El puente colgante argentino que se convirtió en un ícono y tiene una historia increíble

El Puente Ingeniero Marcial Candioti, más conocido como Puente Colgante de Santa Fe, es un símbolo de la ciudad. Conecta las dos márgenes de la laguna Setúbal. Se derrumbó casi por completo en 1983 y fue restaurado tras 20 años. Originalmente concebido para trasladar agua desde Colastiné, hoy es un atractivo turístico, punto de encuentro y fuente de inspiración para artistas.

11 de junio, 2026 | 19.58

En la ciudad de Santa Fe, sobre la laguna Setúbal, se levanta una estructura que trasciende su función vial. El Puente Ingeniero Marcial Candioti, conocido por todos como el Puente Colgante, es un ícono indiscutido de la capital santafesina. No solo conecta la Costanera Oeste con la Costanera Este, sino que también une la historia, la memoria y la identidad de sus habitantes.

Su origen no fue el tránsito vehicular, sino el agua. Fue concebido originalmente para trasladar agua potable desde la localidad de Colastiné. Con el tiempo, su función cambió y se convirtió en el único paso vehicular hacia el este de la ciudad hasta la construcción del Viaducto Oroño (entre 1968 y 1971). Hoy, ambos puentes se encuentran paralelos, apenas separados entre sí.

La tragedia de 1983 y la larga restauración

La historia del Puente Colgante tiene un capítulo dramático. En 1983, gran parte de la estructura se derrumbó casi por completo. El colapso dejó al puente inutilizable y sumió a los santafesinos en la tristeza de ver caer a uno de sus símbolos más queridos. Durante veinte años, la ciudad esperó su recuperación.

Recién en la década del 2000 comenzaron las tareas de restauración. El trabajo fue minucioso: se respetó el diseño original y se devolvió al puente su esplendor. Hoy, restaurado y firme, vuelve a ser un punto de encuentro fundamental para festejos, reuniones sociales y eventos festivos.

Un ícono cultural y turístico

El Puente Colgante no solo es una obra de ingeniería. Es un referente cultural. Ha inspirado a poetas, artistas plásticos, fotógrafos y documentalistas. Es escenario de puestas de sol inolvidables, de caminatas, de paseos en bicicleta y de encuentros al atardecer.

Para los turistas, es una parada obligada. Desde sus pasarelas se obtienen vistas panorámicas de la laguna Setúbal y de la silueta de la ciudad. Para los santafesinos, es un lugar de pertenencia. Allí se celebran campeonatos, se hacen vigilias y se comparten mates.

Un símbolo recuperado

Hoy, el Puente Colgante de Santa Fe se erige nuevamente como un orgullo local. Su silueta característica, sus cables y su historia lo convierten en uno de los puentes más entrañables de la Argentina. Es el testimonio de que una ciudad puede reconstruir sus emblemas, incluso después de una catástrofe.