La materia oscura está presente en todos lados, pero no se ve. Se trata de uno de los enigmas más grandes de la física moderna: no emite luz, no interactúa con el electromagnetismo y, sin embargo, su presencia se hace evidente por sus efectos gravitatorios a gran escala. Es decir, no puede observarse de manera directa, pero su influencia resulta clave para explicar cómo se mueven las galaxias y cómo se estructura el universo.
Para los expertos, detectarla sería un avance científico épico. No solo permitiría confirmar su existencia de forma experimental, sino también comprender mejor la composición del cosmos. Y, en los últimos días, se ha dado a conocer un estudio de científicos argentinos del CONICET que van hacia ese camino.
El investigador del CONICET Ezequiel Álvarez, especialista en física de altas energías y machine learning, publicó un estudio en la revista Physical Review D donde propone una hipótesis innovadora: algunas señales consideradas “fallas” en detectores de ondas gravitacionales podrían, en realidad, ser rastros de materia oscura.
El trabajo se centra en datos obtenidos por LIGO, el Observatorio de Ondas Gravitacionales con Interferometría Láser ubicado en Estados Unidos. Este instrumento, operativo desde 2015, fue diseñado para medir ondulaciones ínfimas en el espacio-tiempo provocadas por eventos cósmicos extremos, como colisiones de agujeros negros o explosiones de supernovas, incluso a miles de millones de años luz de distancia.
Estudio del CONICET sobre la materia oscura: cómo funciona el detector LIGO
LIGO funciona con un sistema láser capaz de detectar variaciones diminutas en la estructura del espacio-tiempo. Esa sensibilidad extrema, sin embargo, también implica un desafío: el detector registra múltiples activaciones cuyo origen no siempre puede identificarse. A estas anomalías se las denomina “glitches”.
Algunas pueden explicarse por fenómenos terrestres mínimos como vibraciones o incluso el impacto de olas durante tormentas, pero muchas otras permanecen sin una causa clara. En este sentido, la hipótesis que plantearon Álvarez y su equipo y científicos de universidades estadounidenses es que parte de esos glitches podrían no ser errores, sino eventos físicos reales: el paso de materia oscura cerca del detector.
MÁS INFO
Para poner a prueba esta idea, analizaron alrededor de cien de estas señales. El resultado indicó que en nueve casos no se pudo descartar que estuvieran vinculados con materia oscura. Ese dato permitió establecer nuevos límites sobre su presencia en las cercanías de la Tierra.
"Poner límites directos sobre la existencia de la materia oscura nos acerca a entenderla más. Cada límite experimental directo o indirecto descarta modelos y acota las propiedades posibles de la materia oscura. Estudiarla es clave para entender la formación y evolución de estructuras cósmicas", concluyó Ezequiel Álvarez.
La investigación continúa
El equipo ya trabaja en un segundo estudio que ampliará el análisis a cientos de miles de glitches registrados por LIGO. El objetivo está puesto en transformar esas anomalías en información valiosa.
