“Resulta Imposible de Pagar”: el juego de palabras con el RIP del cementerio es una de las tantas leyendas que envuelven a Francisco Salamone, el ingeniero ítalo-argentino que en la década de 1930 diseñó cerca de 70 edificios públicos en la provincia de Buenos Aires. Monumental, desproporcionado, brutal. Todos los adjetivos se quedan cortos frente a sus obras.
Durante el gobierno conservador de Manuel Fresco, Salamone recibió el encargo de dotar a los pueblos de infraestructura básica: municipalidad, matadero, cementerio, plaza, mercado. Usó hormigón armado y trabajó a tal ritmo que la cementera no daba abasto. Hay obras en Azul, Alberti y en el sudoeste bonaerense, pero el lugar que concentra la mayor cantidad de piezas –cinco– es Saldungaray, un pueblo de campo que hoy no llega a los 1.500 habitantes.
El portal del cementerio: cuando la gente no quería entrar
A la entrada del cementerio local se levanta un portal circular de 20 metros de altura, terminado en 1938. Fresco llegó en avioneta para la inauguración. Pero los vecinos, intimidados por una arquitectura que nunca habían visto (la casa más alta del pueblo tenía dos pisos), se negaban a ingresar por esa mole de hormigón. Seguían usando la vieja verja para llevar flores a sus muertos. Hubo que clausurarla para que, finalmente, la comunidad aceptara el portal.
Hoy, esa estructura es el emblema de Saldungaray. La cabeza del Cristo que la corona es obra de Santiago José Chierico, el escultor que acompañó a Salamone en varios proyectos.
Un estilo que no encaja en ninguna etiqueta
Describieron el estilo de Salamone como art déco, retrofuturismo, constructivismo ruso, arquitectura fascista, expresionismo alemán. Constanza del Río, responsable del Centro de Interpretación Salamone junto a Sofía Ugarte, lo resume con una palabra: “salamónico”. Ella es una militante del arquitecto y de su pueblo. Nacida el mismo día que él (5 de junio), recorre las obras con pasión.
El portal está en proceso de limpieza y puesta en valor. Hidrolavaron y repusieron algunos azulejos azul petróleo, pero los trabajos están parados hasta nuevo aviso.
La delegación, la plaza, el mercado y el matadero
Saldungaray no tiene municipalidad (es muy pequeño), sino una delegación municipal. “Pero es la única delegación con reloj y torre”, aclara Constanza. El reloj funcionaba con un mecanismo testigo en el interior; no perduró por el peso de las agujas. En la plaza, las luminarias tienen variaciones (más o menos brazos) y el mástil fue un añadido que logró el diputado Santiago Saldungaray. En todas las fechas patrias, sacan la bandera del pueblo de la delegación y la llevan desplegada a contramano hasta el mástil.
El Viejo Mercado (uno de los dos que construyó Salamone; el otro está en González Chaves) funcionó como carnicería y verdulería. Tras años de abandono, se restauró y hoy alberga una panadería artesanal comunitaria que produce panes, medialunas, conitos de dulce de leche, alfajores de coco y unas galletas finas llamadas “alpargatas”. Funciona como cooperativa de diez personas. Hacia fin de año quieren abrir un café.
El ex matadero está a unos kilómetros, sobre el camino viejo a Sierra de la Ventana. Es una construcción oval, con grandes ventanales de vidrio repartido, rodeada de eucaliptus. Hoy está habitado por una familia con un permiso provisorio municipal. Constanza admite que están “rezando a Dios y a todos los santos” para recuperarlo.
Mitos y leyendas de un hombre enigmático
Sobre Salamone circulan muchas historias: que era jugador, por eso los círculos con rayos como referencias a la ruleta; que creía en la supremacía del Estado, por eso las municipalidades tan altas; que un astrólogo le vaticinó que estaba destinado a grandes cosas. Y que al RIP del cementerio lo reescribió como “Resulta Imposible de Pagar”, aludiendo a las deudas que tomaban los municipios por sus obras.
Nacido en Sicilia en 1897, llegó joven a la Argentina. Se graduó como Maestro Mayor de Obras en el Otto Krause y luego como ingeniero en la Universidad Nacional de Córdoba. En 1940, al caer Fresco, se retiró y se exilió en Montevideo por un juicio. Regresó en 1945, pero ya no volvió a construir en el estilo que lo consagraría. Murió en 1959, y recién en 2001 su obra fue declarada Patrimonio Cultural de la Provincia de Buenos Aires.
Qué más ver en Saldungaray
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Centro de Interpretación Salamone (San Martín 175). Abierto lunes, martes, jueves, viernes y sábados de 10 a 16; domingos de 10 a 13. Miércoles cerrado.
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Fortín Pavón (Sauce 300/400): museo de sitio que reconstruye un fortín de la frontera. Bono municipal de $1.000.
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Campo Udi: producción de quesos artesanales. Visitas todos los días.
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Bodega Saldungaray: 15 hectáreas de viñedos. El Malbec “Ventania” obtuvo un premio en 2023.
Saldungaray queda a solo 9 km de Sierra de la Ventana. No tiene hoteles ni restaurantes; justamente en esa falta reside su encanto de pueblo auténtico, con calles anchas y vecinos que se conocen. Un destino ideal para los amantes de la arquitectura brutalista y la historia argentina.
