudo hacer en Buenos Aires-, yo tenía el rol de Jesús y los dos críticos más importantes de los diarios que, en ese momento, eran los más influyentes de la República fueron al teatro y uno dijo que mi trabajo “era un desastre” y que “no cantaba”, y el otro dijo que era “excelente mi trabajo y mi forma de cantar y de encarar el personaje”. Al crítico que me destruyó me lo crucé después de un tiempo, cuando me vino a adular.

¿Y qué pasó en ese encuentro?

- Lo mandé a cagar, directamente. Me dijo que había crecido un montón desde Jesucristo Superstar y le respondí: “Sí, vos también. Estás más viejo, más gordo y más pelado". No me gustó nada esa crítica, pero me preparó como actor para recibir los fracasos.

Decías que al principio te dolieron los memes por tu actuación en Un buen día. ¿Cuándo cambió tu percepción sobre estas reacciones?

- Fue durante la pandemia, cuando me hicieron llegar una foto de una persona que se había hecho una máscara con mi cara. Lo contacté porque quería una máscara como la suya, y a partir de ese mensaje me empezaron a llegar fotos mías en remeras, frazadas, tazas… ¡Increíble! A partir de ahí mi relación con los memes cambió, porque entendí que eran algo que hacía feliz a muchas personas.

Recreando un meme icónico de Un buen día, de Nicolás del Boca.

Hablemos de tu compañera de elenco Lucila Solá, en ese momento novia de Al Pacino…

- Sabés que nunca lo ví a Al Pacino, yo pensaba que era todo una mentira de Lucila, una de sus locuras. No se apareció ni una sola vez en toda la filmación.

Ella decidió no participar en el documental Después de un buen día, de Néstor Frenkel. ¿Tuviste alguna conversación con ella para intentar convencerla?

- Nunca contestó, la intentamos conseguir por todos lados. Néstor, Enrique y yo probamos contactarla pero a ninguno de los tres nos dio bola. Por eso decidimos seguir adelante sin ella y, honestamente, su no estar también es una gran presencia. Es como cuando alguien se muere, que su presencia siempre queda rondando.

¿Te da curiosidad saber si vio el documental?

- No me interesa nada que tenga que ver con Lucila. No me importa (se ríe).

Lucila Solá en Un buen día.

"Después de El Beso de la Mujer Araña no me llamaba nadie porque creían que era caro"

“Debuté con Pepe Cibrián en el año ‘82 y mi primer trabajo fue el espectáculo De aquí no me voy… una ironía porque nos terminamos yendo varios del país”, señala Silveyra sobre su primer gran paso en el teatro, ámbito que le dio alegrías y le permitió codearse con algunas de las estrellas más importantes de Argentina.

Empezaste a estudiar teatro con Agustín Alezzo en los ‘70…

- Sí, a los 14 años. Fueron años difíciles para hacer teatro. Vi desaparecer gente en la esquina del bar de Jean Jaures y Av Córdoba, donde ahora está la plaza Monseñor Miguel de Andrea y otrora funcionaba el viejo estudio de Agustín Alezzo. Recuerdo que un día que estaba por entrar al bar para una clase y Agustín me hizo una seña desde la ventana para que me fuera: había dos Falcon verdes en la puerta del bar. Sabés el desastre que hubiera sido si los milicos se encontraban con que un menor de edad hacía teatro. De solo pensarlo me da miedo.

De Pepe Cibrián pasaste a figuras como Susana Giménez, vaya upgrade. ¿Cuál fue tu primera impresión de ella?

- ¿Susana? Una mina rapidísima. No le importaba el desparpajo, siempre me pareció una compañera súper humilde y totalmente con los pies en la tierra. Hicimos La Mujer del Año por 4 años, fue un exitazo tremendo y hacíamos dos funciones por noche, siempre repletas, en el Teatro Maipo. Los ‘80 fueron buenos años de trabajo.

¿Sos nostálgico de los ‘80?

- No, lo que extraño es hacer teatro con continuidad. Lo extraño mucho, pero hacer teatro de martes a domingos es algo que no existe más en Argentina. Hoy la actividad teatral se redujo mucho, a lo sumo hacés funciones de jueves a domingos y eso en caso de que hagas un éxito. Yo extraño una etapa que no existe más, como la televisión y la ficción.

Hoy en la TV de aire todo pasa por los realities…

- Me parecen una ridiculez, una pelotudez. ¿A quién carajos le importa un reality?

Andrea del Boca entró a Gran Hermano

- No vi nada, solo algunos recortes de las redes sociales. Entrar a un reality no es una búsqueda que me interesa, ni ahora ni nunca.

¿Por qué te fuiste del país en los ‘90?

- Es simple: porque conocí a Malena, mi actual esposa. En los ‘90 me separé de mi exmujer, la madre de mis hijos, Graciela Stefani y atravesé un movimiento interno muy grande. Las separaciones, cuando hay hijos en el medio y un proyecto de familia, son intensas. Y la mía fue traumática.

Me costó adaptarme a la soltería. Al principio pensaba que era libertad, pero después me di cuenta que me faltaba algo y es que yo estaba acostumbrado a entrar a una casa donde había chicos corriendo, un perro ladrando, alguien limpiando, yo haciendo no la comida. Me faltaba esa costumbre, esa compañía y ese amor de familia. Eso cambió hasta que un amigo íntimo me invitó a una fiesta, donde conocí a Malena.

Y ocurrió el flechazo.

- Empezamos a hablar y a mí me parecía re porteña, jamás hubiera pensado que vivía en Los Ángeles. Esa noche nunca dejamos de hablar. La relación fue de idas y vueltas por la distancia, hasta que ella me dio un ultimátum: “Esta es la última vez que vengo yo. Ahora te toca venir a vos". Y ahí me fuí de Argentina.

Estamos hablando de los ‘90, tu carrera estaba bien asentada.

- Mi carrera… estaba bastante planchada. Nadie me llamaba para nada, creían que era muy caro.

¿Te ganaste esa fama por algo que hiciste o dijiste?

- No tengo idea. Después de que terminó el éxito de El Beso de la Mujer Araña, con Valeria Lynch y Juan Darthés, se me abrieron muchas puertas de trabajo. Alejandro Romay me ofreció cosas en televisión y yo le dije que no. Él insistió para que hiciera telenovela y yo estaba negado, no quería saber nada de eso porque no sabía hacer novelas y pensaba que si lo hacía, el resultado iba a ser malo. Romay me dijo que no fuera tonto y yo firmé contrato para hacer Alta Comedia. Me fue bien y por un tiempo me seguían llegando libretos… hasta que una vez elegí mal y me equivoqué. Me echaron a la mierda. Fue duro

¿Qué proyecto?

- No me acuerdo como se llamaba, lo borré de mi mente.

Retrato de Aníbal Silveyra (Crédito: Martín Ernesto García).

El día que la muerte de Alberto Nisman lo unió a George Clooney

¿Dudaste antes de instalarte definitivamente en Los Ángeles y dejar toda tu carrera en Argentina?

- Lo que me generó esa decisión fue darme cuenta que yo, además de actor, podía agarrar la pala y trabajar. Y me sentí orgulloso. Acá quise trabajar y todo el mundo me decía “estás loco, vos sos actor. Si te doy trabajo te vas a ir en cuanto te llamen”, y yo tenía que darle de comer a mis hijos. En Estados Unidos me recibieron con oportunidades de trabajo.

¿Trabajo como actor?

- No, no. Mi primer trabajo en Los Ángeles fue de mozo en un restaurante brasilero y después en uno cubano.

No existe eso de que alguien te encuentra y aparece tu estrellato en Hollywood, pero siendo mozo pude aprender mi inglés callejero. Cuando empecé a soñar en inglés fue cuando realmente me di cuenta que dominaba el idioma, y ahí empezaron a aparecer oportunidades de trabajo en actuación. Mi primer trabajo fue un bolo en televisión que me permitió hacerme socio de la Screen Actors Guild (SAG) y poder tener acceso a todas las películas que te imagines, porque al estar en la asociación fui jurado en los premios de actores.

En 2016 tuviste una participación en la película de Joel y Ethan Coen Hail, Caesar!, con George Clooney. ¿Cómo llegaste ahí?

- Una agencia me convocó por mi fisonomía. Buscaban romanos para la película de George Clooney y la paga era buena, así que acepté. Fueron 12 días de rodaje, tuve que audicionar.

¿Conociste a George Clooney?

- Sí, el día de mi cumpleaños que coincidió con mi primer día de filmación: 18 de enero. Pero ese día de 2016 también ocurrió algo muy importante, la muerte del fiscal Alberto Nisman. Y tres o cuatro días antes habían atacado en París la revista Charlie Hebdo, un tema que tenía muy interesado a George Clooney. Entonces, al finalizar una jornada de filmación uno de los extras gritó “¡Todos somos Charlie Hebdo!” y ahí yo aproveché el momento y sumé a los reclamos un “¡Todos somos Nisman!”. George Clooney se dio vuelta, sorprendido, y pidió hablar conmigo.

¿Le contaste a George Clooney quién era Nisman?

- Nos pasamos hablando de Nisman durante toda la hora del almuerzo. Cuando volvimos a filmar los extras me miraban con mala cara, porque pensaban que yo era un acomodado por haber comido con George Clooney. Tuvimos una relación muy buena con George.

El contrato nos prohibía tener los teléfonos celulares durante la filmación pero yo lo llevaba escondido en mi muñequera de soldado romano. Tengo algunas fotos con George, pero un poquito lejos… No las puedo mostrar porque no trabajo nunca más.

La última: ¿Te gustaría volver a actuar en Buenos Aires?

- Lo último que hice en teatro fue hace dos años, un concierto en el Teatro Maipo Kabaret. Llené dos funciones, la gente quería que me quedara más, Lino Patalano quería extender la temporada porque él ya veía un negocio. Siempre quiero volver a Buenos Aires.