Crecer y aprender con ChatGPT: más de la mitad de los chicos argentinos usaron alguna vez inteligencia artificial

El 58% de los niños y adolescentes entre 9 y 17 años en la Argentina ya usó ChatGPT, principalmente para tareas escolares. Dos expertos consultados por El Destape enfatizaron los puntos a favor que tiene la IA para la educación, aunque indicaron que una dependencia temprana"puede generar problemas para articular ideas".

15 de enero, 2026 | 00.05

La irrupción de ChatGPT en 2022 marcó un punto de inflexión en la relación entre tecnología y aprendizaje. Lo que comenzó como una novedad asociada a la inteligencia artificial hoy se transformó en una herramienta cotidiana para millones de personas en todo el mundo. En Argentina, ese proceso se aceleró con fuerza principalmente en niños y adolescentes, que incorporaron el uso de la IA tanto en el ámbito escolar como en su vida cotidiana. Y ya está demostrado en los datos: de acuerdo al informe Inteligencia Artificial en la educación: desafíos y perspectivas que lanzó Argentinos por la Educación esta semana, el 58% de los chicos de entre 9 y 17 años ya conocen y usaron ChatGPT para distintas cosas. Los especialistas a cargo del informe si bien celebran las posibilidades que abre la IA en la comunidad educativa, también alertan sobre los riesgos que implica. Advirtieron que el mal uso puede generar dependencia temprana y, si esto sucede, les será más difícil articular ideas y alimentar el desarrollo cognitivo.

"La IA mal utilizada va a realizar el esfuerzo por los estudiantes y estos nunca avanzarán en su aprendizaje. Si la usáramos bien, sería como ir al gimnasio y ejercitarnos usando una ayuda para estabilizar nuestra postura. Pero si la usamos mal, sería como tener una máquina que levanta el peso por nosotros", explicó el investigador en neurociencias y miembro del Instituto Tecnológico de Massachusetts Andrés Salazar Gómez en diálogo con El Destape. "¿Queremos que los estudiantes desarrollen y ejerciten su músculo más importante o que dependan de la IA para articular una idea claramente? El primer paso es el alfabetismo en IA", agregó el investigador que participó del informe de Argentinos por la Educación.

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A partir de la pandemia hubo una fuerte campaña por subir los índices de conectividad y se abrió la oportunidad de contar con un dispositivo con acceso a internet en cada familia. A diciembre de 2024, de acuerdo a un informe del INDEC de ese año, alrededor de 90 de cada 100 personas mayores de 4 años ya utilizaban internet, a la par que el 60% de los hogares urbanos contaba con acceso a la red. Sin embargo, hay un factor que hace a la diferencia: en ese mismo período, el 94% de los chicos mayores de 4 años tenía acceso a un teléfono celular, mientras que sólo el 37% disponía de una computadora.

En 2025, esa tendencia no solo se profundizó, sino que se volvió prácticamente universal. Según los datos más recientes, el 96% de los niños y adolescentes tiene acceso a internet en su casa y el 95% cuenta con un teléfono celular con conexión. Pero el índice de acceso regular a una computadora se mantuvo estable, al igual que el 37% de accesibilidad.

El 96 % de los niños y adolescentes en Argentina cuenta con acceso a un celular con internet.

"Si bien existen diferencias en el acceso a computadoras y celulares entre niños y jóvenes, hoy en día 9 de cada 10 acceden a internet y lo hacen mayormente a través del celular y con fines educativos, como buscar información, repasar contenidos o resolver tareas, según la encuesta Kids Online 2025. El uso de la IA con fines educativos no debería depender en gran medida del tipo de dispositivo a través del cual se accede", explicó a El Destape la analista de datos de Argentinos por la Educación, María Sol Alzú.

En cuanto a las diferencias entre el uso de un dispositivo y otro, Salazar Gómez alertó sobre un punto clave: "Con la computadora hay muchas funciones y posibilidades que ofrece la tecnología, que no se van a poder utilizar en el celular dado el tamaño de la pantalla". Sin embargo, el experto del MIT señaló que el fondo del problema "no radica en la dicotomía celular-computadora", sino "en qué hacemos con lo que tenemos a mano: el uso de la pedagogía adecuada para la tecnología y el ancho de banda al cual accedemos".

Los usos de la IA y la desigualdad en infraestructura

El relevamiento de Argentinos por la Educación, aparte de tener el desglose por rango etáreo, también posee uno por tipos de usos. Del 58% de los chicos de entre 9 y 17 años que ya conoce y utilizó esta herramienta de inteligencia artificial, el 66% afirmó haberla usado para realizar tareas escolares: algunos dijeron que recurrieron a ella como una herramienta de apoyo, otros que la usaron para intercambios de respuesta inmediatos.

Para los especialistas de Argentinos por la Educación, existen riesgos asociados a los diferentes usos, fundamentalmente en los chicos de edad escolar. Uno de los más importantes es el impacto de la inteligencia artificial en la comprensión lectora y en la capacidad creativa en formación. El temor es que el uso acrítico de herramientas que generan textos de manera automática termine erosionando habilidades clave, como la lectura comprensiva, el pensamiento crítico y la producción propia de contenidos.

"La relación que los chicos tienen con la IA depende en mayor parte del uso que ellos, los educadores y sus padres le den a la tecnología, y del entrenamiento que deberían tener en alfabetismo en IA. El objetivo es que todos, tanto niños, adultos y ancianos, sean usuarios y creadores responsables y éticos de la IA, conociendo las limitaciones, problemas, y potencial de esta tecnología", indicó Salazar Gómez.

"Uno de los mayores riesgos del mal uso de la IA es el aprendizaje superficial. El uso de la IA puede generar la ilusión de que se aprendió cuando, en realidad, no hay comprensión profunda. Por otro lado, también está la pérdida de pensamiento crítico e independencia: si la IA reemplaza de manera sistemática el esfuerzo de leer, escribir o resolver problemas, puede debilitar la autonomía intelectual de los estudiantes", agregó María Sol Alzú.

Un arma de doble filo: el desafío de la IA para revertir o profundizar los números de las pruebas Aprender

La preocupación sobre las posibilidades de la IA en educación se ve reforzada por los resultados de las últimas pruebas de Alfabetización Aprender, difundidas por el Gobierno Nacional. Según ese informe, apenas el 45% de las chicas y chicos logra comprender adecuadamente un texto al llegar a tercer grado. Esto abre un panorama preocupante en cuanto a cómo enfrentar el desafío de integrar estas nuevas tecnologías sin profundizar las debilidades ya existentes en el aprendizaje.

De acuerdo a los expertos, hay chances de que la IA pueda revertir éstos números. "Cuando es correctamente utilizada, puede mejorar el aprendizaje y las habilidades de comprensión lectora y escritura. Pero si usamos la herramienta sin supervisión o la introducimos antes de que los estudiantes hayan desarrollado las habilidades mínimas y básicas, lo que hacemos es torpedear cualquier oportunidad de aprendizaje", señaló Salazar Gómez y valoró la necesidad de capacitar a los docentes: "Si forzamos al docente a utilizar la IA pero no le damos el entrenamiento adecuado, esta cura puede ser peor que la enfermedad.".

"En el nivel primario, lo central es que los chicos aprendan bien las bases de la lectura y la escritura, y que tengan contacto con los libros y el material en papel. En esa etapa, la IA no debería reemplazar ese proceso, sino potenciar la enseñanza, por ejemplo ayudando a los docentes con seguimiento, retroalimentación y organización del aula, o mejorando la gestión institucional", indicó Alzú.

"En la medida que esas bases están consolidadas, la IA puede convertirse también en una herramienta directa para los estudiantes, pero siempre con supervisión docente, reglas claras, y con infraestructura y recursos que acompañen: conectividad, dispositivos y tiempo. Ese fue también un reclamo de los propios docentes. El 60% de los docentes consultados en las pruebas Aprender 2023 pidió mayor formación en TICS", concluyó la analista de datos.