La Chancha Muda vuelve a expandir su propio lenguaje con A todos mis santos, su quinto álbum de estudio, una obra que mantiene la intensidad lírica y la potencia colectiva que la caracteriza, pero que se anima a un giro estético más luminoso, épico y reflexivo. El disco ya está disponible en plataformas digitales y tendrá su presentación oficial el 13 de junio en el Teatro Flores, con entradas a la venta por Passline.
Banda clave dentro de la escena independiente argentina por su cruce entre rock, poesía urbana, arreglos de vientos y una energía casi ritual en vivo, La Chancha Muda viene construyendo desde sus discos anteriores un sonido propio, donde la palabra tiene tanto peso como la instrumentación. En trabajos como La eterna agonía del escape o Ecos de la madrugada, el grupo ya había mostrado una búsqueda constante entre lo crudo y lo poético, entre el estallido y la contemplación.
En A todos mis santos, esa tensión se mantiene, pero aparece una nueva claridad. Son doce canciones que atraviesan climas enérgicos, pasajes recitados, momentos de rock directo y baladas que funcionan como pausa emocional dentro de una obra pensada como recorrido completo. El disco, según su propia narrativa, se presenta como una “ofrenda infinita”, un gesto casi ritual que cruza lo terrenal con lo simbólico.
La Chancha Muda presenta "A todos mis santos"
La formación de “los 7 locos hermanados”, como se autodefinen, suma en esta ocasión nuevas capas sonoras. Germán Wiedemer aporta teclados que amplían el paisaje armónico, mientras que un cuarteto de cuerdas eleva el clima hacia territorios más cinematográficos, especialmente en canciones como La canción sagrada y Fábulas. El resultado es un disco más expansivo, donde la instrumentación no acompaña sino que narra.
En diálogo con El Destape en 2024, los integrantes de La Chancha Muda habían anticipado una búsqueda de mayor libertad compositiva y una necesidad de “no repetirse emocionalmente”, algo que en este nuevo trabajo se vuelve evidente. La banda parece alejarse de la urgencia más frontal de etapas anteriores para construir una narrativa más abierta, sin perder su filo crítico ni su energía colectiva.
El tracklist refuerza esa idea de recorrido, desde la apertura con A todos mis santos hasta el cierre con Inquieto, el disco propone un viaje que oscila entre lo íntimo y lo expansivo. Canciones como Cuchillo, Tsunamis o He visto condensan la identidad más filosa del grupo, mientras que otras piezas se permiten explorar un costado más contemplativo, casi ceremonial.
La producción artística de Ale Vázquez y Germán Wiedemer, sumada al trabajo de mezcla y masterización en estudios como Romaphonic y El Ángel, refuerza la intención de un sonido más amplio, con capas, texturas y dinámicas que empujan el disco hacia un formato casi conceptual.
Lejos de suavizar su identidad, La Chancha Muda parece haber encontrado en A todos mis santos una nueva forma de decir lo mismo desde un lugar más abierto. Un disco que no abandona la calle, pero la mira desde otra altura.
