La ansiedad puede manifestarse en pensamientos catastróficos acelerados, nerviosismo y hasta ataques de pánico y, para quienes la padecen, los expertos recomiendan un hábito clave: la autocompasión. Se trata de una forma de tratarse con amabilidad en momentos claves.
Cómo aplicar la autocompasión para reducir la ansiedad
De acuerdo a diversas investigaciones de neurociencia y psicología, las personas pueden utilizar la autocompasión para reducir sus niveles de ansiedad. La clave está en tratarse con amabilidad y comprensión en momentos de sufrimiento, fracaso o de duelos.
La profesora asociada en el Departamento de Psicología Educativa de la Universidad de Texas en Austin, Kristin Neff, analizó 4000 investigaciones sobre la autocompasión y definió este hábito clave como "la compasión por la experiencia del sufrimiento dirigida hacia uno mismo”.
El estudio, que apareció en la Annual Review of Psychology, explicaba que los elementos que componen la autocompasión son:
- La amabilidad con uno mismo.
- Entender que todas las personas sufren y es un sentimiento compartido.
- Tener atención consciente a las emociones y pensamientos.
Entre los resultados se demostró que las personas autocompasivas presentan niveles más bajos de ansiedad, síntomas depresivos o pensamientos negativos. Además, mostraron más resiliencia a los desafíos y momentos personales complejos como situaciones de divorcio, enfermedades, violencia o traumas.
Además, facilita el manejo de las emociones complejas, reduce el miedo al fracaso y la tendencia a quedar atrapado en emociones negativas. También, mejora las relaciones interpersonales y los vínculos afectivos.
¿Cómo poner en práctica la autocompasión?
Así, la clave está en intentar minimizar la autocrítica excesiva y plantearse un diálogo interior más amable. Para eso, existen diferentes ejercicios sencillos que pueden realizarse y fomentar la autocompasión, como:
- Repetirse frases amables y positivas durante desafíos o momentos complicados.
- Escribirse cartas o practicar journaling, es decir, anotar pensamientos, reflexiones, planes y experiencias.
De acuerdo con Neff, “las prácticas informales como poner una mano en el corazón y hablarse con amabilidad en momentos difíciles resultaron igual de impactantes para aprender autocompasión que la meditación formal”.
