Revisar mensajes, controlar horarios, leer mails ajenos o exigir explicaciones constantes sobre cada salida ya no aparece solamente en escenas de películas o relatos extremos, cada vez más parejas atraviesan conflictos marcados por el control permanente y la sospecha, una dinámica que especialistas vinculan con conductas paranoides y celotípicas que pueden deteriorar profundamente los vínculos.
“El problema empieza cuando la desconfianza deja de estar ligada a hechos concretos y pasa a convertirse en una forma de mirar el mundo”, explica el médico psiquiatra y sexólogo Walter Ghedin. Según el especialista, las personalidades paranoides perciben a los demás como una amenaza potencial y viven en estado de alerta constante, especialmente dentro de las relaciones afectivas.
Una pareja que revisa conversaciones privadas, controla redes sociales, pregunta obsesivamente dónde estuvo el otro o interpreta cualquier detalle cotidiano como prueba de una posible infidelidad. “Una mirada, una llamada telefónica o una salida con amigos pueden convertirse en 'evidencias' dentro de una construcción mental basada en sospechas infundadas”, sostiene Ghedin.
A diferencia de un episodio aislado de celos, estas conductas forman parte de una lógica persecutoria más profunda. Las personas con rasgos paranoides suelen “atar cabos” continuamente para confirmar sus sospechas y rara vez olvidan aquello que consideran una señal de traición. El especialista señala que viven hipervigilantes y que muchas veces logran sostener una vida social y laboral aparentemente normal, aunque el vínculo de pareja suele ser el espacio más afectado.
Cómo el avance tecnológico favoreció a los celos y la obsesión
El avance de la tecnología también amplificó estas dinámicas. El celular se convirtió en uno de los principales objetos de control dentro de las relaciones modernas. Contraseñas, chats archivados, ubicación en tiempo real y actividad en redes sociales funcionan como disparadores de ansiedad y vigilancia. Para quienes desarrollan este tipo de conductas, el acceso al teléfono de la pareja puede transformarse en una obsesión cotidiana.
Ghedin advierte que muchas de estas personas organizan verdaderas “pesquisas” para sorprender a la pareja “in fraganti”. Revisan mails, papeles, mensajes y cualquier movimiento que pueda alimentar la sospecha. En algunos casos, incluso el ámbito sexual queda atravesado por la desconfianza. El especialista explica que la celotipia puede mezclarse con fantasías de control, humillación o comparación permanente.
Detrás de estas conductas suele existir una necesidad de dominio y una gran dificultad para aceptar la autonomía del otro. Según el psiquiatra, las personalidades paranoides tienden a buscar vínculos dependientes o sumisos y pueden mostrarse inicialmente amables o seductoras antes de revelar actitudes más rígidas y controladoras.
Sin embargo, no toda desconfianza responde necesariamente a un cuadro paranoide. El especialista diferencia claramente las sospechas infundadas de aquellas que aparecen luego de una traición concreta. Una infidelidad, por ejemplo, puede instalar un clima de control permanente y generar una obsesión por “saber todo”: con quién estuvo la pareja, cuándo ocurrió, qué mensajes intercambiaron o dónde estuvo cada persona.
En esos casos, Ghedin asegura que la persecución constante no ayuda a reconstruir el vínculo. “Si se decide continuar en pareja después de una infidelidad, el control permanente sólo genera más dolor y aislamiento”, plantea. La recuperación de la confianza requiere trabajo conjunto, comunicación abierta y la posibilidad de salir de las generalizaciones que alimentan el resentimiento.
El especialista también destaca que algunas personas con rasgos más flexibles logran tomar conciencia del problema y modificar sus conductas, especialmente cuando aparece el miedo al abandono. La terapia individual o de pareja suele ser una herramienta clave para frenar dinámicas de persecución que, con el tiempo, pueden volverse emocionalmente asfixiantes.
