A casi tres semanas de la desaparición y el femicidio de Agostina Vega en Córdoba, los investigadores avanzan en varias líneas de investigación para terminar de responder si el acusado del brutal crimen, Claudio Barrelier, pudo haber actuado solo o si, en todo caso, tuvo cómplices tanto a la hora del ataque como al momento de deshacerse del cuerpo de la adolescente.
En ese sentido, los especialistas trabajan en una imagen de una cámara de seguridad que muestra el ingreso de dos hombres a la casa del Barrio Cofico en la noche que había llegado Agostina. Según fuentes judiciales, las imágenes son entre las 23 y las 4 de la madrugada; un período que buscan reconstruir pero que está establecido por los peritos que fue el horario del abuso y femicidio de la menor.
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Ante estas imágenes, los investigadores descartan que uno de esos hombres sea Barrelier -porque la cámara muestra su ingreso con la adolescente y no se lo ve salir- y es el abogado defensor de Osvaldo Fassetta, detenido por encubrimiento, quien sostiene que tampoco es su cliente. Así, especialistas trabajan en mejorar la calidad de las imágenes en busca de poder reconocer los rostros y comenzar otro tipo de búsqueda sobre los sospechosos.
Mientras tanto, parte de la investigación revisa los parecidos con otros hombres que alquilaban una habitación en la casa y que fueron desalojados durante el primer operativo, el miércoles posterior a la desaparición de la adolescente. En ese marco, se volvió a analizar el relato de la joven que logró escapar de Barrelier en mayo de 2025 ya que declaró varias veces que el sospechoso le decía que la había atado y desnudado porque “van a llegar otras personas”, lo que genera sospecha a la luz de los nuevos hallazgos en el caso.
En la tarde del último miércoles, los peritos volvieron a la casa de Campillo al 800 donde -entienden- se llevó adelante la mayor parte del accionar criminal y volvieron a levantar rastros para conocer si pueden ubicar en la escena a Fassetta o a Soledad, los dos detenidos hasta el momento por encubrimiento agravado; aunque investigadores sostienen que su rol y calificación en el expediente podría cambiar en cuestión de horas. Durante casi cuatro horas, trabajaron con reactivos en busca de huellas, sangre o fluidos mientras que otro equipo analizó cañerías y desagües en un antiguo pozo séptico.
En este sentido, fuentes cercanas al expediente destacaron a este portal que podrían volver más veces a esa casa al tiempo que se siga analizando la participación de más personas.
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En paralelo, una línea de investigación buscó corroborar algunos dichos de Melisa, mamá de la adolescente, mientras fue entrevistada en el hospital. Allí, el expediente destaca que al momento de la entrevista con profesionales la mujer mostró signos de abstinencia al cigarrillo y al consumo de drogas, señalando que parte de sus declaraciones fueron confusas por estar sedada durante varios días.
En su declaración, explican los especialistas, la mujer sabe cómo fue encontrada su hija y señalan una frase que no pasó desapercibida: “Yo ya sé que me la mataron, esto fue un ajuste de cuentas, tendría que haber sido su hija y no la mía”. También apuntaron que la mujer muestra un profundo estado de decaimiento y deseos de venganza contra el señalado por el femicidio y su familia.
Tras el informe médico y psicológico, la línea de investigación alrededor de una venganza por drogas volvió a sobrevolar la causa. Si bien todas las fuentes señalan problemas de consumo en todos los involucrados, hasta el momento nada logra sostener la hipótesis de que alguno esté involucrado en alguna banda mayor ni se conocen vínculos con organizaciones, más allá de barrabravas.
Ahora esperan que la mamá de la adolescente se recupere y pueda aportar más detalles, aunque para la investigación principal es una hipótesis que pierde sustento por falta de pruebas. Mientras tanto, avanzan en resolver si Barrelier actuó solo y tuvo ayuda para esconder pruebas y desviar la investigación o si, en lo contrario, hubo más participantes en el brutal femicidio de Agostina.
