El policloruro de vinilo (PVC), ese material que ya usamos en cañerías, juguetes y bolsas de sangre, está dando un salto inesperado: ahora se usa para construir casas. Una tecnología desarrollada en Brasil por Global Housing, en sociedad con Braskem y Dupont, reemplaza los ladrillos de barro por perfiles de PVC que se encajan entre sí y se rellenan con hormigón. El resultado es una vivienda que se levanta en ocho días (contra tres meses de una obra tradicional) y cuesta hasta un 20% menos.
“Son 10 tipos de perfiles, cada uno con una función específica”, explica Gilberto Fernandes, presidente de Global Housing. El más usado es el módulo I, de 20 cm de ancho y 8 cm de espesor. Una vez armada la estructura, se rellena con hormigón. Al cabo de 24 horas de secado, la casa está lista para puertas, ventanas y techo. No necesita revoque, ni pintura obligatoria (el color blanco viene del PVC y el dióxido de titanio, que además protege del sol). Si el dueño quiere pintar, puede hacerlo.
Ventajas que van más allá del precio
El PVC no es cualquier plástico. Fernandes enumera sus virtudes: es resistente a hongos, bacterias, insectos, roedores y a la mayoría de los reactivos químicos. También es aislante térmico, eléctrico y acústico, impermeable a gases y líquidos, no propaga llamas y es totalmente reciclable. Las paredes tienen menos espesor que las tradicionales (8 cm), lo que aumenta el área útil hasta un 7%. Y no se rajan, no se deforman, no absorben agua.
La construcción no requiere mano de obra especializada, solo cierta capacitación. El sistema permite edificaciones de hasta dos pisos. Desde que se empezaron a comercializar, hace un año, ya se construyeron 20 mil metros cuadrados en Brasil, incluyendo viviendas, jardines de infantes, escuelas y hasta quioscos de playa. Actualmente se levantan 400 casas por mes, y la empresa espera llegar a mil.
La madera plástica: otro negocio que crece
En otro rubro, la empresa Wisewood fabrica la llamada madera plástica (WPC), un compuesto hecho con plásticos reciclados (pañales descartables, envases de detergente, bolsas) y fibras naturales. Con eso producen durmientes para vías férreas, plataformas, bancos, cestos de basura y pallets.
La compañía nació en 2007 para atender a MRS Logística, que necesitaba reemplazar durmientes de madera. Hoy también ensaya con Vale y All. Cada mes, Wisewood recolecta 1.800 toneladas de plástico de rellenos sanitarios y cooperativas de reciclaje. “Transformamos lo que se denomina ‘basura’ en productos terminados con aplicaciones industriales”, dice Diego Gevaerd, director comercial.
La madera plástica se puede cortar, encolar, atornillar y clavar como la madera natural, pero con ventajas: es inerte, impermeable, inmune a hongos y termitas, no suelta astillas y no requiere mantenimiento. Además, evita la tala de árboles.
El desafío de la certificación
Para que estas tecnologías se masifiquen, necesitan certificación. Global Housing ya obtuvo la directriz Sinat en Brasil, un sello que permite acceder a financiamiento hipotecario del banco estatal Caixa Econômica Federal. El sistema fue analizado por el Instituto de Investigaciones Tecnológicas de São Paulo (IPT), que verificó su resistencia a impactos, al fuego y su aislamiento acústico. Ahora, la empresa planea abrir nuevas fábricas en Río de Janeiro, Alagoas y Piauí.
Mientras tanto, la construcción con plástico sigue ganando terreno. No es ciencia ficción. Es una respuesta concreta a la crisis de materiales, al déficit habitacional y a la montaña de residuos que generamos.
