La Selección Argentina de Lionel Scaloni, el plantel que volvió a ser "el equipo de todos"

La Selección Argentina es un orgullo para el pueblo argentino. Perdió ante España la final de una Copa del Mundo pero logró algo más grande: identificación. Desde 2021 arropó a Lionel Messi y le dio mucho más al pueblo que solamente títulos.

20 de julio, 2026 | 00.16

El gérmen de la Selección Argentina de Lionel Scaloni apareció en aquel 2021. Si bien la Copa América del 2019, con el enojo de Lionel Messi, había demostrado algo, la unión entre futbolistas, cuerpo técnico y jugadores explotó en aquella Copa América del 2021 en plena pandemia. El camino ha sido maravilloso. Y, además, tuvo un Lionel Messi que pudo sellar ese amor eterno con la Selección: pasó de ser el mejor jugador a convertirse en un símbolo total de la celeste y blanca. Le agregó mística a su nivel y se transformó en un símbolo, no solo del fútbol argentino, sino de la cultura nacional.

El partido triste por la derrota ante España tiene un largo recorrido. Todo empezó en aquella pandemia.  Después de 28 años de sequía, esta Selección Argentina rompió con el maleficio con un gol de Ángel Di María, el que metió los goles en las finales. Tanto de la celeste y blanca como del propio Lionel Messi que, hasta ahí, solo había perdido finales con Argentina. No es casualidad, que ese título ante Brasil en el Maracaná haya marcado a fuego al equipo de Lionel Scaloni con su público. No era un momento más. La Selección Argentina rompió el maleficio del deporte más popular y que más sienten los argentinos en plena pandemia: fue la primera gran felicidad del pueblo luego de un dolor colectiva.

 

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El equipo estuvo en una concentracion de casi dos meses, le ganó a Brasil, hubo jugadores argentinos que "no pudieron hacerle upa" a sus hijos recién nacidos por esa concentración en aislamiento. Los balcones que durante un año sirvieron para: aplaudir a médicos, a personal esencial y, luego, para los cacerolazos, en esas noches de junio de 2021 sirvieron para recibir los gritos de gol de una Selección que le devolvió los títulos a la Selección.  Y Messi allí tuvo una revancha increíble. Es emocionante ver como, en el momento en el que el árbitro marcó el final, todos sus compañeros tenían en un objetivo: abrazarlo a él. Se tiró en el campo y todos y cada uno de ellos lo abrazó. 

Messi que, en 2021, ya era el mejor jugador que alguna vez haya pisado la tierra o, incluso, el mejor deportista que alguna vez haya pisado este mundo, tuvo su salto completo a la idea de símbolo ese mismo año. Cinco años antes, en el -ahora-  fatídico estadio de Nueva Jersey había dicho después de perder su tercera final consecutiva "es imposible, pero no se me da. Esto no es para mi". Después de perder la final ante Chile en 2016, en el estadio que ahora lo vio perder, Messi dijo que no iba a jugar más. No salió nada esa noche. Sin embargo, logró reacomodar sus ideas y volvió al equipo casi sin perderse un partido. Y lo hizo teñido de rubio: algo que para él no era común. Se rebeló. 

Ese mismo, en unas vacaciiones, el autor de esta nota se peleó con un español por Messi. Él insistía con que Lionel no "tenía mística" y este defensor de Diego Armando Maradona y que, hasta ese mismo año había caído en la grieta estúpida entre Diego y Lionel, tuvo por primera vez un rapto de defensa con "La Pulga". Y así como le pasó a este autor, le pasó a varios. Las tres finales perdidas por Lionel Messi y la Selección, en 2014, 2015 y 2016, despertó algo diferente en el amor y la contención al crack. Un tipo que se levantaba y volvía a intentar, no era normal. No es común que un jugador que estuvo a nada de la gloria en varias ocasiones y no lo alcanzaba, siga intentando. Pero Messi lo hizo. 

Tuvo que esperar que pase la papelonera Selección de Jorge Sampaoli para encontrar a un Director Técnico que lo entendiera y un grupo de jugadores, nuevos, que lo traten como algo más que un ídolo: como un amigo. Rodrigo De Paul lo contó en varias ocasiones. Después de quedar eliminado del Mundial de Rusia, Lionel Scaloni llegó como interino y armó una selección de recambio. Ahí apareció el "motorcito" y, en la primera convocatoria, le tocó la puerta, lo invitó a tomar un mate y le dijo de ir a una habitación con el resto de los chicos. Messi, que en ese momento, tenía 32 años encontró a sus nuevos compañeros, que no se dedicaron a alabarlo. Se dedicaron a abrazarlo, a contenerlo, a hacerle chistes, a mimarlo. Messi y la Selección encontraron un grupo.  Nació "La Scaloneta", ese nombre que parece abaratar a la Selección Argentina de Fútbol, pero que en realidad le dio cercanía con su gente y, sobre todo,  identificación: esto es lo nuestro.

Lo que pasó estos últimos años habla por sí sola: títulos de Copa América en 2021 y 2025 y campeón del mundo en 2023. En el medio una Finalissima en Wembley, récord en eliminatorias, triunfos en amistosos y un Mundial 2026 que despertó una épica en un equipo que no tuvo juego, pero que con los unas agallas del tamaño de dos pelotas de básquet sacó victorias, le ganó a Inglaterra en el clásico más picante de nuestra existencia y, además, le dijo al mundo que las Malvinas son Argentinas. Una Selección apuntada  como "tibia" dijo las cosas como son. Borraron una nube que había sobre sus actos, sobre su cercanía, pero ellos saben todo y lo comprenden. Al fútbol le agregaron barrio, le agregaron calle, le agregaron cultura, le agregaron momentos y le agregaron algo que faltaba: cercanía. 

Esta Selección Argentina, este proceso de la Selección Argentina, quedará en la historia como la que más contacto generó con sus hinchas. La que se puso por encima de las grietas, la que valoró a Diego y a Leo. La que dio el poder de creer a un país que estaba golpeado por la pandemia. La que volvió a salir campeona del mundo después de 30 años. La que enamoró al futbolero que habitualmente prefiere a sus clubes sobre la Selección.  La que peleó al mejor equipo del año hasta el minuto 116 con un jugador menos, con los dos centrales lesionados y con muchos futbolistas lesionados. Una Selección que tuvo a Messi, que lo rodeó y que disfrutó del mejor jugador de la historia. La Selección Argentina, una vez más, fue el equipo que no te deja tirado: ni jugando bien, como en Qatar, ni jugando mal como en algunos momentos de este Mundial. La Selección se transformó en el equipo de todos. Y en el orgullo nacional.