Entre la tristeza porque se fue y la alegría por lo que dio, Avellaneda convierte en prócer al Indio Solari

En las inmediaciones del Polideportivo reina el recuerdo: todos tienen algo para agradecerle al Indio. Todavía viajan ricoteros de todo el país para despedir al ídolo popular y el velorio podría ser de los más multitudinarios de la historia argentina.

07 de junio, 2026 | 17.52

El sol no quiso salir en todo el domingo. En realidad, se lo vio poco desde el viernes, cuando se conoció la noticia de la muerte de Carlos Alberto "Indio" Solari. Indio para los argentinos. Dos días después de su paso a la inmortalidad y tras la despedida privada que organizó su familia, decenas de miles de personas comenzaron a acercarse a su adiós público, que se realizó en el Polideportivo José María Gatica, ubicado a una cuadra del Parque Los Derechos del Trabajador, en Villa Domínico, Avellaneda. Este es el primer día de, posiblemente, varios. 

El clima no fue de especial tristeza, sino más bien de una desolación mezclada con agradecimiento. "¿Y ahora qué?", parece ser la frase que resumiría el sentimiento colectivo. Hubo familias y grupos de amigos de todo el conurbano bonaerense y, a pesar del poco tiempo de antelación, de distintos puntos del país, que seguramente se incrementarán con el correr de las horas. La hora de inicio del último adiós era a las 11, pero desde la noche previa había personas esperando en la puerta del polideportivo.

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Ya a las 9.30, una hora y media antes del comienzo, había gente haciendo fila hasta la altura de la estación Sarandí del Tren Roca, a unos dos kilómetros, desde donde seguían bajando ricoteros al ritmo de los más recordados éxitos del Indio. En cada cuadra hasta el polideportivo, sonaba un tema distinto de la abundante discografía del Indio: así como en Mitre al 3300 podían estar reproduciendo "Vamos las bandas", al 3400 podía haber un pogo con "Me matan Limón" y al 3500 una reflexiva escucha de "Encuentro con un ángel amateur". Tres cuadras. Tres estados. 

Entre cruces de generaciones y familias, predominaron los grupos de amigos que se acercaron a despedir al prócer: ese fue el caso de Beto, Nico, Fabi y Jona, quienes siguieron juntos a Los Redondos primero y al Indio después durante décadas. "Vine acá con mis amigos, como todas las misas", dijo Beto, de Laferrere. "El Indio es adolescencia, historia. Te atraviesa toda la vida. Es esto: anécdotas inolvidables", sumó Fabián. Además de atravesar sus amistades, su fanatismo por el Indio Solari también llegó a sus familias, como es el caso de Beto, quien le puso Patricio a su hijo, o de Nico, quien dijo: "Con mis hijos escucho Los Redondos. Escuchan, se saben las letras; a veces están tarareando y voy y les doy un abrazo. Me llena el alma eso. Que compartan todas esas cosas... Es como volver a nacer". 

Beto, Nico, Fabi y Jona, juntos en la despedida del Indio.

Así como Nico le transfirió el amor por Los Redondos a sus hijos, fueron muchas las personas que en la despedida contaron cómo tuvieron su primer encuentro con Los Redondos. En medio del adiós que se convirtió en una pacífica peregrinación, los relatos aparecieron por todos lados. "Mi hermano me los hizo escuchar, apareció con un casette de La Mosca y la Sopa en casa. Yo tendría 10, 11 años", contó a El Destape Natalia, de 50 años, que explicó que su "infancia y adolescencia fueron regidas por Los Redondos y por el Indio".

El primer recital de Natalia fue el que dio la banda en Obras el 19 de abril de 1991. Ese día la Policía detuvo, torturó y mató al joven Walter Bulacio, quien es homenajeado por los fanáticos y la banda desde entonces. Cinco años más tarde fue el primer recital de Andrés, otro fanático redondo que dijo presente en el último adiós al Mister y que tuvo su debut como espectador de Los Redondos en "Go! Disco", en Mar del Plata, en 1996, cuando la banda presentó algunos temas de Luzbelito, el disco que sacó ese mismo año.

En ese recital tocaron Juguetes perdidos, el tema que -muchas veces- después el Indio les dedicó a los "Redonditos que nos están mirando desde las plateas más altas", como Bulacio. "El Indio es lo que nos atravesó la vida a todos. Es la familia, mis hermanos, todos", dijo entre lágrimas Andrés, quien segundos después abrazó a su primo, compañero de recitales, y mostró su imponente tatuaje del músico.

El Indio en la piel: el imponente tatuaje de un fanático de Los Redondos.

El Indio, la compañía de vidas enteras

Además de gran músico y entrañable figura, el Indio Solari fue un brillante letrista. Esos tres aspectos juntos convirtieron a su arte en un cóctel irresistible; la mejor compañía tanto en tiempos solitarios como en momentos de jolgorio. Muchos de los presentes en Avellaneda le agradecieron al Indio por, justamente, haber estado junto a ellos en momentos en que lo necesitaban. "Cuando operé a mi hijo y estaba sola esperando a que me avisaran cómo salía y en el fondo sonaba una canción del Indio, no estuvo nadie ahí; estuvo el Indio nada más conmigo", narró Marcela, de 51 años, quien descubrió Los Redondos cuando tenía 12 años y nunca los abandonó.

"Muchas personas en la vida dejan un recuerdo, pero a mí el Indio me dejó un universo entero. Siempre lo voy a llevar conmigo, creo que es al hombre al que más fidelidad le tuve en la vida", dijo mientras una lágrima empezaba a caerle por la mejilla. Los recuerdos de una vida, en un instante y en un momento.  Con la mitad de su edad, Valentín, de 25 años, viajó desde Santa Fe con su camiseta de Unión -el club en el que Los Redondos tocaron en 1996- para decirle adiós a su mejor compañía. "Al Indio lo conocí un poco más de grande. Sus letras me acompañaron en momentos de duelo de familiares cercanos, así que es una marca imborrable". La señal del Indio aparece en remeras, gorros, pilusos, vasos, tatuajes, banderas, buzos, camperas y más.

La tarde pasaba y las emociones eran cambiantes. Como en cualquiera de sus recitales que podía pasar de la lúgubre Semen Up al punto del éxtasis de Jijiji. En un segundo se podía pasar los abrazos familiares en silencio a una fiesta descontrolada en memoria del Indio, como él lo habría querido. Así fue como, desde el ruido de un parlante, decenas de fieles armaron un pogo que quedará para todas sus vidas. "Este es el pogo más grande del mundo, Mick Jagger hacete de abajo", dijo Solari en el pasado y lo mandó a callar.  

Se van los ídolos pero los símbolos quedan

Junto a Valentín vino desde Santa Fe su hermano, Agustín, cinco años mayor. No se definió como "un gran fanático" de Los Redondos, pero sí elevó la figura de Solari como algo que trascendió la música. "Creo que es parte de la Argentina, es un símbolo que ha marcado a muchas generaciones y se fue parte de la argentinidad. Se fue parte de la argentinidad, uno de los pocos mitos que quedaban", lamentó. 

En la misma línea  Claudio, un ricotero de 39 años que, además, vive en Domínico, a metros del último adiós. "Se me pone la piel de gallina, nunca visto esto. Viene el Diego y el Indio", señaló el hombre que portaba una campera de Racing, club que sonaba como una posible locación del velorio, aunque finalmente se realizó en el Gatica. "Se nos están yendo los ídolos. Yo creo que me queda uno solo que se llama Gustavo Costas", continuó y agregó: "El Indio empezó con el microestadio de Racing, después se fue al estadio. Tenemos un presidente que se equivocó, quedábamos en la historia. El Indio tenía que despedirse en Racing, pero bueno, está en el barrio".

"Sólo aspiro a que la muerte me encuentre vivo", reflexionó el Indio en Recuerdos que mienten un poco, sus memorias publicadas en 2019 en formato de conversaciones con Marcelo Figueras. Definitivamente, la muerte lo encontró vivo: siendo domingo por la tarde, todavía no se sabe cuánto puede durar el velorio, aunque ya se especula que puede ser de los más multitudinarios de la historia de la Argentina. Es cierto que el pueblo no olvida a quien lo hizo feliz, pero hay una verdad que iguala a ese famoso enunciado: el pueblo no olvida a quien le hizo compañía en tiempos de soledad. Y el Indio entra en ambas categorías, por lo que en el momento en el que dejó el plano físico se convirtió en prócer