La fauna marina podría perder a una de las especies más pequeñas del mundo y de la que solo quedan 10 especímenes: la vaquita marina. Conocido científicamente como Phocoena sinus, es una especie de marsopa que habita exclusivamente en el Alto Golfo de California, donde su población sufrió una drástica disminución en las últimas décadas.
En 1997 se estimaban más de 500 vaquitas; en 2008, la cifra se había reducido a 245. De acuerdo a cifras del 2025, sobreviven entre siete y diez ejemplares. La pesca incidental es la principal causa de este colapso poblacional, agravado por la presencia de redes de enmalle utilizadas en la captura de la totoaba, un pez cuya vejiga natatoria es altamente cotizada en el mercado chino.
Las vaquitas marinas tienen un tamaño similar al de la totoaba, cuya vejiga natatoria tiene propiedades afrodisíacas. Son tan codiciadas en el mercado ilegal asiático que pueden llegar a venderse por hasta u$s 10.000 por vejiga. La pesca de este pez está prohibida en México desde 1975, nación que prohibió permanentemente pescar con redes agalleras en el Alto Golfo de California desde 2017.
Sin embargo, la pesca sigue de manera ilegal y se volvió un negocio controlado por cárteles y redes criminales internacionales, según reportaron medios locales.
El futuro de la vaquita marina
Si bien la situación de las vaquitas es crítica, los especialistas sostiene que la especie aún tiene posibilidades de recuperarse. Los ejemplares que aún sobreviven presentan buen estado de salud y de capacidad reproductiva.
Para hacerle frente a la amenaza, los científicos aplican el monitoreo acústico pasivo con dispositivos autónomos denominados C-POD y F-POD, que son capaces de grabar las 24 horas durante meses y con los cuales detectaron los sonidos que emite el animal. A través de esta tecnología se pueden ubicar a los ejemplares sin la necesidad de utilizar embarcaciones de observación permanentes.
El gobierno mexicano creó en 2005 un refugio de 1263 kilómetros cuadrados y en 2020 se estableció una zona de tolerancia cero de 288 kilómetros cuadrados donde está prohibida toda actividad pesquera. Allí, la Secretaría de Marina y la ONG Sea Shepherd retiran redes ilegales y han instalado bloques de concreto con ganchos de acero para impedir el uso de enmalle. Desde su implementación, la presencia de embarcaciones en la zona se redujo en un 97%.
Según el informe de la Comisión Ballenera Internacional (CBI), la principal amenaza no responde a causas biológicas ni naturales, sino a factores externos que pueden prevenirse, como la pesca ilegal. También influyen la contaminación del agua y el intenso tráfico marítimo en su hábitat.
En este sentido, los conservacionistas señalan que la recuperación depende de retirar de manera efectiva las redes de pesca de las áreas donde aún habita la vaquita. Aunque la extinción es evitable, podría ocurrir en el corto plazo si no se aplican las medidas de control sostenidas e inmediatas.
