Diego Fernández Lima desapareció el 26 de julio de 1984 después de almorzar en su casa y haber salido con destino desconocido. Hasta hace un año, su familia no sabía nada de su paradero pero todo cambió cuando sus restos aparecieron en una obra en construcción ubicada en una casa de Coghlan.
El hallazgo fue en la medianera de la casa de un excompañero de colegio del joven, llamado Cristian Graf que actualmente es el único imputado en la investigación. Dicho expediente maneja distintas hipótesis y atraviesa una etapa de toma de declaraciones testimoniales, a la espera de nuevas pericias que analizará el fiscal López Perrando luego de un estudio realizado por peritos y especialistas a principios de mayo pasado.
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Según los expertos de Gendarmería Nacional y del Equipo de Antropología Forense (EAAF) es necesario realizar nuevas excavaciones y trabajos en el patio de la familia Graf, donde encontraron hace poco más de un año 151 fragmentos de restos óseos, un reloj, un corbatín, una moneda japonesa, un llavero y restos de ropa.
Tras diversos análisis, se determinó que los restos hallados corresponden al cuerpo de Diego. Incluso los especialistas determinaron que el adolescente fue asesinado de una puñalada y luego, su victimario intentó desmembrar el cuerpo antes de enterrarlo en una fosa de 1,20 de largo x 67 centímetros de ancho y 60 centímetros de profundidad. Esa fosa se desmoronó en medio de los trabajos y un llamado a la policía terminó con el reconocimiento.
Un testigo clave guía el sentido de la investigación
En los últimos días, el expediente sumó declaraciones de amigos de la infancia y adolescencia de Graf que, para los investigadores, permitieron sumar detalles de la vida previa y posterior a la desaparición de Fernández Lima. Al mismo tiempo, lograron trazar una idea de cómo era la personalidad de quien hoy es el único imputado e investigado por el crimen del adolescente en 1984.
Más allá de los testimonios de los amigos del sospechoso, se sumó la declaración de un testigo que la Justicia guardó bajo reserva y que fue útil para agregar elementos clave que abonan una de las hipótesis que sostiene la investigación.
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Según dicho testigo clave -que se presentó por sí mismo en el expediente-, participó de una reunión hace casi 10 años donde se habló de “la facilidad” para matar a una persona y “hacer desaparecer” el cuerpo. Ese relato se continuó con otro sobre un segundo encuentro en 2011, donde un hombre “de apellido alemán” había profundizado ese tipo de declaraciones. Allí, este hombre relató que -años atrás- su hijo “tenía un compañero de colegio” que lo molestaba con sus manos y por eso decidieron tenderle una trampa. Por ello, convocaron al joven a la casa con la excusa de una reunión donde iba a estar una chica que le gustaba, pero al llegar lo atacaron y lo llevaron por la fuerza a un baño de la casa donde lo mataron de una puñalada por la espalda.
En su testimonio, el declarante aseguró que ese hombre había dicho que, tras el crimen, enterraron el cuerpo en el fondo de la casa y nunca había sido hallado.
Fuentes judiciales aseguran que el relato coincide en parte con una de las hipótesis de la investigación que sostiene que Fernández Lima fue engañado para ir a la casa de Graf donde fue asesinado y sepultado. Ahora, la fiscalía busca conocer si la hipótesis detrás del engaño con una chica o alguien extraño a la familia es posible para que el secreto se mantuviese durante tantos años. Para eso, se profundizarán las testimoniales en el expediente en busca de avanzar con los datos.
Mientras tanto, en las próximas semanas se esperan nuevos operativos en la casa de Coghlan donde después un estudio con un Georradar se recomendó “realizar nuevas excavaciones” ya que se detectaron anomalías en el terreno, más precisamente sobre la medianera derecha. Frente a ello, y tras la orden del fiscal López Perrando para que el terreno “no sea modificado por 60 días”, buscan determinar que hay en ese sector y esperan dar respuestas a una familia que espera por Diego hace más de 42 años.
