15 de julio, 2021 | 12.56

Vacunas COVID: encuentran fuerte inmunidad de memoria en los vacunados con Sputnik y Sinopharm

Son resultados preliminares, como para iniciar una estadística, pero sólidos y muy alentadores: muestras de dos hospitales de la Provincia de Buenos Aires analizadas con la plataforma Covid-T, desarrollada por el equipo de Gabriel Rabinovich en el Instituto de Biología y Medicina Experimental del Conicet, indican que el 80% de los vacunados con una dosis de Sinopharm y el 90% de los inmunizados con el esquema completo de Sputnik V generan una potente respuesta de linfocitos T, una pieza crucial de la respuesta del organismo para frenar microorganismos patógenos y que promueve la “inmunidad de memoria”. 

“Si se tratara de resultados de las elecciones, podría decirse que son como un ‘boca de urna’ –destaca el investigador, que lideró la puesta a punto de esta plataforma coordinada por las becarias de Conicet Montana Manselle Cocco y Florencia Veigas–. Lo que podemos asegurar es que esta herramienta permite hacer comparaciones valederas entre vacunas, porque los controles negativos (las personas que no fueron vacunadas o tuvieron Covid) arrojaron resultados aplanados y no significativos”. 

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Y enseguida agrega: “Lo que vimos es muy contundente y permite despejar dudas. Los anticuerpos pueden declinar rápidamente, pero lo interesante es que la respuesta T es robusta. No nos sorprendió, porque al ser [la de Sinopharm] una vacuna ‘a virus inactivado’, lo que vemos es una respuesta celular muy importante y diversa contra otros componentes [del SARS-CoV-2], además de la proteína Spike". 

El director de orquesta

Si bien desde comienzos de la pandemia contábamos  con tests como el CovidAr, desarrollado por el equipo de Andrea Gamarnik en el Instituto Leloir, para medir la respuesta de anticuerpos neutralizantes (las inmunoglobulinas), hasta ahora no teníamos cómo evaluar el otro brazo de la respuesta inmune, el celular. Precisamente, esto es lo que hace esta plataforma de monitoreo, optimizada con muestras del biobanco de muestras del Instituto de Investigaciones Biomédicas en Retrovirus y Sida (Inbirs) de la UBA y el Conicet, y el Hospital General de Agudos “Doctor Ignacio Pirovano”.

Como una suerte de director de orquesta, el linfocito T organiza toda la respuesta inmune. Cuando ingresa el SARS-CoV-2, las células dendríticas, que patrullan incesantemente el organismo en busca de patógenos, toman fragmentos, viajan hacia los ganglios linfáticos y se los presentan a los linfocitos T. En cuanto son reconocidas, empiezan a proliferar y a producir muchas moléculas, y se generan miles de millones de linfocitos exactamente iguales que van a llegar al pulmón o al tracto respiratorio superior y a diferentes tejidos para defendernos contra la infección.

Covid-T permite comparar la magnitud y naturaleza de la activación de linfocitos T específicos de este coronavirus con los diferentes esquemas de vacunación que se están aplicando en el país y también en pacientes recuperados. 

No se trata de un kit comercial, sino de una metodología secuencial. Se obtiene sangre de un individuo, se la centrifuga y se separan los glóbulos blancos y, de entre estos, los linfocitos. Se cultivan durante disstintos tiempos a 37ºC y se los estimula con péptidos (pedacitos) del virus, particularmente la proteína Spike (S), de la nucleocápside [que envuelve su material genético] y la membrana. Después, por citometría de flujo, se “marcan” con anticuerpos que permiten ver si esos linfocitos se activaron. Si es así, producen citoquinas [proteínas que modulan la respuesta inmune] y otras moléculas que indican que reconocieron lo que se les puso en el cultivo, si hay una activación T importante o si es débil. Mediante un algoritmo, los científicos pueden cuantificarla, ver cómo se mantiene o no a lo largo del tiempo y comparar la reacción frente a distintas vacunas.

El estudio comenzó en abril y hará un estudio sistemático del efecto sobre la inmunidad de memoria de las vacunas que se aplican en el país a distintos tiempos. Hasta ahora, recibió alrededor de un centenar de muestras de personas de la Provincia de Buenos Aires que habían sido vacunadas con Sinopharm cuarenta días antes y otro tanto a los 120 días de que un número similar de individuos hubieran sido vacunados con Sputnik V.

“Con un test Elisa (como los que se usan para medir anticuerpos), se pueden procesar un gran número de muestras por día; nosotros podemos hacer muchas menos por la complejidad de la metodología –explica Rabinovich, integrante de la Academia de Ciencias de los Estados Unidos–. Lo que vimos es la diversificación de las respuestas. Si bien no se puede comparar una dosis de Sinopharm con dos de Sputnik V, lo que se puede decir es que cualitativamente son distintas: en la primera, la reacción es contra las proteínas N, M y S del virus, y en la segunda, contra la S. Esto permite pensar que potencialmente sería una ventaja combinar ambas vacunas, porque estaríamos diversificando la respuesta inmune y generando protección por varias vías diferentes. Ese estudio también está en nuestros planes".  

En la vacuna Sputnik V (y también en la de AstraZeneca), se le inserta a un adenovirus modificado por técnicas de biotecnología la proteína S del SARS-CoV-2 para que nuestro organismo la reconozca. La respuesta que se genera en este caso es fundamentalmente humoral, de anticuerpos, contra S, y linfocitos T frente a  sus péptidos. En cambio, la Sinopharm utiliza un coronavirus inactivado para que no sea infectivo y genera una respuesta más diversa porque le muestra al sistema inmune todo su repertorio de antígenos. “Si uno quiere eliminar un patógeno, es bueno dirigir la respuesta contra muchas zonas –comenta Rabinovich–. El virus completo activa un montón de clones diferentes que son como armas distintas del sistema inmune para poder eliminarlo por vías alternativas”. 

Estos resultados también ofrecen indicios sobre la duración de la inmunidad contra el coronavirus, una pregunta todavía sin respuesta. “Cuando uno encuentra memoria inmunológica T (celular), puede pensar en una mayor duración que con los anticuerpos (humoral), que tienen un tiempo de vida media y decaen –explica Rabinovich, uno de los más destacados inmunólogos del país–. De hecho, ya se vio que los que se generan contra el SARS-CoV-1 duran uno o dos años, y en el mismo paciente, los linfocitos T se mantenían hasta 11 años. Es difícil predecir, pero lo que uno puede asegurar es que el 95% de los que no se vacunaron y tampoco tuvieron indicios de Covid dan negativo en esta plataforma. Un 5% restante da cierta positividad menor; yo creo que tiene que ver con la exposición al virus o con infeccinoes previas con coronavirus estacionales. De hecho, se publicó hace poco un trabajo que mostraba que hay individuos que dan PCR negativa y tiene memoria T. Puede ser porque tuvo una exposición a muy bajas dosias y lograron activar el brazo T de la respuesta o que tenía una memoria T asociada con otros coronavirus que logró erradicar el patógeno””. 

“Coincido en que la inmunización heteróloga  [mezclando vacunas en la primera y segunda dosis] va a funcionar muy bien, aunque habrá que demostrar que no es inferior (en términos de inmunogenicidad) respecto de la homóloga –opina Jorge Geffner, profesor de Inmunología de la Facultad de Medicina de la UBA y Vicedirector del Inbirs–. La combinación ya probada en Europa y Canadá (OX/AZ + Pfizer) fue más inmunogénica, pero no se presentaron datos para saber si fue superadora respecto de la vacunación homóloga con Pfizer.  En tres semanas tendremos ya datos locales respecto de combinaciones de vacunas”.

Este es un estudio en marcha y los científicos esperan aumentar el número de muestras estudiadas para poder respaldar decisiones de políticas públicas. “Ahora vamos a probar con las distintas variantes para ver si la respuesta T generada en los distintos individuos es eficaz”, concluye Rabinovich. 

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