La leyenda del taxi fantasma de Chacarita que lleva a sus pasajeros a la muerte

Cuidado si estás en el barrio de Chacarita y decidís tomarte un taxi, podrías estar frente a una de las leyendas urbanas más perturbadoras de la Ciudad de Buenos Aires.

23 de julio, 2026 | 17.09

Corrían los años 70 cuando esta historia tomó lugar, o al menos así lo cuenta la leyenda. Felipa Hosperatto, una mujer de 39 años, se dirigía al cementerio de la Chacarita para visitar la tumba de su madre. Lo que ella no sabía era que esto terminaría en su muerte. Si bien por entonces la noticia pasó por desapercibida, con los años se convirtió en una de las leyendas urbanas más perturbadoras de la Ciudad de Buenos Aires.

La leyenda del taxi fantasma: qué cuenta la historia

Cuenta la historia que la mujer se encontraba muy cansada como para volver a su casa caminando tras la visita, por lo que decidió tomarse un taxi. Sin embargo, a los pocos segundos de que el viaje comenzara, empezó a sentirse extraña. Y es que algo fuera de lo común estaba ocurriendo. El hombre que manejaba apenas si hablaba y lucía extremadamente pálido.

La leyenda del taxi fantasma es una de las más perturbadoras de la Ciudad de Buenos Aires.

Con el correr de los minutos, Felipa comenzó a sentir un frío que le recorría el cuerpo. Al intentar subir la ventanilla notó que esta ya estaba cerrada, al igual que la del misterioso chofer. No entendía por qué cada vez sentía más helado su rostro, manos y pies. Decidió, entonces, mirar con mayor detenimiento el coche y notó que este tenía un aspecto antiguo, casi fantasmagórico. Alarmada, le pidió una explicación al hombre pero este no contestó.

La leyenda dice que la mujer solo alcanzaba a ver las manos del conductor, que eran delgadas, blancas y arrugadas. Junto a su rostro imperceptible, el aspecto parecía ser el de un fantasma. En un intento desesperado, Felipa intentó tocar el hombro de aquel pero la sensación era de metros de distancia entre ella y el mismo. Pero eso no sería lo más extraño. Al bajar la mirada, se daría cuenta que sus manos ya no eran las de una mujer de 39 años, sino, las de un cadáver. Poseída por el miedo comenzó a gritar e hizo estallar las ventanillas de la estridencia.

Fue entonces que el taxista detuvo el auto y se volteó a verla. Aterrada, pudo finalmente ver cómo era el rostro del chofer: era ella. Con la poca fuerza que le quedaba, Felipa miró a su alrededor y se percató de que nuevamente se encontraba en el cementerio, pero no era un error, había llegado a destino. Según cuenta la historia, por las calles de Chacarita deambula un taxi que recoge a quienes salen del cementerio, pero el destino es siempre el mismo: la muerte.