Cuando las persianas de las galerías comerciales de Caballito bajan cada domingo, una realidad distinta emerge en uno de los barrios porteños que históricamente se caracteriza por una clase media consolidada. En el cruce de las avenidas Acoyte y Rivadavia, punto neurálgico de la Comuna 6, la militancia política se transforma en solidaridad en una olla popular que, en medio de la crisis alimentaria desatada por las políticas del gobierno de Javier Milei, vio cómo la demanda desborda cualquier previsión.
"Nos está llegando literal al fondo de la olla y la fila sigue; tenemos que avisar que hasta acá se llegó, que no alcanza", describe Florencia, militante política y social enrolada en las filas de peronismo solidario, la agrupación que cada fin de semana intenta paliar el hambre en la ciudad más rica del país, donde la crisis alimentaria ya no se limita a los sectores tradicionalmente más vulnerables. Según datos oficiales, la indigencia alcanza al 6,8% de la población —unas 210.000 personas que no logran cubrir la canasta básica alimentaria—, mientras que dentro de los hogares pobres casi tres de cada diez tampoco llegan a garantizar un plato de comida.
Dentro de este panorama de deterioro general de las condiciones de vida de muchos porteños, escenas como las que se repiten cada domingo en esa esquina emblemática empiezan a tensionar la idea de una crisis “invisible” en los barrios más acomodados. “Decidimos hacerlo acá para visibilizar el hambre, porque en esta zona no se nota tanto, pero atraviesa a muchísima gente”, explican desde la organización popular que todos los mediodías del último día de la semana recibe caras nuevas que dan cuenta del marcado deterioro social de la Argentina del ajuste.
El nuevo rostro del hambre en la clase media
Lo que más impacta a quienes sostienen la actividad no es solo la cantidad de gente, sino el cambio en su perfil. Caballito, un barrio identificado con la clase media y media-alta, está viendo a sus propios vecinos en la fila. "Va a comer una señora que está jubilada como directora de escuela", relató Florencia a este medio. La militante social destacó que el incremento en el precio de los medicamentos y el costo de vida empujó a adultos mayores que conservan su vivienda a cubrir su alimentación acercándose a la olla popular.
A este grupo se sumaron, de manera alarmante, familias completas con niños. Muchos de ellos se acercan con una frase que se repite como un mantra de la época: "Estoy al límite de perder la vivienda" o, en los casos más recientes, la confesión de haberla perdido hace apenas semanas.
La matemática de la escasez en una esquina emblemática
Cada domingo se preparan más de 250 raciones, el máximo que el presupuesto autogestionado de la organización permite. Si antes algunos asistentes podían repetir el plato, hoy esa posibilidad empezó a desaparecer. La urgencia es tal que, cuando la comida empieza a escasear, surge la solidaridad: los asistentes reciclan bandejas y se prestan los tenedores para que nadie se quede sin su porción.
Según detallaron los impulsores de la iniciativa, este esfuerzo se sostiene sin ningún tipo de asistencia estatal. El financiamiento proviene de los bolsillos de los propios militantes, quienes también admiten estar en la "cuerda floja" económica, y de la colaboración de comerciantes locales: panaderías que donan facturas y una florería vecina que provee el agua para cocinar y beber.
Para esta agrupación, la tradicional esquina de Acoyte y Rivadavia tiene un significado militante, pero también funciona como un lugar propicio para "visibilizar la situación del hambre" en un entorno donde suele ocultarse. Para ello, también implementaron una radio abierta donde el micrófono está a disposición de quienes hacen la fila donde, entre viandas de guisos de fideos, arroz, verduras y lentejas intercambian ideas sobre posibles respuestas frente a la crisis actual y se escuchan las voces de quienes no tienen otro lugar donde ser oídos.
Sin embargo, a pesar de las muestras de optimismo entre los coordinadores de la actividad, el mensaje es una señal de alerta para toda la comuna y una pequeña muestra del doloroso momento que atraviesa el país: el límite económico y físico se está alcanzando, y el fondo de la olla ya se empieza a ver mucho antes de que termine el domingo.
