Los espinosáuridos, esos dinosaurios con hocicos alargados que recuerdan a los cocodrilos, resultaron ser mucho más adaptados al medio acuático de lo que se creía. Un reciente estudio llevado adelante por un equipo internacional de paleontólogos reveló que estos depredadores del Jurásico y Cretácico poseían glándulas salinas en sus ojos, una adaptación clave para poder cazar en ambientes marinos.
Estas glándulas, similares a las que hoy utilizan algunas aves marinas, cumplen la función de eliminar el exceso de sal del organismo a través de un fluido parecido a lágrimas. Así, estos dinosaurios podían sobrevivir y alimentarse en aguas salobres o marinas, lo que les permitía ampliar su nicho ecológico más allá del hábitat continental.
El hallazgo surgió tras analizar fósiles del Cretácico descubiertos en Marruecos, donde los investigadores observaron marcas óseas en el techo del cráneo que coinciden con las huellas que dejan las glándulas de desalinización en las aves actuales. Además, detectaron surcos y orificios vasculares que indicarían la ubicación de estas glándulas y su sistema de drenaje.
Este descubrimiento reaviva el debate sobre cuánto tiempo pasaban los espinosáuridos en el agua o si dependían de ella para alimentarse. David Martill, científico de la Universidad de Portsmouth, afirmó que “la presencia de la glándula respalda la teoría de una vida acuática prolongada, ya fuese porque estos animales fueran capaces de nadar o porque esperasen a sus presas de pie en la orilla”.
Sin embargo, los autores advierten que estas conclusiones se basan principalmente en especímenes del Cretácico Superior de Marruecos, por lo que podrían no aplicarse a todas las poblaciones de espinosáuridos. También señalan que algunas de las marcas observadas podrían ser deformaciones fósiles o producto de convergencia evolutiva y no de herencia directa.
Para confirmar estos hallazgos, el estudio propone realizar análisis más detallados, como tomografías y estudios microanatómicos en otros fósiles y grupos de dinosaurios, lo que podría abrir nuevas preguntas sobre la evolución fisiológica y los hábitos de estos reptiles prehistóricos en diferentes hábitats.
Lo que los dinosaurios compartían con los cocodrilos: una adaptación clave para sobrevivir en la sal
No es casualidad que los espinosáuridos tuvieran hocicos de cocodrilo. Ambos desarrollaron glándulas para eliminar sal, pero en lugares distintos. Un estudio reveló que los dinosaurios las tenían en el cráneo, cerca de los ojos, mientras que los cocodrilos actuales las poseen en la lengua. Es convergencia evolutiva, no herencia directa.
Las glándulas salinas filtran el exceso de sal de la sangre y la expulsan como un fluido similar a las lágrimas. Así, espinosáuridos y cocodrilos podían beber agua salada o comer presas marinas sin deshidratarse. En los cocodrilos, ese líquido sale por la boca y puede llegar a los ojos, creando el mito de las "lágrimas".
La diferencia de ubicación (ojos en dinosaurios, lengua en cocodrilos) demuestra que no heredaron esta adaptación de un antepasado común. Ambos grupos la desarrollaron por separado para resolver el mismo problema: sobrevivir en aguas salobres o marinas. La naturaleza encontró dos soluciones distintas para un mismo desafío.
