Al pensar en flora característica de la Ciudad de Buenos Aires, lo primero que se viene a la mente es el árbol del Jacarandá. Sin embargo, esta especie de flores violetas no es autóctona, sino que fue incorporada al arbolado porteño hacia fines del siglo XIX en las Avenidas San Juan y Callao, Plaza de Mayo, Plaza Italia, Plaza Seeber, El Rosedal y la Avenida Belgrano, que, según relata la página oficial de la Ciudad de Buenos Aires, “posee un ejemplar particular, que cada año florece sobre una rama con flores blancas”.
Historia y origen del árbol del Jacarandá
El árbol del Jacarandá es nativo del norte argentino. Su nombre es de origen tupí guaraní y significa “fragante”. Al no tratarse de una especie autóctona de la Ciudad de Buenos Aires, debió adaptarse a las condiciones climáticas locales, y es por eso que se da la caída de sus flores durante el invierno, algo que no es propio de su naturaleza nativa.
Su introducción en el paisaje urbano porteño estuvo ligada a los proyectos de forestación impulsados entre fines del siglo XIX y comienzos del XX, cuando se buscaba embellecer la ciudad con especies que aportaran color y sombra. En ese contexto, el jacarandá logró destacarse por su resistencia y su floración llamativa, características que favorecieron su expansión en distintos barrios.
En lo que respecta a su floración, esta se divide en dos grandes momentos: en noviembre, cuando florece sin hojas, y entre febrero y marzo, con una segunda etapa menos intensa. Sin embargo, desde la página del Gobierno de la Ciudad alertan que el árbol del Jacarandá “figura en la lista roja de la Unión Internacional de Conservación de la Naturaleza (IUCN) como ‘especie vulnerable’ por el avance de la agricultura en su hábitat original”.
Cuántos ejemplares de Jacarandá hay en la Ciudad de Buenos Aires
En la Ciudad de Buenos Aires hay más de 11.000 ejemplares, de los cuales 1.500 se encuentran ubicados en espacios verdes, según la exlegisladora porteña Alejandra Caballero, quien llevó adelante un proyecto para declarar al Jacarandá como árbol distintivo de la ciudad en el año 2015. Así como María Elena Walsh le dedicó una canción, incontable cantidad de argentinos alguna vez le dedicaron halagos por su belleza, así como los turistas que al llegar a la ciudad se sorprenden por la belleza del paisaje del que aquel forma parte fundamental.
